Cultura

Festival Leo Brouwer llega a su fin, su impronta se engrandece
Por Damián Estrada
El recién concluido VI Festival Leo Brouwer se recordará como el último, hecho que no influye en lo conseguido en seis ediciones de un evento diseñado para enaltecer el gusto musical de todo un pueblo.
Desde 2009, la capital cubana se viste de gala y cita a los mejores exponentes de la música de cámara de todo el planeta, haciendo honor a la frase que ha regido al Festival desde sus inicios: “un maridaje perfecto de músicas inteligentes”, como bien señalara el propio Brouwer.
 En la más reciente edición, dedicada al aniversario 75 del destacado compositor y guitarrista cubano, nombres como el del argentino Fito Páez, el franco-estadounidense Yo-Yo Ma, el noruego Henning Kragerud, entre muchos otros, mostraron al mundo la vigencia y el poder de convocatoria del evento, pese a ser el último.
 Uno de los hechos más relevantes de la versión de 2014 fue que la invitación a Yo-Yo Ma le sirvió para recibir el Gran Premio de Honor Cubadisco, máximo galardón del evento de mayor relevancia de la industria discográfica cubana.
Ya en ediciones anteriores la cita musical se estableció como uno de los más importantes de su tipo en el orbe, con otros artistas como el bosnio Edin Karamazov, el italiano Marco Lo Russo o los españoles Paco de Lucía y Jordi Savall, estableciendo la base del Festival que hoy conocemos.
Uno de los datos más emotivos es que Paco de Lucía, amigo personal de Brouwer, actuó en la quinta edición, justo antes de su fallecimiento al año siguiente a causa de un ataque cardíaco, hecho que llevó al músico cubano a dar sentidas declaraciones sobre el lamentable acontecimiento, así como a organizar diversos homenajes en su honor.
Del patio resulta difícil enumerar una lista, pues no sería exagerado plantear que ni uno solo de los más relevantes concertistas del país ha dejado de pasar por las tablas de las diversas plazas y sedes en que se ha realizado el Festival.
Figuras cimeras de la cultura cubana han amenizado al público o han sido objetos de merecidos homenajes, como los trovadores Silvio Rodríguez y Pablo Milanés, el laureado pianista Chucho Valdés y el músico Ernán López-Nussa, por sólo citar algunos, así como el propio Leo Brouwer, claro está.
Pero no solo de música se ha nutrido la iniciativa de Brouwer durante los muchos días en que se ha realizado; otras artes como la plástica, la literatura, el cine, así como conversatorios y clases magistrales, entre muchas otras variantes, han formado parte del programa del evento.
Ejemplo vivo de esto son las recurrentes exposiciones del destacado pintor cubano Eduardo Roca (Choco), subastas con fines benéficos de cuadros de los mejores exponentes de las artes visuales en el país o la cancelación de sellos relevantes para la cultura nacional, entre otras.
De esta manera, se nos escapó entre las manos el último Festival de Música de Cámara Leo Brouwer, pese a que muchos que quisieran haber contenido los 17 días que duró por una eternidad, pero de consuelo queda lo que hemos crecido en seis años que nos enseñaron a apreciar el verdadero arte con una mirada más acertada.

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