El siempre cubano Pedro Santacilia

Por Marta Denis Valle

El cubano Pedro Santacilia (1826-1910) llevó en su alma la añoranza del desterrado y en México, donde transcurrió la mitad de su existencia, defendió la independencia de la segunda patria y de la tierra que lo vio nacer.

A instancias de Santacilia, México constituyó el primer país en reconocer la beligerancia de la República de Cuba en Armas, lo cual agradeció Carlos Manuel de Céspedes en carta al presidente Benito Juárez, el 9 de junio de 1869.

En primer término promovió un decreto presidencial, el 3 de abril de 1869, para recibir en los puertos mexicanos barcos con bandera cubana y, después, presentó en el Congreso un proyecto de ley de reconocimiento a la beligerancia.

Puede decirse que Santacilia fue una personalidad destacada de ese país: diputado al Congreso Federal (en siete ocasiones), escritor, poeta y periodista de varias publicaciones.

Cuando estalló la Revolución independentista, el 10 de octubre de 1868, desde años antes había unido su destino al pueblo mexicano; era secretario del Presidente y yerno, casado con su hija mayor Mañuela Juárez y Maza, desde mayo de 1863.

Lo unieron lazos revolucionarios, afectivos y políticos con el héroe nacional mexicano Benito Juárez (1806-1872), presidente de la república (1858-1867 y 1867-1872), quien encabezó la lucha de su pueblo contra la intervención militar de España, Inglaterra y Francia (1861-1867).

Exiliado en Estados Unidos, conoció a Juárez en Nueva Orleans y se convirtió en simpatizante de sus luchas; colaboró desde 1859 con armas y pertrechos y, en 1860 marchó a México.

Santacilia salió al exterior con la familia del Presidente en labor diplomática para buscar apoyo, mientras Juárez enfrentaba la intervención extranjera que impuso como emperador, en 1864, al archiduque de Austria Maximiliano (hecho prisionero y fusilado en 1867).

En 1861 fue organizado en La Habana un ejército expedicionario español para intervenir en México, con fondos del tesoro cubano, por el gobernador y capitán general Francisco Serrano.

¿Verdad que es muy agradable eso de ser paisano de Heredia y de Maceo?”, escribió el 15 de diciembre de 1901 al también santiaguero Francisco Sellén.

Aunque pocos años vivió en su tierra natal, este poeta santiaguero resultó el primero en reclamar su ciudadanía, al abrirse en 1902 el Consulado de Cuba en México. Circunstancias ajenas a su voluntad, lo llevaron a padecer doble destierro.

Aunque nunca más volvió a la patria siguió siendo cubano hasta el día de su muerte, en Ciudad México, el 2 de marzo de 1910, a la edad de 84 años.

El doble destierro

Era un niño de 10 años cuando sintió la tragedia del desterrado; fue expulsado de Cuba el padre —y toda la familia— por el capitán general Miguel Tacón, al fracasar el movimiento constitucionalista del mariscal de campo Manuel Lorenzo, gobernador del Departamento de Oriente.

Había nacido también en un hogar de emigrados, el 24 de junio de 1826, en Santiago de Cuba, hijo de la dominicana Isabel Palacios y del catalán Joaquín Santacilia, teniente de granaderos.

De regreso en 1845, con 19 años de edad, se dedicó al magisterio y al periodismo con buen desarrollo intelectual en Santiago de Cuba y La Habana, felicidad en su patria que solo duró hasta cumplir 25 años de edad.

En poco tiempo había llegado a colaborar con diversas publicaciones, entre ellas El Redactor, El Orden, Semanario Cubano, El Colibrí, Revista de Cuba, El Artista, El Almendares, La Piragua y La Semana Literaria.

Fue Socio de Mérito del Liceo Científico, Artístico y Literario de La Habana, y junto a otros intelectuales, fundó en Santiago de Cuba, la publicación Ensayos Literarios.

Con otros jóvenes se opuso a un festejo bailable de los integristas hispanos en El Caney, el 17 de agosto de 1851, y es convocado nuevamente para el 10 de octubre de ese año en la Sociedad Filarmónica de Santiago de Cuba.

El fundamento de la protesta juvenil expresaba el luto por el fusilamiento en Puerto Príncipe, Camagüey, de Joaquín de Agüero y otros patriotas, el 12 de agosto de 1851.

Se le formó expediente y fue deportado a la Península, en la primavera de 1852, tras guardar prisión en Santiago de Cuba y en El Castillo del Príncipe de La Habana, acusado de conspirador. Meses después, en 1853, escapó de España a Gibraltar y, luego, a Estados Unidos.

En El arpa del proscrito (Nueva York, 1856) desgarró su alma en versos y, por su iniciativa, fue publicada en 1858 una antología llamada El Laúd del Desterrado, en la que incluye poesías patrióticas suyas y de José María Heredia, Miguel Teurbe Tolón, Juan Clemente Zenea y otros poetas.
 

El cubano Pedro Santacilia llevó en su alma la añoranza del desterradoEn México, desterrado, siempre defendió la independencia de la segunda Patria y de la tierra que lo vio nacerA instancias de Santacilia, México constituyó el primer país en reconocer la beligerancia de la República de Cuba en ArmasLo unieron lazos revolucionarios, afectivos y políticos con el héroe nacional mexicano Benito Juárez

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