El desterrado Heredia

Por Marta Denis Valle

José María Heredia y Heredia (1803-1839), joven cubano de carácter romántico, fue el primero que en sus versos expresó los anhelos de la independencia y llevó consigo la angustia de la Patria, la familia y su juventud desterrada.

Antes de cumplir 20 años y recién graduado de abogado, Heredia formó parte en la Conspiración Independentista de los Soles y Rayos de Bolívar (1823);

escubierto, se ocultó en casa de amigos y logró embarcar clandestinamente por el puerto de Matanzas hacia Estados Unidos, el 14 de noviembre.

En el proceso seguido en Cuba, fue condenado a destierro por las autoridades coloniales, el 24 de diciembre de 1824.

Desde Nueva York escribió a La Habana, el 15 de marzo de 1825, a Domingo del Monte sobre “el decreto atroz que me cierra para siempre las puertas de mi patria”:

“Figúrate mis padecimientos en tantos meses de enfermedad casi continua, entre los dolores de mi cuerpo y la agitación perpetua de mi espíritu. Estos dos inviernos han acabado no solo con mi cuerpo, sino con mis facultades intelectuales”.

El peso represivo del régimen colonial cayó nuevamente sobre él. El 20 de enero de 1831 recibió, en ausencia, la pena de muerte, acusado de participar en la Conspiración del Águila Negra, organizada en México.

Cantor de la libertad, poeta político y civil, abogado, periodista, profesor de español e historia, dramaturgo, traductor, político y orador, dejó una amplia obra, gran parte de la cual tuvo resonancia cubana y latinoamericana.

Heredó el destino trashumante de sus progenitores, los dominicanos María Mercedes Heredia y Campuzano (1782-1855) y José Francisco Heredia y Mieses (1776-1820), emigrados a Cuba en 1801, por la invasión haitiana.

Aunque nació casi por casualidad en Santiago de Cuba, el 31 de diciembre de 1803, llevó siempre en su corazón la certeza de ser cubano.

Vivió en Cuba, en conjunto, solo nueve años y fueron fundamentalmente, los primeros de su niñez y juventud, y los de su formación cívica y profesional.

Durante su niñez y primera juventud, la profesión de Don José Francisco, funcionario judicial, lo lleva a residir varios años en la península de la Florida, Venezuela y México, de donde regresa a Cuba tras el fallecimiento del padre.

En octubre de 1825 se estableció en México por invitación del presidente Guadalupe Victoria, después de una estancia de un año y nueve meses en Estados Unidos, donde no le hizo bien el clima. En Nueva York había sido profesor de español.

Muy famosa es su Oda al Niágara (Estados Unidos, 1824) en la que evoca las palmas de su patria frente a la otra naturaleza. Escribió entre muchos otros trabajos, versos antes de cumplir nueve años y, a los 16, compuso una de sus obras más notables En el Teocalli de Cholula.

Al divisar las costas cubanas, desde el barco rumbo a México, le nació del alma el Himno del desterrado (septiembre de 1825), en cuyas últimas estrofas afirma:
¡Cuba! al fin te verás libre y pura / Como el aire de luz que respiras, / Cual las ondas hirviente que miras / De tus playas la arena besar. / Aunque viles traidores le sirvan, / Del tirano es inútil la saña, / Que no en vano entre Cuba y España / Tiende inmenso el mar.

Su labor periodística tomó carácter sistemático en su largo exilio junto a su obra poética, a la par de su trabajo en diversas profesiones.

Regresó poco tiempo a Cuba (14 de noviembre de 1836-15 de enero de 1837) para ver por última vez a su madre, después de enviar una carta solicitando el permiso al capitán general Miguel Tacón, cuestión que le criticaron sus antiguos amigos como Domingo del Monte.

Murió muy pobre en la Ciudad de México, el 7 de mayo de 1839, a la edad de 35 años, víctima de la tuberculosis y triste por la pérdida de algunos de sus hijos.
Heredia nos enseñó, primero, a sentir esa necesidad histórica de la nación independiente y libre, afirmó el crítico Ángel Augier, compilador de su epistolario.
Inspiró a los patriotas de 1868 y 1895. José Martí, un gran herediano, reconoció que “acaso fue él quien despertara en su alma, como en la de los cubanos todos, la pasión inextinguible por la libertad”.

“Pero nuestro Heredia que no tiene que temer del tiempo: su poesía perdura, grande y eminente”, expresó; es el “primer poeta de América”, “solo él ha puesto en sus versos la sublimidad, pompa y fuego de su naturaleza”.

Quizás nadie como Martí comprendió el sufrimiento del poeta desterrado, al escribir estas palabras: “¡Mucho han de perdonar los que en ella pueden vivir a los que saben morir sin ella!”.(1)

Duele profundo a Martí “el poeta que había tenido valor para todo, menos para morir sin volver a ver a su madre y a sus palmas”…”el que para ser en todo símbolo de su patria, nos ligó, en su carrera de la cuna al sepulcro con los pueblos que la creación nos ha puesto de compañeros y hermanos”. (2)
(1)Heredia. Artículo de Martí en El Economista Americano, Nueva York, julio de 1888.

(2) Heredia. Discurso homenaje de José Martí, en Hardman Hall, Nueva York, el 30 de noviembre de 1889.
 

José María Heredia, joven de carácter romántico, fue el primero que expresó en sus versos los anhelos por la independencia y llevó consigo la angustia de la Patria, la familia y su juventud desterrada José María Heredia, primer poeta de AméricaJosé Martí, un gran herediano, expresó que solo Herdia fue quien despertara en su alma, como en la de los cubanos todos, la pasión inextinguible por la libertad

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