Cuba-EE.UU., nuevos aires migratorios

Cuba-EEUU nuevos aires migratorios.

Por Charly Morales Valido

Al despedirse de los reporteros, en su última conferencia de prensa como presidente de Estados Unidos, Barack Obama defendió la eliminación de la política de “pies secos, pies mojados”, por considerarla “una vieja manera de pensar que no tenía sentido”.

El exmandatario tomó la decisión tras consultas con el Departamento de Seguridad Nacional, e incluso la notificó al equipo de transición de Donald Trump, cuya posición al respecto es aún una incógnita, como su mandato, o el futuro de la nación…

Desde ya, el cubano que intente llegar a Estados Unidos no será legalmente admitido ni recibirá pensiones alimenticias, seguro médico ni permiso de trabajo o posibilidades de estudio. Tampoco podrán acogerse automáticamente a la Ley de Ajuste Cubano, y al vencer su visa, si la tiene, debe regresar a Cuba o será deportado, como un extranjero más, sin preferencias que sufragaba, a regañadientes, el contribuyente norteamericano.

Ben Rhodes, asesor especial de Obama para las relaciones con Cuba, admitió que fue estudiada la posibilidad de realizar una excepción en la nueva política para beneficiar a los cubanos que estaban en tránsito, pero era imposible distinguirlo de los demás.

Además, hacer salvedades habría desatado una eventual crisis migratoria que quizás la administración Trump resolvería de forma drástica, a juzgar por sus amenazas electorales. Eliminar la política de “pies secos, pies mojados”, así como el parole para los profesionales cubanos de la salud, destaca en la intensa despedida de Obama.

Si bien Cuba reclama, con razón, la necesidad de derogar la Ley de Ajuste Cubano, levantar el bloqueo y devolver el territorio de la Basa Naval de Guantánamo, el fin de una política que propició la muerte de cientos de miles de cubanos en el mar o en las violentas rutas de Centroamérica es algo digno de resaltar.  

Por una parte, Cuba reconoce que los flujos migratorios son un fenómeno natural entre países subdesarrollados y desarrollados, pero defiende que se produzcan legal y ordenadamente, lo cual no ocurría hasta ahora. Para normalizar la situación, algo en lo que ambos Gobiernos trabajan desde diciembre de 2014, ayudaría que Washington mantenga su compromiso de otorgar al menos 20 mil visas a migrantes al año, una cuota que, por cierto, es fruto de la insistencia del Gobierno cubano.

A todas estas, las autoridades de Cuba ratificaron su compromiso con el derecho de sus ciudadanos a emigrar, un fenómeno universal que transcurre aquí con toda normalidad gracias a las medidas adoptadas el 14 de enero de 2013. Aquel día fueron eliminados requisitos como un permiso de salida del país y una carta de invitación, lo cual les facilitó a los portadores de pasaporte corriente la posibilidad de viajar al extranjero y regresar.

Apenas una minoría quedó sujeta a regulaciones especiales para salir del país, lo cual pueden hacer, pero con la debida autorización, y los cubanos pueden pasar hasta 24 meses fuera de Cuba sin perder su condición de residente. Según datos de la Cancillería, 671 mil cubanos viajaron al extranjero desde esa actualización de la política migratoria, de ellos un 78 por ciento viajó por vez primera y un 45 por ciento ya ha regresado.

Contrario a la imagen que imponen ciertas agendas mediáticas, la emigración no es un fenómeno exclusivo de Cuba, cuyos indicadores distan de ser los más altos a nivel global e incluso regional, según fuentes oficiales. En Estados Unidos, principal destino de los emigrantes cubanos, estos apenas constituyen el cuatro por ciento de los hispanos que viven en ese país, donde los mexicanos son el 64 por ciento de la población latina.

 

El acuerdo entre los gobiernos de Cuba y los Estados Unidos busca garantizar una migración regular, segura y ordenada.

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