Amor de Madres

Los Cinco

Amor de madres

Por Deisy Francis Mexidor

El tiempo es el peor enemigo en esta historia. Lo saben Mirta Rodríguez, Irma Sehwerert y Magali Llort, madres cubanas que dieron vástagos inmensos a su patria: Antonio Guerrero, René González y Fernando González, tres de Los Cinco antiterroristas condenados y retenidos en Estados Unidos.
 Para ellas cada día que pasan separadas de sus hijos es uno menos en el almanaque de la vida, “por algo lógico, nos vamos poniendo más viejas, pero no por ello dejaremos de luchar”, ha dicho Mirta.
Carmen Nordelo y Nereyda Salazar, las madres de Gerardo Hernández y Ramón Labañino respectivamente, murieron con la pena de no ver su regreso.
Los Cinco, fueron arrestados el 12 de septiembre de 1998 por el FBI en la ciudad de Miami, mientras monitoreaban a grupos violentos de origen cubano radicados allí, dedicados a organizar, financiar y ejecutar acciones terroristas como las que han causado más de tres mil 400 víctimas fatales en la Isla en el último medio siglo.
“Cuando conocimos que nuestros hijos habían sido declarados culpables (durante el juicio en el 2001) realmente fue muy sorprendente y triste, no lo esperábamos”, ha expresado Sehwerert y especifica: “Nosotros estábamos conscientes de que desde el punto de vista legal el juicio se había ganado (en el 2001), pero se trató de un proceso político.”
Llort, ágil a sus 73 años, recuerda “lo dura que ha resultado esta separación de Fernan” a la que “nunca —dijo— uno se acostumbra” y rememora entonces cuando, recién graduado él del Instituto Superior de Relaciones Internacionales “con Diploma de Oro, fue a cumplir misión internacionalista en Angola”.
Para ella, lejos de ser condenados, Los Cinco debieron recibir el reconocimiento del gobierno de Estados Unidos porque combatieron ese flagelo.
Por eso expresa su deseo de que el presidente Barack Obama, “reelecto en noviembre (del 2012) y Premio Nobel de la Paz, escuche el reclamo de una madre”.
El mandatario estadounidense puede firmar la orden que devuelva a su hijo y a sus compañeros “a su casa, lo que sería finalmente un acto de justicia”, piensa Llort.
Nunca les fue encontrada una prueba que comprometiera la seguridad nacional de aquel país; sin embargo, los condenaron en diciembre del 2001 “por delitos que no cometieron y que solo reflejan el odio del sector más reaccionario del exilio cubano-americano en la Florida”, expresó Llort.
De ahí que le resulta inconcebible que todavía no le hayan permitido a René González (fuera de la cárcel desde octubre del 2011 tras cumplir su condena) reunirse definitivamente con su familia en Cuba tras la sentencia.
“El que lo obliguen a saldar una sentencia de libertad supervisada por tres años en Estados Unidos y que tampoco su esposa Olga (Salanueva) reciba visa para estar junto a él es parte de todo este proceso sucio que hemos sufrido y que ha tenido un gran sesgo político”, acotó.
Llort rememora pasajes de la vida de su hijo mientras, desde la sala de su casa en un barrio habanero muestra las fotos de la visita realizada en noviembre a la cárcel de Safford, Arizona, adonde fue trasladado en el 2012.
“En esa ocasión fuimos mis otras dos hijas y yo. Lo vi un poco más delgado, pero con muy buen ánimo —sonríe—. Concluye su sentencia en prisión en febrero del 2014, pero ello no significa un regreso inmediato”.
Por ser “ciudadano cubano debe pasar a un centro de detención para casos migratorios”, señala.
Como el resto de las madres, al responder sobre qué le impresiona más en esta batalla por la liberación de Los Cinco no duda en resaltar que es “el cariño de la gente, los sentimientos que despiertan. Ya a ellos se les conoce solo por su nombre sin necesidad de apellidos”.
Además, le impresiona que a casi 15 años “de esta pesadilla el gobierno de Estados Unidos mantenga a Los Cinco alejados de sus familias sin admitir que son hombres de bien”, pese a que desde el 2005 un panel de la ONU concluyó que la detención de Los Cinco es arbitraria e ilegal.
Fernando González fue resentenciado en el 2009 a 17 años y nueve meses de cárcel, Ramón Labañino, a 30 años, y Antonio Guerrero, a 21 años y 10 meses.
“Aunque en el 2009 no se hizo justicia a Gerardo no le dieron ni el derecho a la resentencia. Sigue cargando la condena más grave (doble cadena perpetua más 15 años) y a Adriana Pérez, su esposa, el gobierno estadounidense hasta le niega que vaya a visitarlo”, insiste.
   Y ratifica que su “Fernan tiene un compromiso con la vida, con el amor, con su pueblo. Tiene una vocación indeclinable por la paz y la justicia”.
   Estas madres no pierden el optimismo y sueñan con ese el momento que vendrá, en el cual Los Cinco serán de una vez —y para siempre—, libres.

 

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