El amor de José Martí a la libertad de Cuba

Por Marta Denis Valle

Desde la niñez José Martí (1853-1895) sintió un inmenso amor hacia Cuba y la batalla en aras de su libertad solo cesó al precio de la vida, ejemplo seguido hasta hoy por las sucesivas generaciones de cubanos.

Fue este un amor desgarrador; sufrió cárcel y pasó en el exilio casi todo el tiempo, lejos de esta capital donde nació el 28 de enero de 1853.

Luchó contra el colonialismo español y los apetitos expansionistas del poderoso vecino del Norte, como escribió en carta inconclusa a su gran amigo mexicano Manuel Mercado, víspera de morir en el combate de Dos Ríos, oriente cubano (19 de mayo de 1895), a los 42 años de edad.

“…Ya estoy todos los días en peligro de dar mi vida por mi país y por mi deber —puesto que lo entiendo y tengo ánimos con que realizarlo— de impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América”.

El amor patriótico martiano

Era un adolescente de 15 años al estallar la primera guerra independentista, el 10 de octubre de 1868, y meses después ingresó en la cárcel, el 21 de octubre de 1869.

El suceso había impactado en Pepe Martí, quien hizo una elección entre el régimen colonial que oprimía a su pueblo y la defensa de este.

Era hijo de emigrantes pobres, súbditos españoles, el valenciano Mariano Martí y Navarro, sargento primero del Real Cuerpo de Artillería, y Leonor Pérez Cabrera, de Santa Cruz de Tenerife, Islas Canarias.

A pesar de los ruegos paternos fue condenado a seis años de presidio políticoen 1870, como parte de la ola represiva del poder colonial, y desterrado después.

Llevó grilletes que dañaron su cuerpo y trabajó en las canteras de San Lázaro, cerca del actual Malecón habanero.

Sus sentimientos patrióticos aparecen en el soneto ¡10 de Octubre!, publicado en los primeros meses de 1869 (periódico manuscrito Siboney, de los estudiantes de segunda enseñanza de La Habana).

En el artículo del 19 de enero de 1869 Yara o Madrid (el Diablo Cojuelo, de su amigo y condiscípulo Fermín Valdés Domínguez) expone la opción entre la Revolución o las demandas de los fracasados reformistas criollos.

Por la patria morir, antes que verla / Del bárbaro opresor cobarde esclava, afirmó en su poema dramático Abdala, el 23 de enero en el único número de su periódico La Patria Libre.

El héroe que le da nombre encarna los sentimientos del joven Martí y Nubia, lugar donde se desarrolla, es Cuba.

En Abdala declara su concepto de amor a la Patria:

El amor, madre, a la patria / No es el amor ridículo a la tierra, / Ni a la yerba que pisan nuestras plantas; / Es el odio invencible a quien la oprime, / Es el rencor eterno a quien la ataca.

Notable poeta, orador, periodista, escritor, maestro, traductor y diplomático, José Martí alcanzó un mérito superior: Héroe nacional de la independencia cubana.

Fundador del Partido Revolucionario Cubano (PRC) y Delegado del mismo, organizó con esa fuerza política la última guerra de independencia, a la que acudieron cubanos de varias generaciones patrióticas.

Martí repudió a ciertos elementos anexionistas, deseosos de obtener libertad sin pagarla a su precio, y defendió al pueblo cubano de las ofensas de un  periódico de Filadelfia, en su célebre Vindicación de Cuba (1889).

“Solo con la vida cesará entre nosotros la batalla por la libertad”, refutó en carta pública las calumnias sobre el poco valor de sus coterráneos.

La guerra de Cuba —dice en su carta a Mercado—, realidad superior a los vagos y dispersos deseos de los cubanos y españoles anexionistas, ha venido a su hora en América, para evitar la anexión de Cuba a Estados Unidos.

Hubo varios hechos ciertos; la intervención militar de Washington, en 1898, frustró la independencia absoluta de Cuba luego de tres sangrientas guerras, pero no lograron su anexión dada la resistencia popular.

El triunfo de la Revolución Cubana (1959), inspirada en las ideas martianas, derribó la neocolonia y alcanzó la plena libertad y soberanía.

 

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