El patriotismo de Bonifacio Byrne

Por Marta Denis Valle

El luego célebre poeta cubano Bonifacio Byrne (1861-1936) cambió la fama que ya gozaba en su natal Matanzas al convertirse en un pobre emigrado voluntario, a principios de 1896, llevado por su inmenso patriotismo.

Optó por marcharse de su patria y defenderla con las armas de las ideas, pues carecía de condiciones para ir a la guerra, como era su mayor deseo.
A la gloria de Domingo Mujica, fusilado el 20 de agosto de 1895, Byrne había escrito un poema que circuló anónimo y manuscrito, pero todos suponían el nombre del autor, quien se vio obligado a esconderse y después huir a Tampa, Estados Unidos.

Mujica, de 29 años de edad, integrante del Ejército Libertador, fue el primer matancero fusilado en su ciudad, en la última guerra de independencia (1895-1898).
Inconforme con la indolencia pública, Byrne escribió aquellos versos:

Murió de cara al mar aquel valiente, /bañado por la luz de la alborada, /noble, serena y firme la mirada, /tranquilo el corazón, alta la frente. // Cerca, la muchedumbre indiferente /para ver aquel crimen congregada; /mejor hubiera estado arrodillada, /que es la actitud que cuadra al impotente.

Quedó atrás al partir aquel poeta, hasta entonces enrumbado hacia el modernismo, que fuera elogiado por Julián del Casal al publicar su primer poemario Excéntricas (1893):

“…yo creo que su autor, tanto por su elevada fantasía como por su exquisita sensibilidad, es el primero de los poetas de la nueva generación (porque) ha interrumpido el tono monótono de la poesía cubana, lanzando en ella una nota nueva, extraña y original”.

Byrne fundó en Tampa, Estados Unidos, un Club Revolucionario y colaboró en Patria, El Porvenir y El Expedicionario.

Lector de tabaquería en el exilio, alentó con su verbo hermoso a los emigrados cubanos, quienes juntaban centavo a centavo en apoyo de los patriotas que mal vestidos y sin armas luchaban por una Cuba libre.

Destinó a los fondos de la independencia una colección de sus sonetos patrióticos (Filadelfia, 1897), titulada Efigies, en la que incluye el dedicado a Mujica y muchos más (a José Martí, Máximo Gómez, Carlos Manuel de Céspedes, Ignacio Agramonte, los Maceo, Calixto García, etc.).

Calificó con altos quilates al generalísimo Máximo Gómez: Émulo de Bolívar en la historia /tu nombre habrá de ser una alborada:/el sol es un reflejo de tu espada /y tu espada es un átomo en tu gloria.

En el poema al patriota mambí y pintor Armando Menocal expresa su nueva visión de la poesía: Hoy el verso palpita en la metralla, /en el cañón está la sinfonía / y el cuadro en nuestros campos de batalla.

Como otros patriotas, soñó con el día de la total liberación de Cuba.

A la patria volvió del destierro con su bandera en el alma, entre tantos recuerdos, como el de su primer hijo Plácido, muerto antes.

La mañana del 4 de enero de 1899, arribó a La Habana en el vapor Mascotte, y cuánta emoción sintió al observar ansioso la silueta del Morro, la Cabaña, de un lado, y del otro, la fortaleza de La Punta, primero, y más adelante el Castillo de la Fuerza.

Al fondo, el antiguo Palacio de los Capitanes Generales, símbolo del régimen colonial español y, frente a este, fuerzas estadounidenses que acampaban allí.Aunque a lo lejos tremolaban banderas cubanas, sacadas a la luz por la población, en el Castillo del Morro y el otrora Palacio de los Capitanes Generales estaba la estadounidense.

En las dependencias oficiales, como también ocurrió en Santiago de Cuba y otras plazas, se mostraba el símbolo del traspaso del archipiélago cubano a los nuevos ocupantes.

Cuentan sus biógrafos que ese mismo día, horas después, Bonifacio Byrne escribió tan pronto llegó a la casa, sita en la calle Jesús María # 9, en Guanabacoa, el poema Mi bandera en el que expresa su reacción emocional sobre cuanto vio y sufrió al llegar a la capital cubana.

Esos tristes y sentidos versos le salieron del alma. Muchos lo llaman el poeta de la bandera.

Byrne, nacido en Matanzas, el 3 de marzo de 1861, falleció en la misma ciudad, el 5 de julio de 1936.

Fue declarado Hijo Ilustre de Matanzas, en 1915. Ganó los premios poéticos en los Juegos Florales de Sancti Spíritus (1916) y Matanzas (1934).

En la República ocupó la secretaría del Gobierno Provincial de Matanzas y de la Superintendencia Provincial de Escuelas.

Desde joven se inclinó a la literatura y el periodismo; fundó los periódicos La Mañana y La Juventud Liberal (1890) y El Yucayo (1909); colaboró en La Primavera, El Ateneo, Diario de Matanzas, El Fígaro y La Discusión.

Escribió, además de poesías, cuentos, novelas y obras de teatro.

Fue autor de las piezas teatrales El anónimo (1905), Varón en puerta (1905), El legado (1908), El espíritu de Martí (1908) y Rayo de sol (1911); dejó en preparación la novela Hijas y yernos, el libro de cuentos Letra menuda y la colección de poemas Voces del alma.

El poema patriótico Mi Bandera constituye una de sus obras más conocida.

Mi Bandera

Al volver de distante ribera,
con el alma enlutada y sombría,
afanoso busqué mi bandera
¡y otra he visto además de la mía!

¿Dónde está mi bandera cubana,
la bandera más bella que existe?
¡Desde el buque la vi esta mañana,
y no he visto una cosa más triste…!

Con la fe de las almas austeras,
hoy sostengo con honda energía,
que no deben flotar dos banderas
donde basta con una: ¡la mía!

En los campos que hoy son un osario
vio a los bravos batiéndose juntos,
y ella ha sido el honroso sudario
de los pobres guerreros difuntos.

Orgullosa lució en la pelea,
sin pueril y romántico alarde;
¡al cubano que en ella no crea
se le debe azotar por cobarde!

En el fondo de obscuras prisiones
no escuchó ni la queja más leve,
y sus huellas en otras regiones
son letreros de luz en la nieve. . .

¿No la veis? Mi bandera es aquella
que no ha sido jamás mercenaria,
y en la cual resplandece una estrella,
con más luz cuando más solitaria.

Del destierro en el alma la traje
entre tantos recuerdos dispersos,
y he sabido rendirle homenaje
al hacerla flotar en mis versos.

Aunque lánguida y triste tremola,
mi ambición es que el Sol, con su lumbre,
la ilumine a ella sola, ¡a ella sola!
en el llano, en el mar y en la cumbre.

Si deshecha en menudos pedazos
llega a ser mi bandera algún día.
¡nuestros muertos alzando los brazos
la sabrán defender todavía!

Esta estrofa final fue recitada muy emocionado, por el comandante guerrillero Camilo Cienfuegos, en su última comparecencia pública en octubre de 1959, ante miles de cubanos, en acto de reafirmación revolucionaria.

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