Estampas cubanas

Mambises en Varadero.

Collazo logra desembarcar con éxito en la playa azul.

Por Orlando Carrió

Cuando muchos criollos hablan de Varadero lo hacen pensando en su aire puro y yodado, aguas azules como el cielo, bancos de arenas blancas, juegos de delfines y damas hermosas en trajes de baño, que pueden elevarle la temperatura a cualquier mortal. Sin embargo, pocos conocen que en las postrimerías del siglo xix la costa de este balneario es utilizada como punto de desembarco por los miembros del Ejército Libertador cubano, quienes propinan muy duros reveses a los colonialistas españoles durante las tres guerras de independencia que se libran en la Isla.

Alacraneros vs. Gavilanes.

Por Orlando Carrió

Las comparsas habaneras comienzan a perpetuarse a partir de 1902, cuando se celebran los primeros carnavales republicanos, con el patrocinio del alcalde de la ciudad, don Carlos de la Torre (recordado naturalista). Entonces, el movimiento desenfrenado de nalgas, caderas y brazos; el rumor bravío de zapatos y pies; las piruetas de los faroleros, y el trepidante y alborotador “taratatá” del cornetín comienzan a trazar una época que los viejucos de hoy nunca podrán olvidar ...

Aventuras de Mazzantini en Cuba.

La Bernhardt y Mazzantini: un romance que se grabó en el vitral de La Habana colonial.

Por: Orlando Carrió

Luis Mazzantini Eguía es tan conocido en nuestras tierras que parece nuestro, a pesar de su sangre española. Su celebridad se asienta en una frase casi épica: “Hombre, ¡eso no lo consigue ni Mazzantini el torero!”. El mataor se hizo presente en los ruedos habaneros en la temporada 1886-1887, donde, aunque no pudo brillar tanto como su coterráneo Guerrita, mantuvo un romance de escándalo con la trágica y caprichosa actriz francesa Sarah Bernhardt, la “Voz de Oro”, a quien le regaló una carísima sortija y una corrida a puertas cerradas en la que una orquesta de negros tocó un singular cancán. Pero hay más…

La venganza de Rosalía

Por Orlando Carrió

A Rosalía Abreu Arencibia, nacida en 1862 en la ciudad de Santa Clara, se le asocia con frecuencia con monos vestidos de manera elegante, comiendo con cubiertos de plata, ahogando su sed en copas de bacará y echados sobre colchones de plumas. Y hay mucha razón en ello.

Los pañitos de la Virgen de Jiquiabo

Este es el hospital Santa Isabel, de Cárdenas, al cual los Belaunzarán hacen importantes donaciones para que los cardenenses se olvidaran de la Virgen de Jiquiabo.

Por Orlando Carrió
Curanderos han existido en Cuba desde la época de la colonia. Cientos de ellos logran vivir de sabrosos toda una eternidad a costa de los incautos, ofreciendo hechos sobrenaturales hasta que la providencia los detiene; otros, por el contrario, son atrapados en el embuste y terminan sus días de santones e inventores de prodigios en el cadalso, la cárcel o el manicomio nacional.

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