Cultura

El gran tesoro de la cultura cubana.
Por Charly Morales Valido
La cultura cubana sufrió un duro golpe en 2014 con la muerte de Juan Formell. Por eso en el Día de la Cultura Nacional abundaron los tributos al autor que revolucionó el formato de charanga y la música cubana en total, al frente de la legendaria orquesta Los Van Van, protagonista en la banda sonora de la Isla en los últimos 45 años.
De entrada, el llamado Tren de la Música Popular Cubana ofreció tres conciertos en el oriente del país, en las ciudades de Holguín, Santiago de Cuba y Bayamo, esta última de gran significación para la cultura del país, pues en su plazoleta central fue cantado por primera vez el Himno Nacional de Cuba, el 20 de octubre de 1868.
Justamente esa fecha marca el Día de la Cultura Nacional. Apenas habían pasado 10 días desde que el prócer Carlos Manuel de Céspedes comandara un alzamiento armado en La Demajagua (Manzanillo) contra la corona española, cuando los bayameses entonaron el canto guerrero que ha acompañado las reivindicaciones cubanas desde entonces.
Cuenta la leyenda popular, más poética que verosímil, que Pedro Figueredo lo compuso sentado en su caballo, e instantes después toda la villa de Bayamo coreaba aquellas estrofas enérgicas que llamaban al sacrificio de morir por la Patria libre. Son versos que conservan toda su vigencia, pues ahora los invocan para rescatar valores que mejoren la espiritualidad nacional.
Cuba es una tierra de artistas con fama internacional, pero el concepto de cultura va más allá de expresiones musicales, literarias, pictóricas o histriónicas. Es algo que brota como una fuerza telúrica y rítmica en los barrios, emerge como algo genético, como fruto de la simbiosis de culturas ibéricas, africanas, asiáticas e incluso aborígenes que forman la nacionalidad cubana, esa que el antropólogo Fernando Ortiz definió como un “ajiaco”, sustancioso, variopinto y sabroso…
En esta tierra sincrética por antonomasia, se confirma el postulado del sociólogo francés Edgar Morin, según el cual “cultura es policultura”. Aquí convive un compendio de tradiciones y saberes musicales, literarios, pictóricos, culinarios, bailables, del vestir, el hablar, el gesticular o vivir el deporte, en particular el béisbol, aunque últimamente el fútbol despierta más pasiones, algo inconcebible hace apenas unos años.
Hacer y defender una cultura autóctona en la aldea global en que se ha convertido el mundo es un desafío para Cuba. Por un lado está el bloqueo estadounidense contra Cuba, que afecta las presentaciones de los artistas nacionales en el vecino país, sin contar cómo encarece la adquisición de materiales para el ejercicio artístico. Y por otro lado está el bombardeo mediático de patrones foráneos que dictan cómo se debe ser. Duro pero cierto: pasa otro año y el reguetón, como el dinosaurio de Monterroso, sigue aquí…
Por suerte ahí está la música de Formell, los versos de Fina, la prosa de Lezama, el teatro de Arrufat, la cocina de Smith, el jonrón de Marquetti, el magisterio de Fernando, la grandeza de Martí… Todo un tesoro que define, enorgullece y salva a los cubanos: su cultura.

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