El otro payaso

Por Hermógenes Gutiérrez, cubano residente en Panamá y miembro de la directiva de la Asociación Martiana de Cubanos Residentes en Panamá. El Gobierno de la República de Panamá invitó a todas las naciones Latinoamérica y el Caribe, y a EE.UU. y Canadá, a la 7ª Cumbre de Las Américas, a celebrarse en este hermano país, en abril del 2015. Panamá extendió la invitación al gobierno cubano, posición que como cubano que soy, valoro como un gesto de respeto a mi Patria.  El pichón de cubano y presidente del Comité de Relaciones Exteriores del Senado de Estados Unidos, Robert Menéndez, criticó y amenazó al gobierno panameño por tal decisión. Y uno se pregunta: ¿por qué esa agresividad con Panamá, cuando muy al contrario, a Panamá le sobrarían razones para sentirse ofendida con el gobierno estadounidense? ¿Es que fueron los militares cubanos los que asesinaron el 9 de enero de 1964 a los estudiantes panameños, por izar la  bandera en su tierra? ¿Acaso fueron los militares cubanos los que asesinaron a 4,023 panameños durante la invasión yanqui, el 20 de diciembre de 1989, para, como dicen los propios generales gringos, en sus libros: poner a prueba los nuevos armamentos con que contaban sus tropas; no incurrir en los errores cometidos durante su invasión a Granada; probar las habilidades de las mujeres de su ejército (25 durante dicho ataque). Durante la supuesta muerte y captura de Bin Laden sólo murieron él y dos de sus escoltas. Manuel Antonio Noriega, preso hoy en una cárcel panameña, era “hombre” de confianza del gobierno yanqui en el país istmeño, hasta que les sirvió. Los gringos conocían todos sus pasos. Lo hubieran podido apresar fácilmente activando sus innumerables resortes, sin necesidad de invadir Panamá. Noriega fue una burda excusa.  Señor, Menéndez, siga trabajando en su circo. El noble pueblo panameño, sabe que lo único que han hecho sus hermanos cubanos de la mayor de Las Antillas es ser solidarios con los más desprotegidos, sin buscar a cambio beneficio ni privilegio alguno.   Damos gracias al Presidente Varela y a su Vicepresidenta y Canciller, Isabel Alvarado de Saint Malo, por defender la soberanía de la tierra de Victoriano Lorenzo, y del más grande de todos los panameños: nuestro General Torrijos. Felicitamos la decisión de Panamá, de invitar a la cita, sin condiciones, a la Cuba de Martí, que tanto luchó por una América unida; del científico Carlos J. Finlay, de los patriotas Antonio Maceo y Máximo Gómez, entre otros, partícipes de la gran obra de los panameños y del mundo: EL CANAL.  

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