Dulcila Cañizares

Dulcila Cañizares, poetisa e incansable investigadora

El Café Vista Alegre y la trova tradicional cubana

Por Amelia V. Roque
Fotos: La autora

Obras y autores poco conocidos o injustamente olvidados rescata la investigadora de la música cubana, Dulcila Cañizares, en su título recién publicado Café Vista Alegre, en el que trovadores, melodías, lugares y evocaciones confluyen para preservar la memoria.

Publicado por el Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau en su colección A guitarra limpia, y presentado hace poco en el Sábado del Libroespacio del centro histórico habanero donde se da a conocer lo más importante del quehacer literario cubano—, el volumen resalta la importancia de ese lugar donde se tejieron historias y leyendas.

A juicio de la acreditada estudiosa, cada vez que se lee un libro o una reseña acerca de la trova tradicional cubana, se menciona al Café Vista Alegre y solo se indica que estaba en la calle Belascoaín, entre San Lázaro y Malecón, La Habana. Se dice que allí cantaron los mejores troveros de la época por más de 40 años, hasta cerrar en diciembre de 1958, al venderse el edificio en el que estaba situado.

La trova tradicional surgió en Santiago de Cuba en el último tercio del siglo XIX, con raíces europeas y africanas, y se transformó en un movimiento estético-musical catalogado dentro del neoromanticismo popular de la Isla, con una identidad nacional propia.

Por eso se dio a la tarea de rescatar la historia del recinto, descrita con precisión y amenidad; además, se refiere a otros sitios donde se cantaba la vieja trova en la capital y diversas ciudades cubanas, para dar paso a pequeñas biografías de compositores e intérpretes que dejaron su impronta allí.
Entre ellos figuran Sindo Garay (La tarde, Perla marina, Mujer bayamesa); Manuel Corona (Aurora, Longina, Tu alma y la mía); Alberto Villalón (Boda negra, La palma herida, Me da miedo quererte) y Rosendo Ruiz (Falso juramento, Confesión, Presagio triste).

“También doy a conocer a los más olvidados, pues de ellos han quedado pocas huellas pero es necesario saber que aportaron conocimientos, emociones y amor, guitarra en mano, para el surgimiento de nuestra trova tradicional, legado musical que forma parte del patrimonio cubano”, detalla la autora.

Un aporte cultural

El reciente libro de Dulcila Cañizares es un aporte, no solo a los estudios relacionados con la trova tradicional sino también a la propia historia cultural de la nación cubana, comenta a Correo de Cuba el crítico literario Fernando Rodríguez Sosa.
Para el también periodista y promotor cultural contribuye no solo a preservar la memoria nacional, sino que la investigadora salva del olvido a hombres y mujeres que aportaron a la conformación de ese legado.

A su vez, el poeta, cineasta y narrador Víctor Casaus, director del Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, califica a la estudiosa de profunda conocedora de esa manifestación de la cultura cubana, también presente en su título Café Vista Alegre.

Organizado por el Instituto Cubano del Libro y el Centro Pablo, la presentación del cuaderno, que cuenta con un atractivo diseño de cubierta de Katia Hernández, devino homenaje a dicha autora con motivo de su cumpleaños 80.
Dulcila Cañizares (Santiago de las Vegas, Cuba, 1936) cursó estudios de armonía e historia de la música, fue profesora de piano, teoría y solfeo, y ha desarrollado una seria labor investigativa como las biografías-testimonio Gonzalo Roig (1978) y Julio Cueva (1991).

Es autora de los ensayos La trova tradicional cubana (1992, 1ra. ed.; 1995, 2da. ed.) y La música sacra en Cuba (1995), además de otros estudios sobre música recogidos en artículos y libros.

En su obra ensayística resalta asimismo San Isidro, 1910. Alberto Yarini y su época (2000, 1ra. ed.; 2006, 2da. ed.), en la que profundiza en la vida del famoso proxeneta dentro del contexto sociohistórico de su tiempo, título que inspiró la obra de teatro Muerto el gallo se acabó la rabia; el ballet Yarini, y una canción de rock.

Tiene publicados unos 15 poemariossus preferidos son De mi tierra (1979) y Agua jubilosa (1995)—, quehacer que le valió el premio Samuel Feijoo de Poesía sobre Medio Ambiente por la obra de toda la vida, consagrada a exaltar la naturaleza cubana, concedido en 2009 por la Sociedad Económica de Amigos del País.

Al valorar el notable quehacer intelectual de Dulcila Cañizares como investigadora de la música cubana, ensayista y poeta, Rodríguez Sosa recuerda una frase de José Martí: “La nobleza del hombre es la memoria”. Ella lo hace realidad en toda su obra, significó.
 

Dulcila Cañizares, poetisa e incansable investigadoraCafé Vista AlegreLa trova tradicional cubana.La Música Sacra en Cuba.San Isidro 1910. Alberto Yarini y su época.

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