Cultura

 

 

Escudo de la nación cubanaPor Charly Morales ValidoApenas habían pasado diez días desde que Carlos Manuel de Céspedes adelantara en su ingenio La Demajagua el alzamiento armado contra la Corona española, cuando el 20 de octubre de 1868 fue entonada por primera vez La Bayamesa, cuya versión reducida se convirtió en canto de batalla de los independentistas cubanos: el Himno Nacional.Cuenta la leyenda popular, más poética que verosímil, que Pedro Figueredo lo compuso sentado en su caballo e instantes después, toda la villa de Bayamo coreaba aquellas estrofas enérgicas, que llamaban al sacrificio de morir por la Patria libre.Aquella fecha quedó consagrada como Día de la Cultura Nacional, y sus versos han acompañado a los cubanos en disímiles combates de toda índole. Ahora conservan su vigencia, y son invocados para rescatar valores que mejoren la espiritualidad nacional.De hecho, el reciente congreso de la Asociación Hermanos Saíz (AHS), organización que aglutina a jóvenes intelectuales y creadores de Cuba, llamó a poner todo el talento a favor de la cultura y la identidad de la nación. En ese contexto, la AHS tiene 27 años de experiencia en la promoción del arte joven y de vanguardia en Cuba que, a tono con los tiempos, actualiza y rediseña su sistema de enseñanza artística con el objetivo supremo de mantener un prestigio internacional en las artes y el pensamiento, con figuras indispensables en el concierto mundial.Decía el timbalero boricua, Tito Puentes que, si los cubanos volvían al circuito de la salsa, en Nueva York los “consagrados” tendrían que volver a la escuelita. Y tenía razón, pues la riqueza musical cubana es tanta, que hasta en el rock and roll dejó su influencia, con un inimitable “tumbao” endémico, que ha sentado cátedra hace más de un siglo.Lo curioso es que toda esa fuerza telúrica y rítmica nace en los barrios, emerge como algo genético, como fruto de la simbiosis de culturas ibéricas, africanas, asiáticas e incluso aborígenes, que forman la nacionalidad cubana, esa que el antropólogo Fernando Ortiz definió como un “ajiaco”, sustanciosas, variopintas y sabrosas…El sincretismo que veneran los cubanos en sus altares también caracteriza a esta raza, por llamarnos de alguna manera, que ratifica su diversidad al decir que “pueden ser de todo, menos pesados”. Y más allá de ciertos estereotipos folclóricos, tienen razón…Cuba confirma lo que postulaba el sociólogo francés Edgar Morin: aquí “cultura es policultura”, un compendio de tradiciones y saberes musicales, literarios, pictóricos, culinarios, bailables, del vestir, el hablar, el gesticular o vivir el deporte: en Cuba un duelo de béisbol logra despertar más pasiones que un culebrón de Félix B. Caignet.Hacer y defender una cultura autóctona en la aldea global en que se ha convertido el mundo es un desafío para Cuba. Por un lado está el bloqueo estadounidense contra Cuba, que afecta las presentaciones de los artistas nacionales en el vecino país, sin contar cómo encarece la adquisición de materiales para el ejercicio artístico. Y por otro lado está el bombardeo mediático de patrones foráneos que dictan cómo se debe ser, si bien la irreverencia cubana es más fuerte: el cubano se reinventa esos cánones y muchas veces los mejora. Por lo menos aquí, el reguetonero ha estudiado algo de música…El gobierno de Cuba sabe que cuenta con una vanguardia artística capaz de enfrentar los proyectos de colonización cultural impuestos desde fuera y, en la actualización del modelo socio-económico que vive el país, la cultura es un pilar imprescindible. Es, como exhorta el himno, el nuevo combate al que corren los cubanos, para que la Patria los contemple orgullosa…

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