Comités de Defensa de la Revolución: medio siglo con el pueblo
Por Daniel Urbino
28 de septiembre de 1960. Los petardos reventaban por doquier, pero sin mellar en la voz del líder de la naciente Revolución, Fidel Castro, quien desde la terraza norte del Palacio Presidencial conversaba con el pueblo.
Apenas unas horas antes aterrizaba en la isla, proveniente de la XV Asamblea de las Naciones Unidas en Nueva York. Al conocer de su regreso, la multitud se agolpó en los alrededores del edificio.
De pronto, mientras Fidel Castro hablaba, uno de los artefactos explotó cerca del sitio donde se celebraba el encuentro.
El líder cubano miró el reloj y se cercioró de que no eran las nueve de la noche -hora en que por tradición se dispara un cañonazo en La Habana-. Luego dijo:
“Vamos a establecer un sistema de vigilancia colectiva, vamos a establecer un sistema de vigilancia revolucionaria colectiva… Están jugando con el pueblo y no saben todavía quién es el pueblo; están jugando con el pueblo y no saben la tremenda fuerza revolucionaria que hay en el pueblo.”
Así, de manera casi fortuita, quedó constituida la mayor organización de masas de Cuba: los Comités de Defensa de la Revolución (CDR).
En la actualidad, y tras recorrer 53 años de existencia, los CDR cuentan con más de ocho millones de miembros, el 92,6 por ciento de los habitantes mayores de 14 años.
Por supuesto, semejante participación es debido a una estructura territorial que abarca todo el espectro social, o sea, en las ciudades se organiza desde la base: en cada cuadra o edificio multifamiliar y va ascendiendo por zonas, municipios, provincias y hasta llegar a la nación.
En áreas rurales también se constituyen, pero en caseríos o bateyes.
La organización acepta a sus miembros de manera voluntaria y solo requiere que sean mayores de 14 años y estén de acuerdo con los principios que promueve el proyecto social que impulsa el país, además de actuar en concordancia con ello.
Retos y porvenir
Aunque los logros de la organización a lo largo de su historia han sido muchos, toda obra humana es perfectible. Por ello, los CDR, en la convocatoria a su VIII Congreso, invitaron a sus integrantes a efectuar una mirada profunda, una reflexión despojada de triunfalismos, en aras de valorar objetivamente lo alcanzado.
En el llamamiento para el cónclave, la organización instó a criticar las deficiencias y proponer soluciones a los problemas.
Además, a fortalecer el funcionamiento de las estructuras a todos los niveles, elevar la combatividad y el enfrentamiento a la contrarrevolución, el delito, las ilegalidades y las manifestaciones antisociales.
Los retos, semejantes a los que enfrenta la sociedad cubana actual, no son sencillos. Para hallar soluciones deberán entonces enfocar el trabajo en la familia y sobre todo en los jóvenes, a los que, según reconocen, deben propiciarles la posibilidad de jugar un papel más activo en las tareas y funcionamiento de la organización.
Otro reto a superar es el exceso de formalismo y de improvisaciones en los comités, fenómenos que provocaron una ralentización del papel de las bases, las cuales deben retomar con celeridad el dinamismo que siempre las caracterizó.
Superar estos escollos será sin duda complejo, mas no imposible.
La pretensión es que este congreso —donde participarán más de 400 delegados y 40 invitados, durante los días 26, 27 y 28 de septiembre— sea el de la familia cubana.
Esta organización ha sido, por más de medio siglo, “defensora de la unidad como arma estratégica de la Revolución, la que fomenta la solidaridad entre vecinos, promueve el fortalecimiento de los valores y es ejemplo de coraje, dignidad, firmeza y patriotismo”.
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