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Tres culturas y el amor como idioma común

Mario Arbelo, cubano de 39 años, comparte los recuerdos de su vida tras enamorarse de una española en China hace más de una década
Por Nyliam Vázquez García

Beijing,- Tic tac, tic tac; Radio Reloj, 8.30 minutos de la mañana en La Habana, Cuba…

Mario Felipe Arbelo López vive en la República Popular China, pero en su pequeño apartamento ubicado al norte Beijing de vez en cuando se escucha la emisora cubana Radio Reloj. No se trata del tiempo -a fin de cuentas existen doce horas de diferencia y en Pekín son las 8.30 minutos de la noche - pero el paso de los segundos es su refugio. Ese es su transporte particular para viajar cuando quiere hasta Cuba, para combatir la nostalgia, para mantener sus rutinas, a pesar de la distancia geográfica.

Radio Reloj continúa su conteo cíclico de los minutos. Tal vez entonces, Mario piensa en la gente del barrio, en sus amigos, en darse un chapuzón en la playa… Seguro también piensa en Marisol y en la vida que construyen juntos desde hace 11 años. Ella es la razón de su vida en China y de toda su existencia, como se apura en confesar.

11 AÑOS DE PAREJA Y SIETE DE CASADOS

Hablador cubanísimo, no tuvo reparos en aceptar la conversación y desempolvar sus recuerdos. Sentados en un íntimo salón de la Embajada de Cuba en China regresó al día en que comenzó a estudiar chino en la Universidad de Lengua y Cultura en Pekín y a ese otro tan trascendental en que conoció a la que luego sería su esposa.

“Fue en 1996 cuando llegué con la Beca del gobierno chino para estudiar el idioma. Después matriculé la carrera de Relaciones Internacionales en la propia universidad y finalmente la maestría en esa especialidad.

En el primer año de estudios conocí a Marisol. Nos hicimos novios en noviembre de 1996. Llevamos 11 años de pareja y siete de casados”, recuerda Mario.

Tal como lo cuenta, no caben dudas de que esa española campechana y alegre le cambió la vida. Se casaron en el Consulado de Cuba en China - matrimonio civil- y luego en España recibieron la bendición de la iglesia conforme a las creencias de su media naranja.

“La boda en la Embajada fue un boom y una oportunidad de hacer una gran fiesta con todos los amigos de ambos. La misión estatal nos apoyó mucho”, afirma.

Al terminar los estudios vino un tiempo difícil. Regresó a Cuba para trabajar en una empresa comercializadora del Ministerio de la Pesca y cumplir con su servicio social. Mientras, Marisol quedó laborando en el consulado de España en China.

El debate interno fue muy duro, según cuenta. Por un lado la responsabilidad y el compromiso, por otro el tener que vivir separado de su esposa. Aún así, cada seis meses uno de los dos visitaba al otro. La pareja se veía cada tres meses. “Fue una prueba que superamos”

Luego de dos años y con la autorización de su centro de trabajo comenzó los trámites para fijar su residencia en China junto a Marisol. En febrero de 2006 hizo el viaje definitivo al país asiático con el permiso de residencia en el exterior (PRE). Ahora es representante de la empresa turística española Royal Vacaciones y esporádicamente acompaña a algún grupo ibérico durante su estancia en China.

Al indagar sobre sus lazos con la Embajada, luego de mudarse definitivamente comentó:

“Mantengo una relación estrecha a través de las actividades a las que siempre está invitada la comunidad cubana. Además ahora el colectivo de la misión es muy joven y casi todos los compañeros fueron colegas de estudios o coincidí con ellos en mis tiempos de estudiante. Es realmente un ambiente muy fraternal”

UN CUBANO Y UNA ESPAÑOLA EN CHINA

Después de todo este tiempo todavía los amigos no entienden que una española se haya encontrado con un cubano en China y viceversa”, apunta con un brillo muy peculiar en los ojos.

“Lo cierto es que ocurrió y desde el principio hemos mantenido la identidad en nuestros espacios. Nuestros respectivos trabajos fomentan las relaciones con la parte china y ayuda el hecho que los dos dominemos el idioma. Así avanzan las tres culturas”, apunta orgulloso Mario.

Aunque reconoce que los aportes de un extranjero a la cultura milenaria china siempre son limitados, asegura que se la pasa hablando de Cuba y dando a conocer sus costumbres, su música, las cosas que nos identifican entre su variopinto círculo vital.

“En cambio, los aportes de la cultura china en mí, son muy profundos. He ahondado en conocimientos de historia, sociología, artes marciales y yo mismo, como ser humano soy diferente. Mi carácter ha cambiado bastante, porque las cosas en China van más suaves, relajadas. Yo era el clásico cubano, muy hiperactivo y explosivo. Sin embargo, aquí he aprendido a ser más calmado, a aceptar las cosas. También tiene que ver con el respeto a otras culturas y con moldear el carácter de acuerdo al país donde vives.

Creo que he ganado algo de la paciencia, la tranquilidad de los chinos y cuando llego a Cuba siempre voy más lento que mis amigos. Necesito un mes para volver al ritmo cubano. Incluso,-mira tú- aquí he aprendido a comer más lento”, dice y se desparrama en una carcajada.

MARISOL

Ella en realidad se llama María Soledad Baenas, pero por ese nombre solo la conocen muy pocos. Claro, el personal de los consulados español y cubano en China.

“A Marisol le encanta Cuba y adora Varadero. Sabe bailar casino y lo hace como una experta. También disfruta mucho de la comida cubana y hasta sabe cocinar platos tan nuestros como el congrí, la ropa vieja o la papa rellena. Como ella por su apretado horario de trabajo generalmente almuerza en un restaurante chino, por la noche generalmente comemos comida cubana”

Mario baja la voz aunque no hay nadie más en el salón. A modo de confesión susurra:

“Cuando estamos disgustados y ella llega primero a la casa (cocina el primero que termine en el trabajo), yo sé que lo que me espera en la mesa es una paella. No es que no me guste este plato español, pero es un código que no falla”.

Ahora hablamos del apartamento que comparten.

“Hubo un tiempo en que los amigos decían que nuestra casa parecía la de algún japonés o un chino por los motivos que la adornan. Así que Marisol compró en España un gran cartel de torero de casi un metro y medio y en La Habana, en la feria de la Plaza de la Catedral, una placa como la de las identificaciones de las calles que dice Cuba. Ahora nadie se confunde”, vuelve la risa pícara.

EL TIC TAC DE LA NOSTALGIA

Por estos días Mario y Marisol viajan por primera vez a Cuba desde que a él le fue otorgado el (PRE). Por eso era casi obligado preguntar sobre sus expectativas para ese recuentro con la Patria. Su voz denotaba muchas ganas de los días pasaran a la velocidad de la luz.

“Descansar, ver a los amigos, ir a la playa… Se extraña muchísimo”.

-¿Qué planes futuros tienes?
Continuar con mi trabajo en la esfera del turismo, que me va muy bien.

-¿Cómo valoras el trabajo del consulado cubano en Beijing?
Es muy eficiente, siempre tenemos mucho apoyo. Tarda uno más en venir al consulado por problemas de trabajo, que el consulado en gestionarte el trámite.

Vale destacar que este es un colectivo muy joven y hemos avanzado mucho en las relaciones. El consulado está muy pendiente de la comunidad cubana en China.

Más de una hora después de haber iniciado la charla queda una duda. La respuesta cierra el diálogo del cubano que se enamoró de una española en China.

-¿Qué haces cuando estás nostálgico…?

A veces pongo música de la nuestra - me mantengo bastante actualizado sobre lo se escucha en la isla, desde salsa hasta reguetón- o pongo la TV cubana –por suerte tenemos Cubavisión Internacional en China desde 2005-. También pongo Radio Reloj en la computadora.

-¿Por qué Radio Reloj?

No sé, tal vez porque era lo que siempre ponía cuando me despertaba. Escucho la hora y me actualizo. Me siento menos lejos, conectado. Lo hacía en Cuba y lo mantengo.

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