Asesinato de Carlos Muñiz, acto de terrorismo impune contra Cuba.

Por Diony Sanabia

El asesinato del cubano Carlos Muñiz Varela hace cuatro décadas en Puerto Rico por elementos de la extrema derecha de su país de origen sigue impune, lamentan amigos del entonces joven de 25 años.

Las gestiones de Muñiz para viabilizar los viajes de compatriotas a Cuba, en medio de un proceso de acercamiento entre la Isla y la emigración, y promover las normales relaciones entre su nación y Estados Unidos lo llevaron a la muerte, manifestó Raúl Álzaga.
También, agregó, incidieron sus posiciones afines a la lucha por la independencia de Puerto Rico y al proceso político y social de la mayor de las Antillas.
En una entrevista telefónica con Prensa Latina, Álzaga, cubano residente en San Juan, afirmó que también se cumplen cuatro décadas sin justicia para este crimen, ocurrido el 28 de abril de 1979, aunque Muñiz perdió la vida en un hospital dos días después tras los disparos recibidos.
De acuerdo con Álzaga, la administración de Puerto Rico y las autoridades federales estadounidenses argumentan que carecen de evidencias suficientes para procesar a los seis culpables del hecho, aún vivos, aunque no se han divulgado sus nombres.
Sin embargo, explicó, a cuentagotas las entidades oficiales han revelado datos importantes que tienen en su poder, y también existen documentos desclasificados gracias a la Ley de Libertad de Información.
Álzaga, autor junto a Jesús Arboleya y Ricardo Fraga, del libro La contrarrevolución cubana en Puerto Rico y el caso de Carlos Muñiz Varela, rememoró las amenazas y los ataques recibidos por la víctima meses antes de su asesinato, y en ese sentido citó publicaciones del semanario La Crónica.
Una columna anónima de Who´s Mac en ese medio apuntó el 28 de septiembre de 1978: 'El tiempo les tiene reservado a estos cobardes su momento. Todo es cuestión de esperar y ver. No creo equivocarme que ellos pagarán por lo que han hecho'.
Posteriormente, el 19 de octubre, en el mismo espacio se anotó: 'Nuestras fuentes de inteligencia nos informan de la formación de un grupito que visitará Cuba comunista.
'Dicho grupito está formado y organizado por uno de los nenes comunistas de Areíto. Sabemos su nombre, pero solo diremos que es de apellido Muñiz. El Sr. Muñiz ha hecho innumerables viajes a Cuba comunista con el grupo de Areíto y su hermanito del alma Raúl Álzaga.
Aún no se habían realizado las primeras reuniones del llamado Diálogo entre el Gobierno de la Isla y los cubanos residentes en el exterior, en noviembre de 1978.
Tal columna intimidó a los posibles interesados en visitar Cuba al exponer que 'se nos ocurre pensar que cualquier grupo de acción anticomunista podría convertir un viajecito de placer en un tormento'.
La Crónica publicó el 14 de noviembre en portada una entrevista con un encapuchado, y sostuvo: 'No permitiremos que el Diálogo avance, afirma Z, jefe militar comando Omega-7: Dinamita único idioma con el que vamos a dialogar'.
Entonces, contó Álzaga, el 4 de enero de 1979 explotó la primera bomba de tres que fueron colocadas en la sede de la Agencia de Viajes Varadero.
Recordó además que ese mes el Senado de Puerto Rico, por iniciativa de Nicolás Noguera Cartagena, aprobó unánimemente una resolución en contra del Diálogo y de los viajes a Cuba.
De cierta forma, consideró, el estamento político boricua concedió luz verde para que los terroristas de origen cubano actuaran con impunidad.
A juicio de Álzaga, el escenario estuvo bien montado para el crimen contra Muñiz, y después se produjo el encubrimiento y la protección de los asesinos.
Varias irregularidades cometió la Policía de Puerto Rico en la investigación inicial del asesinato, y por eso el actual fiscal del caso, Pedro Berríos, dijo que 'la escena del crimen fue manipulada con el propósito de encubrir a los responsables del delito', relató el entrevistado.
Expresó que con el paso del tiempo y las sucesivas pesquisas a partir de 1988 se determinó la inexistencia de un informe de balística, y hasta 2006 no hubo una certificación de la autopsia realizada a Muñiz.
También precisó que fue en 2016 cuando se elaboró un sumario fiscal o expediente de manera digital, después de que aparecían y desaparecían documentos.
Según Álzaga, antes no había posibilidades de esclarecer nada, pues el encubrimiento oficial se disfrazaba de falta de profesionalismo y negligencia.
Interrogado sobre la situación actual, Álzaga manifestó que resultan positivos la permanencia de Berríos en el proceso y el compromiso de colaboración logrado en el verano de 2018 entre el Departamento de Justicia de Puerto Rico y el estadounidense Buró Federal de Investigaciones (FBI) para trabajar en la pesquisa de forma conjunta.
Por primera vez se logra una relación de ese tipo, aunque se avanza lentamente en unos puntos específicos que no dejan de ser importantes para el futuro, subrayó.
Está la interrogante de qué harán el Departamento de Justicia y el FBI ante la negativa de Reynol Rodríguez, uno de los principales sospechosos, a ser entrevistado por Berríos, y haberse acogido a la Quinta Enmienda constitucional, un derecho ante el temor de incriminación en algún delito, añadió.
Mencionó también el descubrimiento reciente de documentos acerca de las acciones terroristas en Puerto Rico, desde 1977 a 1980, que incluyen nombres de criminales de origen cubano que operaron allí.
Resulta llamativo que hay un gran volumen de información de actividades terroristas antes y después del asesinato de Muñiz; sin embargo, se produce un gran silencio por los mismos que han estado produciendo esos datos, opinó.
Pensamos que independientemente de las buenas intenciones del personal actual del FBI, la institución como tal no ha querido o no ha autorizado compartir toda la información que tiene para facilitar en su totalidad el esclarecimiento y encausamiento de los asesinos, sostuvo Álzaga.
¿Habrán tenido a alguien activo metido todo el tiempo dentro del grupo de asesinos y ahora no lo pueden reconocer, con todas las implicaciones que eso tendría?, se preguntó.
Recalcó que los allegados a Muñiz seguirán exigiendo, luchando, hasta que se haga justicia, pues eso, reiteró, 'no es pedir demasiado'.
El asesinato de Muñiz me sacudió fuertemente, lo supe estando en Cuba con un grupo de norteamericanos, y me dije que esa era la respuesta para la gente progresista en Estados Unidos que deseábamos mejores relaciones bilaterales, afirmó el cubano Manolo Gómez, residente en Washington D.C.
Tal crimen, a sangre fría, en medio de San Juan, también pudo tener otras víctimas, pues la intención de los terroristas era amedrentar a todos lo que estaban favoreciendo un acercamiento hacia Cuba, reconoció.
Aquellos asesinos, llenos de odio, de resentimiento, consideraban 'traidores' a todos los que por cualquier motivo salieron de Cuba tras el triunfo de la Revolución, el 1 de enero de 1959, y querían regresar de visita, recalcó Gómez.
Subrayó que afortunadamente los tiempos han cambiado, y ahora muchos cubanos que viven en Estados Unidos van a la Isla sin problemas (más de medio millón viajaron el pasado año).
Aunque, reflexionó, la administración del presidente estadounidense, Donald Trump, mantiene una agresiva política hacia Cuba, y son frecuentes los ataques del asesor de seguridad nacional, John Bolton, contra el Gobierno de la mayor de las Antillas.
Gómez se refirió además a Muñiz como un joven de cualidades excepcionales, que reunía y convencía a la gente con sus ideas; era un líder, por eso su muerte nos golpeó tanto, enfatizó.
Tomado de Prensa Latina

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