Cuba-Japón

El primer samurái que llegó a CubaPor Lucía Arboláez   Quien pasee por la Avenida del Puerto, zona muy concurrida en la capital cubana, sobre todo en horas de la tarde, cuando el sol se  pierde en el ocaso, llaman mucho la atención los diversos monumentos erigidos en homenaje a figuras nacionales y extranjeras que se pueden encontrar en esta área de nuestro litoral.Uno de ellos es el esculpido en bronce, de un japonés, vistiendo ropajes de épocas remotas y portando armas de samurái, erigida allí en homenaje a Hasekura Rakuemon Tsunenaga, también conocido como el Samurái Peregrino.Tsunenaga, oriundo de Sendai —ciudad japonesa distante de Cuba unos 11 mil 850 km— de donde partió en el año 1613, en calidad de embajador de buena voluntad, acción conocida como Misión de Keicho.El pequeño sitio rinde homenaje a la primera visita —que se recuerde— de un natural del país del sol naciente en la lejana fecha de julio de 1614, en tránsito hacia la Metrópoli y de la que este año se cumple el 400 aniversario.La escultura, obra del artista Mizuho Tsuchiya, fue elaborada y fundida en Japón a petición de la escuela Sendai Ikuei Gakuen. El área que ocupa, aledaña al puerto habanero, lo conforma una plazoleta en la que fueran colocadas piedras procedentes de Japón y Cuba, con una vegetación donde predominan bambúes y pinos.Asimismo, sobre tablas de cerámica que rodean la plazoleta, están representadas las cuatro estaciones del año y los festejos que en esas fechas se celebraban en la aldea natal del Samurái Peregrino. Dos fechas a relieve, indican la distancia que hay hasta  Roma y Sendai, de donde partiera Tsunenaga  en la misión que realizara  por varios países del mundo.En el Museo de Asia de nuestra capital,  enclavado en una concurrida zona de la parte antigua de la ciudad, se guarda un facsímil de la misiva que portara Tsunenaga y que enviara su señor feudal al Cabildo de Sevilla, proponiéndole establecer relaciones comerciales con América, a través de España.En ocasión de la inauguración del complejo monumental, hace unos años, se realizó en ese lugar un desfile encabezado por descendientes de samuráis que viajaron a Cuba para dichos festejos.El pequeño pero acogedor parque es frecuentemente visitado por paseantes, adultos y niños que curiosean en esa área, porque ¿quién no se asombra de ver un samurái con todo sus instrumentos, de pie, contemplando el paisaje cubano, tan lejos de su tierra natal?

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