El Apóstol

Aprender sobre Guatemala de la mano de Martí
 
Por Randy Saborit Mora
 
Mucho puede aprenderse de la Guatemala decimonónica, al leer a José Martí, quien escribió páginas memorables sobre las bellezas culturales y paisajes de este país centroamericano, donde celebró su 25 cumpleaños en 1878.
Sobre más de un centenar de lugares guatemaltecos, ya fueran espacios físicos o naturales, escribió Martí (1853-1895), al reflejar lo vivido en la denominada tierra del quetzal, entre marzo de 1877 y julio de 1878.
Además, aquí escribió el drama indio Patria y Libertad, el diario de Izabal a Zacapa y proyectó publicar La Revista Guatemalteca para difundir las riquezas poco conocidas de la nación que acogió al peregrino humilde, como él mismo se autodefiniera en su ensayo Guatemala.
Con el don de encender espíritus dormidos gracias a su verbo sincero, impartió clases en la Universidad de San Carlos, el Instituto Nacional de Señoritas, la Escuela Normal de Varones y la Academia de Niñas de Centroamérica.
En este último plantel estuvo inscrita María García Granados, a quien el escritor inmortalizó en el célebre poema La Niña de Guatemala, escrito en Estados Unidos 13 años después de la muerte de la bella adolescente en esta capital.
María era la hija del expresidente Miguel García Granados, con quien el más universal de los cubanos jugaba ajedrez en la residencia de aquel, ubicada a una cuadra de la casa donde se hospedó Martí.
Referido al río Dulce, lo definió como el más grande que nunca un hombre hubiera podido ver.
Aunque ya había divisado el habanero Almendares y sabía por referencia del caudaloso Amazonas, se mostró asombrado al ver "el más solemne espectáculo, la más grandiosa tarde" a la entrada de ese afluente de 43 kilómetros de largo.
Muchos años antes de que los emigrados cubanos en Estados Unidos lo bautizaran como el Apóstol, el mozo curioso navegó esa corriente que describió con "tan altas montañas por ribera (...) de tantas palomas, de tan soberbios cortinajes de verdura..." 
Con la mala fe de burlarse de sus dotes oratorias, guatemaltecos reaccionarios lo calificaron como "Doctor Torrente" en sueltos que circularon en noviembre de 1877.
Aquellos, de quienes ni se recuerdan sus nombres, intentaron desprestigiarlo ante sus discípulos y simpatizantes.
Con luz en la frente salió en julio de 1878 de Guatemala el destacado intelectual, nombrado un año antes vicepresidente de la Sociedad Literaria El Porvenir, la cual realizaba veladas en el Teatro Colón, destruido tras el terremoto de 1917.
Hoy, donde fuera erigido aquel centro cultural a semejanza de un templo griego, está un parque por el cual caminan a diario cientos de capitalinos, que tal vez ignoren lo mucho que hizo aquel poeta de actos en la denominada tierra del quetzal.

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