Cuba y las tumbas francesas

Por Lucía Arboláez
 “..Nuestra comunidad está ubicada en una zona intrincada, para llegar a la carretera  que nos lleva al pueblo más cercano hay que atravesar 27 pasos del río, nuestra comunicación es a través de la emisora de radio donde llevamos y nos envían los mensajes familiares o amigos fuera de la zona…”.
Quien habla es una joven negra de gran belleza, descendiente de los muchos esclavos que por esa zona estuvieron al servicio de los colonos franceses establecidos allí siglos atrás, al igual que en otras regiones de Cuba, sobre todo en la parte oriental de nuestro archipiélago.
Nuestra interlocutora, Elivania Lamoth, es miembro de uno de los grupos que en esta parte del país recibieron en el año 2003 la condición de Obra Maestra del Patrimonio Oral Inmaterial de la Humanidad, otorgada por la UNESCO.
Nombradas Tumba Francesa son un espacio cultural recreativo músico-danzario, que ha tenido distintas formas de manifestarse desde su origen; en la actualidad, se salvaguardan tres: La Caridad de Oriente, de Santiago de Cuba; La  Santa Catalina de Ricci o Pampadour, en Guantánamo, y La de Bejuco en la provincia de Holguín.
A esta última pertenece Elivania, es la menos conocida, quizás por lo apartado de la zona donde se ubican; no obstante, sus miembros, en su mayoría con apellidos similares y en muchos casos de origen francés, no han dejado, pese a las condiciones sociales en que viven, dar a conocer las tradiciones heredadas de sus ancestros.
Este grupo músico-danzario de tradición, festiva y rural de ascendencia afro-franco-haitiana, al decir de un reconocido historiador holguinero, son practicantes y guardianes de los valores culturales de generaciones que le antecedieron, su proceso de formación está condicionado por su devenir histórico-social que le dio origen. Reconocen, transmiten, transforman y crean valores culturales por y para su comunidad”.
La Tumba Francesa de Bejuco proviene de la primera inmigración del Caribe francófono que llegó a nuestro país y su ubicación es en la comunidad serrana de Bejuco, en Sagua de Tánamo, provincia de Holguín. Su origen y época de mayor esplendor data de la última década del siglo XIX y los dos primeros decenios del siglo XX; es la única de su tipo con tipología rural.
 Desde su surgimiento se circunscribieron a su comunidad y no es hasta los años 70 y 80 del pasado siglo que tiene un período de auge y reconocimiento con los estudios del Atlas Etnográfico y de Instrumentos Musicales de Cuba.
 Los toques y bailes de esta expresión han sido celosamente conservados por diferentes instituciones culturales del municipio y la provincia. La transmisión de saberes y habilidades de carácter generacional, a través de familias y vecinos de la localidad, es la garantía para su mantenimiento y continuidad como manifestación patrimonial.
 Dentro de las distinciones recibidas por ellos están: el Premio Nacional Memoria Viva del Centro Nacional de Investigaciones Juan Marinello, y la Distinción del mismo nombre que otorga el Ministerio de Cultura.
Recientemente, estuvieron en la capital y ofrecieron sus modestos bailes a un público entusiasta que los veía actuar por primera vez, entre ellos, quien escribe. El patio del Museo de África, en la zona antigua de La Habana, los recibió. De ellos pude conocer que sus integrantes fusionan, en sus bailes, ritmos africanos junto con la danza francesa, que se bailaba en el Caribe por aquella época, además de su organización jerárquica e incluso hasta la forma de vestir.
En fin, las tumbas francesas difieren bastante de otros bailes africanos presentes en la cultura cubana. En ello influye no solo el vestuario característico: elegantes fracs y pantalones de corte francés para los hombres y batas de cola de corte princesa con grandes vuelos y encajes para las mujeres, sino también por incluir en sus bailes, los llamados de salón.

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