Por Jorge Petinaud Martínez
La musicóloga cubana Cary Diez hipnotiza cuando habla de la rumba, género festivo de música y baile inscrito recientemente en la lista de Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad de la Oficina de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco).
Su prístino castellano deviene sístole y diástole de tambores de makuta, bonkó enchemillá en biankomeco abakuá; iyá que llama a los orishas, quinto que tuerce pies y estremece hombros del bailador de columbia.
Ganadora de un Grammy Latino en 2001 como productora, junto al músico Joaquín Betancourt, del disco La Rumba Soy yo y coordinadora del expediente presentado a la Unesco, Diez evoca con gratitud nombres y acontecimientos e interpreta lo alcanzado cual aporte de muchos, en especial de los rumberos, pero apenas un punto de partida.
En exclusiva a Correo de Cuba, ante todo agradeció el magisterio de profesores en las enseñanzas artísticas media y superior, como Argeliers León, Odilio Urfé, María Teresa Linares, Manuel Moreno Fraginals y Orlando Suárez Tajonera.
Igualmente, los estudios de otros como Olavo Alén, Jesús Gómez Cairo y el equipo del Centro de Investigación y Desarrollo de la Música Cubana
Ya después, en mi vida profesional, recuerda, resultó muy importante trabajar con Ciro Benemelis desde 1985, cuando me gradué del Instituto Superior de Arte, y más tarde convivir en 1998 durante una gira de dos meses por Estados Unidos con rumberos de corazón, como los integrantes de Los Muñequitos de Matanzas.
Todo esto, según la fuente, le permitió entender la esencia de esta expresión como espíritu de resistencia y autoestima, que a la vez constituye un instrumento de sociabilidad enriquecedor de la vida de las comunidades que la practican,
Interrogada sobre el papel del Grammy Latino en la visibilidad nacional e internacional del género, se remonta a 1988.
Desde esa fecha yo había presentado un proyecto que entonces no se llamaba La Rumba Soy Yo, pero sí era una propuesta concreta que incluía la visión de esta expresión cultural no solo como una diversión que ocurría en determinados lugares y se circunscribía a segmentos sociales específicos, comenta.
Hasta ese momento, los rumberos estaban solo circunscritos a las peñas del Conjunto Folklórico Nacional (El Patio de la Rumba de El Palenque), la Peña del Ambia, en la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), animada por el poeta Eloy Machado, y el Callejón de Hammel, encabezado por el pintor Salvador González.
En estos últimos años hemos ido ganando también espacios no solo en las Casas de la Música, donde ya la rumba está incluida en espacios de comercialización, subraya, algo impensable hace poco más de tres lustros.
Por otra parte, se han incorporado proyectos como Clave de Rumba, de la UNEAC, encuentros de análisis, de obtención de testimonios, y que mantienen una secuencia de más de un año, cuyos debates están recogidos en grabaciones y filmaciones.
Dentro de los espacios públicos ganados están también las nuevas peñas de rumberos, que funcionan prácticamente en todas las provincias, y eventos que han sido centro de promoción internacional, entre los cuales resaltan la feria Cubadisco y más recientemente el festival Timbalaye, enfatiza la entrevistada.
Para la estudiosa del tema resulta muy importante el papel del programa La Rumba no es como Ayer, mantenido ininterrumpidamente desde el año 2000 con frecuencia semanal en Radio Metropolitana, en La Habana.
Su colectivo tiene un gran mérito, destacó, porque su ejemplo contribuyó al surgimiento de otros espacios para esta música ya no solo en Radio Progreso con el locutor y promotor Eduardo Rosillo, sino también en emisoras de varias provincias, según comprobamos durante los viajes en los preparativos del expediente para la propuesta patrimonial.
Como conclusión de lo alcanzado, Diez opina que la declaratoria de la rumba como Patrimonio, primero Nacional y después de la Humanidad, obliga al compromiso de seguir profundizando en sus raíces.
Nada de lo logrado tendría sentido si no se siguen cocinando en los espacios auténticos esas expresiones tan imprescindibles para la cultura cubana, concluyó la estudiosa y promotora de esta manifestación, sinónimo de atmósfera festiva.
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