Barrio Chino de La Habana

Barrio Chino de La Habana

Por Roberto F. Campos

El Barrio Chino de La Habana es todo colorido. Con el predominio del rojo —y los restaurantes conocidos en Cuba como paladares—, ofrece al caminante los platillos que imitan lo mejor posible las recetas del lejano país.

Sin embargo, un estilo muy tropical le inunda, y se confunden entre los transeúntes muchos viajeros deseosos por tener de primera mano una novedad como esta.

Ubicado a decenas de metros del Capitolio, entre las calles Amistad y Dragones, constituía el más grande e importante del Nuevo Mundo y en la actualidad subsiste gracias al espíritu de los viejos chinos que vivieron allí.

Está compuesto por cuatro o cinco calles pequeñas: la calzada de Zanja, calle Rayo, calle San Nicolás y la más característica de todas, Dragones.

Pero este lugar es prácticamente una leyenda que comenzó con los primeros chinos que se radicaron en La Habana, en 1858, entre ellos Chang Leng, con una pequeña fonda, y Lam Siu Yi, con un puesto de frutas y hortalizas en la actual calzada de Zanja.

Según el historiador Julio Le Riverend, de 1847 a 1874 llegaron a La Habana alrededor de 150 mil chinos, casi todos hombres, los llamados culíes, en virtud del sistema de contratación orientado a sustituir el trabajo esclavo africano en la producción agrícola y, ante todo, en las plantaciones azucareras.

Algunos antiguos culíes, mediante sus propios esfuerzos, habían aprendido oficios diversos de servicio, pues en aquel momento ninguna otra zona del centro capitalino ofrecía mejores condiciones que la llamada Zanja Real, concebida en 1550, por donde se conducía el agua potable.

A principios del siglo XX ya residían en esta zona de 10 manzanas unos 10 mil chinos. En el Barrio Chino comenzaron a pulular pequeños establecimientos que abarcaban desde fondas hasta lavanderías, zapaterías, relojerías y otros comercios.

Los culíes lograron emanciparse de su solapada esclavitud en 1877, mediante la firma del Tratado Chino-Español, cuando el mandarín Chin Lan Pin visitó Cuba.

Pero después, desde 1869 hasta la primera mitad del siglo XX, se produjo la entrada en la Isla de diferentes oleadas de chinos libres, procedentes en su mayoría de California, en Estados Unidos, de donde migraban por las leyes racistas.

Esos otros chinos llegaron a Cuba en busca de terrenos propicios donde establecerse e invertir sus capitales.

Otra de las curiosidades es que por el lugar comenzaron a crearse asociaciones como la Kit Yi Tang (La Unión, La Habana, 1867), que se propuso reunificar a todos los chinos; la Heng Yi Tong (Los Hermanos, La Habana, 1868), y la Yi Song Tong, segunda alianza formada para los chinos jaka.

La primera sala de teatro —posteriormente transformada en cine—, con el nombre de El Pacífico, se instaló en las calles Zanja y San Nicolás. En 1875 se inauguró el teatro Sun Yon, en la calle Lealtad, esquina a Reina, al que siguió el teatro chino de la calle Zanja, transformado posteriormente en teatro Shanghái.

Sin embargo, el más importante teatro chino fue el llamado Águila de Oro, en la calle Rayo, Número 104 (aún existe). En los teatros, tanto las mujeres como los hombres representaban papeles de ambos sexos y tenían conocimientos de canto, acrobacia, pantomima, actuación y artes marciales.

En 1990, el Barrio Chino inició su recuperación, con altas y bajas, pero siempre logrando conservarlo hasta el presente.

Comenzaron a celebrarse el inicio del Año Nuevo Lunar, fecha que este 2017 se celebró a finales de enero, y los aniversarios de la llegada a Cuba de los chinos de ultramar.

Se abrieron escuelas de artes marciales, y un fuerte centro de la práctica del tai chi tiene por sede este barrio. El antiguo asilo de ancianos Chun Wab se convirtió en Hogar de Ancianos; se activó, asimismo, la sede central de los chinos residentes en Cuba y su descendencia en el casino Cheng Wah (creado en 1893), con sede en la calle Amistad, entre Dragones y Barcelona.

En la actualidad, se trata de un barrio vivo, que fluye a golpe de los descendientes de los primeros chinos que llegaron a él, y a donde acuden visitantes extranjeros provenientes desde todas las partes del mundo.

El Barrio Chino es todo colorido con predominio del rojoUbicado a decenas de metros del Capitolio, entre las calles Amistad y DragonesEste lugar es prácticamente una leyenda que comenzó con los primeros chinos que se radicaron en La Habana, en 1858En 1990, el Barrio Chino inició su recuperación, con altas y bajas, pero siempre logrando conservarlo hasta el presente

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