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CUBANOS EN LIBANO: ANTIGUA PRESENCIA Y RENOVADA AÑORANZA

CUBANOS EN LIBANO: ANTIGUA PRESENCIA Y RENOVADA AÑORANZALa corriente migratoria libanesa se remonta incluso al periodo previo a la formación del país en 1943. En 1925 los registros en la isla daban unos diez mil libaneses inscritos. Rigoberto Menéndez, director de la Casa de los Árabes del centro histórico de La Habana en su libro “Los árabes en Cuba” aporta un enjundioso estudio sobre el tema.

En los años coincidentes con la primera guerra mundial, la región donde se asienta hoy en día el Líbano sufría las consecuencias de la guerra y una carencia de alimentos y de malas cosechas que provoco la muerte y la emigración de muchos de sus habitantes.

Fueron esos los años de mayor flujo de libaneses hacia Estados Unidos y diversos puntos del continente sudamericano. Algunos de ellos, en su ruta, hicieron escala en Cuba y allí se quedaron sin continuar hacia el destino previamente escogido desde su tierra.

Khalil Ali Wakim fue uno de esos libaneses que por aquella época, llego junto a sus padres, Ali y Feima. Khalil Ali fue “rebautizado” en la isla, por aquello de hacer mas potables a los isleños los nombres árabes de difícil pronunciación y Khalil devino Julio y, además, cubano.

Su familia, como buena parte de los emigrados libaneses, se dedicó al comercio y en Cruces, pequeña localidad del entonces municipio de Cienfuegos, conoció a la joven cubana Oria Esther Oropesa Sotolongo, con quien contrajo nupcias en ese poblado, a las tres de la tarde de un cuatro de diciembre de 1944, Khalil-Julio tenia cuarenta anos y Oria solo diecinueve.

Cinco anos después, Khalil-Julio y Oria estaban residiendo en La Habana, en el número 169 de la comercial calle de Monte, pero manteniendo los vínculos con la familiar provincia villaclareña.

En uno de esos viajes, el 22 de abril de 1949, Khalil/Julio solicita un préstamo pagadero en cinco anos y con un interés anual de 6%, que le concede Rubén Domingo Alpizar y Osés, para comprar el negocio en el que vivían: un establecimiento de café, lunch y cantina llamado “La isla de Cuba”, que adquirieron de su anterior propietario, Emilio Rodríguez García, por veinte mil pesos cubanos.

Oria y Julio tuvieron dos hijos, una niña a la que llamaron Ana Julia, y un varón - Pedro- nacidos en 1943 y 1945, respectivamente, en el poblado de Cruces.

Un día, Khalil-Julio decidió visitar a su hermana que se había establecido en el estado de Indiana, Estados Unidos y llevó a sus dos pequeños para que los conociera. Parece que en el encuentro, la hermana influyó para que Julio aprovechara la ocasión y prosiguiera viaje a Líbano para que la familia que había quedado en el país, también conociera a los niños.

Eso ocurrió allá por abril de 1950. Julio no regresó. Pocos meses después llegó Oria. El negocio parece que quedó a cargo de su hermano, Mohamad Ali Wakim Sabra.

Oria no se adaptaba a las nuevas condiciones. Tanto sufrió y reclamó que su padre le envió el boleto de regreso a Cuba pero Julio le impidió el retorno. Parece que su esposo, en su afán de retenerla en Líbano, hizo que renunciara a su ciudadanía, lo que se decretó por resolución de 1967. Sin embargo, en 1987 Oria presentó sus documentos a la Embajada para que se le readjudicase, alegando que “…aunque me había presentado en el Consulado, por desconocimiento y la muerte de su esposo después, sin saberlo, perdí mi ciudadanía cubana”. No consta en nuestros archivos que se le hubiese readjudicado.

Hoy, Oria tiene 84 años. Su retentiva actual casi no existe pero perdura parte de su memoria histórica: recuerda algunas frases en español, su lejana Cruces, los olores de la isla, la bandera cubana… y su cara relució de alegría cuando funcionarios de la Embajada cubana y después, el Embajador, la visitaron.

Sus hijos, Ana Julia y Pedro, mantienen su ciudadanía cubana y no se pierden las actividades que la Embajada realiza. Su nieta Loubna, en busca de sus orígenes y de la memoria perdida de su abuela Oria, partió rumbo a Cuba para buscar, con los pocos datos que poseía, a los familiares que quedaron en la isla y encontró a Elena María, hermana de Oria; a Eduardo, a Juan Carlos y a otros mas, realizando una labor de búsqueda cuyos resultados envidiaría hasta el famoso Sherlock Holmes.

Beirut, 27 de julio de 2009.

 

 

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