Estampas cubanas

Regueiro: el guagüero que se hizo pintor

Por Orlando Carrió

Los madrugonazos en las terminales de ómnibus suelen ser patéticos, con tendencia al monólogo: el borracho llora sus penas; los “sin casa” se acurrucan en el caliente rincón; los maridos y amantes embaucadores maldicen el tirón de puerta de la dama ofendida, y los pasajeros varados por la inactividad vial esperan ansiosos el arribo del amanecer.

Bailes mambises

Por Orlando Carrió

Como pocos suponen, durante la Guerra de los Diez Años, nuestra primera gesta emancipadora,  los mambises, muy temidos por la caballería colonial española en las épicas «cargas al machete», apostaban también a favor del desenfado en frecuentes y bulliciosas parrandas para reírse de las continuas amenazas, llenarles el estómago con ilusiones a muchos y aflojarles el zapato a los jóvenes y viejos más bizarros.

Wifredo Lam, pintor de la cubanía

Por Ciro Bianchi Ross

Tenía, decía él de sí mismo, algo de salvaje y algo de cartesiano. Hizo rigurosos estudios académicos, aprendizaje que plasmó en no pocos cuadros, y ya en Europa, y entusiasmado con la vanguardia, se acercó al cubismo de la época negra de Picasso.

Trascendental resultaría su relación personal con el autor de Guernica y sus acercamientos al arte negro africano. Pero en sentido inverso al de Picasso, el cubano Wifredo Lam asimiló el arte europeo a partir de las maravillas primitivas que llevaba desde su país.

Señora Habana

Por Orlando Carrió

Algunos la llaman Señora Habana y otros la Gitana, sin embargo lo cierto es que muchos solo ven a Adelaida Borges como una hechicera globalizada y turística, cuando, en realidad, el personaje da para mucho más: no hace mucho se presentó en el espacio televisivo «Entre amigos», a nombre de varios tipos populares de su entorno, y dejó bien claro que las tradiciones, el folclore, la sandunga y la irrenunciable cubanía están a salvo en el Casco Histórico capitalino.

Edificio Focsa

Por CIRO BIANCHI 

Es una de las siete maravillas de la ingeniería civil cubana. Con sus 39 niveles desde el cimiento a la torre, el Focsa se alza majestuoso en la manzana comprendida entre las calles 17, 19, M y N, en la barriada habanera de El Vedado.

Su construcción comenzó en febrero de 1954 y se concluyó en junio de 1956, lo que equivale a decir que, entre la colocación de la primera piedra del edificio y el último brochazo que se dio a sus paredes, transcurrieron 28 meses.

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