Estampas cubanas

La venganza de Rosalía

Por Orlando Carrió

A Rosalía Abreu Arencibia, nacida en 1862 en la ciudad de Santa Clara, se le asocia con frecuencia con monos vestidos de manera elegante, comiendo con cubiertos de plata, ahogando su sed en copas de bacará y echados sobre colchones de plumas. Y hay mucha razón en ello.

Los pañitos de la Virgen de Jiquiabo

Este es el hospital Santa Isabel, de Cárdenas, al cual los Belaunzarán hacen importantes donaciones para que los cardenenses se olvidaran de la Virgen de Jiquiabo.

Por Orlando Carrió
Curanderos han existido en Cuba desde la época de la colonia. Cientos de ellos logran vivir de sabrosos toda una eternidad a costa de los incautos, ofreciendo hechos sobrenaturales hasta que la providencia los detiene; otros, por el contrario, son atrapados en el embuste y terminan sus días de santones e inventores de prodigios en el cadalso, la cárcel o el manicomio nacional.

Vándalos en Bellamar

Por Orlando Carrió

Don Manuel Santos Parga nació en 1813 en Viveiro, provincia de Lugo, Galicia. Tras emigrar a Cuba,comenzó a trabajar en minas, hasta que compró, en 1859,la finca La Alcancía, ubicada no lejos de la ciudad de Matanzas, en la que mandó construir un horno de cal de un buen nivel técnico, que suministraba parte de los materiales para la edificación del famoso teatro Sauto. 

Regueiro: el guagüero que se hizo pintor

Por Orlando Carrió

Los madrugonazos en las terminales de ómnibus suelen ser patéticos, con tendencia al monólogo: el borracho llora sus penas; los “sin casa” se acurrucan en el caliente rincón; los maridos y amantes embaucadores maldicen el tirón de puerta de la dama ofendida, y los pasajeros varados por la inactividad vial esperan ansiosos el arribo del amanecer.

Bailes mambises

Por Orlando Carrió

Como pocos suponen, durante la Guerra de los Diez Años, nuestra primera gesta emancipadora,  los mambises, muy temidos por la caballería colonial española en las épicas «cargas al machete», apostaban también a favor del desenfado en frecuentes y bulliciosas parrandas para reírse de las continuas amenazas, llenarles el estómago con ilusiones a muchos y aflojarles el zapato a los jóvenes y viejos más bizarros.

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