
II ENCUENTRO NACIONAL DE
CUBANOS RESIDENTES EN NICARAGUA
Segundo Encuentro Nacional de Cubanos Residentes en Nicaragua
Domingo 30 de enero 2011
Ponencia sobre cultura y familia
Preparado por: Secretaria de la Asociación. Neylia Abboud
Cuando como Junta Directiva de la Asociación de cubanos nos reunimos para organizar este encuentro y nos planteamos abordar sobre la cultura y familia pensamos mucho en cuales deberían ser las palabras propicias, idóneas, para este encuentro y así nos de debatimos entre la opción de una relatoría sobre lo mucho que hemos avanzado los cubanos a lo largo de cincuenta años en desarrollo cultural – relatoría por tanto más que justificada – o bien unas palabras que invitaren a reflexionar sobre el valor de nuestra cultura, esa que no dejamos atrás, sino que cada quien trajo consigo, sobre nuestra identidad nacional y la manera en que amplificamos en cada sitio que nos encontremos esos logros culturales de los cuales somos embajadores anónimos; fue así que optamos por un híbrido de aquellas dos opciones: Presentar breves palabras que nos inviten a repensarnos como cubanos, dondequiera que nos encontremos, para coincidir en que esa realidad es y será así porque venimos de una tradición cultural milenaria, enaltecida, respetada y fomentada tras cincuenta años de luchas y de victorias.
Me atrevo a asegurar que todos coincidirán cuando afirmo: que nosotros, los que residimos lejos de nuestra patria, revalorizamos y nos aferramos con especial acento a nuestras raíces culturales y familiares. Será difícil que algún cubano de acá no tenga en su casa una virgen de la Caridad del Cobre, de Regla, o una Santa Bárbara bendita, o cualquier otra que haga gala nuestras orgullosas raíces afro; igualmente será fácil encontrar en nuestros hogares, algún cuadro o libros de José Martí, o una foto del Che, o un “letra con filo” de Carlos Rafael y los cuentos de Elpidio Valdés; en nuestros armarios no faltarán algunos discos de Lecuona, Omara, Liuba María, Cuní, “El Bola de Nieve”, los Van Van, El Benny Moré, Vicentino Fernández; otros, de la ya no tan nueva trova, pero siempre nuestra, que al oírlos nos remontan a nuestra querida patria, a nuestra querida Cuba. Difícilmente en alguna de nuestras casas esté ausente ese objeto preciado – mejor si es del agro- que permite que nuestros hogares se inunden con el olor cubanísimo de un café mañanero – si es con chícharo mejor- porque ningún otro se parece a ese, el que hacía “la vieja” cada mañana, y que nuestros hijos a su vez desde que nacen nos ven hacer e igual olor inunda también su hogar, aunque a ellos les falte el tic tac de radio reloj.
¡Qué bueno cuando nos encontramos y podemos hablar con soltura de historias comunes, de detrás de la fachada o San Nicolás del Peladero, o de Todo el Mundo Canta, de Alegrías de Sobremesa, recordar historias del Morro de la Habana, o el cañonazo de las nueve!. Cuando dos cubanos nos encontramos, tras la pregunta de orden ¿Cuánto tiempo llevas aquí?, comienzan los: ¿te acuerdas?, las remembranzas de la patria, hasta nos contamos “oye viste que están poniendo por el 74 “cuando el agua regresa a la tierra”, y viste que buena estuvo la descarga este sábado, o el programa los vitrales… y así salen a flor de piel nuestras identidades, llueve a cántaros: cultura, y no puede ser de otra manera porque pertenecemos a una historia no como piezas inamovibles, sino como artífices de ella.
Venimos de un país que desde 1960 organizó su Imprenta Nacional, cuyo primer y simbólico título, publicado copiosamente a un precio mínimo, fue Don Quijote de la Mancha. Y en 1961 tuvo lugar la romántica campaña de alfabetización que hizo de Cuba el primer país de nuestra América libre de analfabetismo.
Venimos de un pueblo al que Fidel le dijo en los 60s: “ no le decimos al pueblo: cree; le decimos: lee”. Y así nació en 1962, la Editorial Nacional, brillantemente conducida por Alejo Carpentier. Y algunos años después, fue creado el actual Instituto Cubano del Libro y luego el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC) y la Casa de las Américas, dirigidas durante años, respectivamente, por Alfredo Guevara y Haydée Santamaría, figuras emblemáticas de nuestra historia. Ya en agosto de 1961, fue creada la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, con Nicolás Guillén a la cabeza y una dirección de la que formaban parte, creadores como Alejo Carpentier, José Lezama Lima, Juan Blanco, Lisandro Otero, entre otros.
Pertenecemos al país del gran cineasta Tomás Gutiérrez Alea. Al país que cada diciembre celebra un Festival del Nuevo Cine Latinoamericano, haciendo de Cuba un lugar privilegiado; como también, lo hacen las anuales Ferias del Libro, que recorren la Isla, exposiciones, festivales de ballet, teatro y poesía, mientras se conservan premios y encuentros como los organizados por la Casa de las América.
En el orden científico, Cuba cuenta hoy con centros reconocidos internacionalmente, y está entregada a una masificación de la enseñanza incluso universitaria. Al mismo tiempo, ha enviado millares de médicos y otros trabajadores de la salud a numerosos países del Tercer Mundo. Todo ello ha contribuido a mantener vinculados con Cuba a cuantiosos intelectuales de todo el mundo.
Figuras de relieve internacional pudieran mencionarse en el campo de las artes y de las letras. José Martí, Félix Varela, José Antonio Saco, José de la Luz y Caballero resaltan por su trascendencia simultánea en la historia de la nación. Más solamente cuando las diversas facetas de la cultura llegan a todos los rincones, se enriquecen con el acervo del pueblo y se avivan con el ingenio de las masas, es que puede hablarse de una cultura popular. Tal es el caso del proceso revolucionario que llevó bibliotecas en mulos a la Sierra Maestra y otras zonas montañosas; el cine móvil, que despertó la curiosidad y el asombro entre campesinos, las giras de grupos de ballet o de la orquesta sinfónica para ofrecer su arte ante habitantes de zonas apartadas, y los grupos teatrales que actúan en la serranía llevando el placer de estas manifestaciones.
La música universal se ha nutrido con los bailes típicos de Cuba, tales como el danzón, creado por Miguel Faíl de hace algunas décadas y el chachachá, hace unos lustros. ¿Y quién no recuerda las melodías de Ernesto Lecuona, Gonzalo Roig, el ritmo inigualable de Benny Moré, la multifacética sonoridad de los Irakeres, las manos prodigiosas del pianista Frank Fernández y del guitarrista Leo Brower, o el canto inigualable de los trovadores Sindo Garay; Manuel Corona y más actualmente Pablo Milanés, Silvio Rodríguez, Carlos Varela, Buena fe.
Cuentan que los taínos y siboneyes dejaron admirados a los colonizadores por sus
bailes rítmicos, y en nuestra época han alcanzado renombre internacional el Ballet Nacional de Cuba con la primerísima bailarina Alicia Alonso, el Ballet de Camagüey; el Grupo de Danza Nacional, el Conjunto Folklórico y otros.
La literatura fue el marco en que se destacaron figuras de la talla del ensayista Juan Marinello, los novelistas Alejo Carpentier, José Lezama Lima, Manuel Cofiño; los cuentistas Alfonso Hernández Catá, Onelio Jorge Cardoso, Dora Alonso; los poetas Nicolás Guillén, Carilda Oliver Labra, Dulce María Loynaz, Jesús Orta Ruíz; los historiadores Emilio Roig de Leuchsenring, Eusebio Leal, por sólo citar algunos nombres.
En las galerías de museos prestigiosos del mundo se muestran las obras de los cubanos René Portocarrero, Wifredo Lam, Amelia Peláez, y más recientemente Manuel Mendive. No es posible dejar de mencionar las obras escultóricas de Rita Longa, Manuel Delarra y Enrique Iñigo, y otras de orfebrería y artesanía que reclaman atracción por la singular mezcla de las materias primas utilizadas: piel, cobre, madera, caracoles, papel y lienzo.
La cultura cubana es eso y mucho más. La cultura cubana tiene raíces indígenas, españolas y africanas, y se ha nutrido de corrientes de otros pueblos que transitoriamente permanecieron en su suelo y dejaron sus huellas en la arquitectura, la música y el lenguaje. La cultura cubana es la proliferación de bibliotecas, museos, galerías de arte, escuelas de música, de ballet para edades tempranas. Es la posibilidad de desarrollo de las habilidades en las diferentes manifestaciones culturales.
La cultura se ha integrado al pueblo cubano como su risa y su buen humor: brota en su quehacer diario. Ya lo dijo el apóstol de la independencia: «ser cultos es la única manera de ser libres».
En el mundo actual, la globalización se abre paso como característica fundamental de este milenio, y con ella se trata de imponer un monopolio de la información y las comunicaciones, se desarrolla el 4to Poder, con la manipulación de mensajes portadores de consumismo, banalidad y mediocridad encaminados al empobrecimiento espiritual difundidos por las más potentes tecnologías y dirigidos a desarrollar un determinado modo de pensar y actuar de las personas.
Frente a esta situación, la cultura como valor universal, es la vía más segura e infalible para enaltecer las aspiraciones creativas del ser humano.
En el modelo social cubano la cultura es un instrumento insustituible de transmisión de valores éticos que favorecen el crecimiento humano.
Nosotros cubanos residentes en Nicaragua debemos procurar que nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos y sucesivamente conozcan y amen a nuestra Cuba como lo hemos hecho cada uno de nosotros.
Tenemos una generación nueva y naciente que es nuestro relevo y debe tomar el batón. A veces por la dinámica con que vivimos en estos países no dedicamos el debido tiempo para enseñar a nuestros hijos nuestra historia nuestra cultura, aún cuando ellos quien saber viven menos agitados que nosotros. No debemos resignarnos a que Cuba quede solo en nuestras mentes y corazones hemos de transmitir su cultura sus valores para que latan en sus corazones como laten en los nuestros.
No dejemos de enseñar todo esto a nuestros hijos, lo que aprendimos nosotros, de lo cual somos fruto fértil, mantengamos nuestra identidad cultural siempre viva.
Proponemos que sea ratificada la práctica y acuerdo consuetudinario de celebrar, en cada Departamento, cada 20 de octubre el Día de la Cultura cubana fecha que se conmemora en recordación a aquella tarde en que se cantaron por primera vez en Bayamo las vibrantes estrofas del himno, hecho ocurrido en 1868.
Además proponemos como acuerdo. La creación de círculos de estudios sobre la historia patria en los que se integren nuestros hijos menores, para que conozcan y lean sobre la patria bien donde nacieron o bien la patria de sus padres.
Por último propongo como acuerdo: Se creen en cada Departamento espacios de encuentros de los jóvenes cubanos, descendientes de cubanos y ellos identifiquen sus intereses sus actividades y puedan intercambiar, conocer sobre Cuba y poder celebrar en este año el primer encuentro de jóvenes cubanos residentes en Nicaragua.
Muchas gracias.
En la ciudad de Managua a los 30 días del mes de enero del año dos mil once.