Fábrica de sueños: Más allá de las fronteras entre Cuba y EE.UU.

Tomado de Cubadebate

Carlos Lazo trae la Isla guardada en sus bolsillos. Sí, su Cuba inquieta y alegre, llena de música y resistencia, de sabores y recuerdos. Está lejos, pero a la misma vez muy cerca. Allá, en el destino del que muchos temen hablar, del “vecino cruel”. Pero él sabe muy bien lo que es tener dos patrias, lo que es vivir en dos suelos, aparentemente distintos.

Es de la gente que no cree en fronteras, actúa por amor, crea y hace realidad sueños, enseña a sus alumnos con un carisma innato no solo a hablar español, sino lo que significa ser cubano; les enseña canciones, décimas, les enseña, de alguna manera,  a ser felices y a compartir sus esencias donde quiera que estén. Les enseña la vida.

Sus clases, pasan a ser escenario perfecto para convertir esta Fábrica de sueños, en un modo de conocer y sentir con las venas abiertas su país natal, aunque para ello dedique solo cinco o seis minutos de cada turno. Pero Carlos se lleva a sus estudiantes, entre 14 y 17 años, a un parque, a su casa, y extiende su jornada. La descarga y el abrazo que se gestan valen la pena.

No es la primera vez que esta Fábrica carga sus sueños a Cuba.  En dos años y medio de creado el proyecto, por idea del propio Lazo,  ya suman cinco viajes. Pocos se imaginan que en Seattle, estudiantes norteamericanos canten y bailen la música cubana con una energía contagiosa. El maestro pone todo su esfuerzo, ha sido guía y cómplice.

Esta vez vinieron a cantar con el grupo Buena Fe, quienes promocionan su más reciente producción discográfica Carnal. Al escenario del  “Karl Marx” su subieron los 16 muchachos, para interpretar junto a Israel Rojas y Yoel Martínez, la misma canción que hicieron viral en redes sociales: Música vital. Pero Jackson, el  más carismático del grupo, se arriesga con PI 3, 14; y seduce a todo el público con su pasión.

Vivirlo, gozarlo, amarlo

Antes de salir a actuar, la Fábrica de sueños se reúne en el Salón Blanco de este teatro. Allí es demasiada la energía, el carisma, la felicidad. Días antes han caminado por La Habana Vieja para conocer de la arquitectura de la ciudad y al cubano de a pie; visitaron, además, el proyecto Barrio Habana.

“Me preguntaste cómo me sentía ante 5000 personas que ovacionaban a mis estudiantes, ese concierto fue lindísimo. Pero el más lindo lo dimos en un solar de La Habana Vieja, con niñitos de allí que quizá no tenían para conseguir un ticket e ir al teatro”, cuenta Carlos, con la alegría de estar otra vez en casa.

La experiencia cada vez es más rica y Brooke Stinson, una de estas estudiantes, lo reafirma:

“Es increíble, estamos compartiendo amor con música. No necesitas hablar español, porque tenemos música. Ha sido fantástico estar en Cuba, estamos llorando todos los días, porque es muy loco”.

“El objetivo primario es que los niños sueñen y tengan una meta, una idea de hacer algo lindo, no importa que sea un viaje, un concierto. Al inicio ellos se aprendían de memoria poemas de José Martí, y un día estábamos un poco aburridos y cogí la guitarra y le canté La Guantanamera y empezaron aprender, de ahí nació todo. Ellos pensaron cantarle a niños cubanos. Siempre he sido una persona soñadora y le dije sueñen con eso y vamos a lograrlo”, dice Lazo.

Esta iniciativa ha logrado que a través de la cultura y el amor a la música, jóvenes de Estados Unidos conozcan e intercambien con jóvenes cubanos: “Los muchachos vienen y entre ellos mismos crean un sentido de comunidad. Nosotros no venimos  a quedarnos en un hotel, sino a conocer al cubano de a pie, a casa de gente, a compartir con familias”.

Esta música vital…

Cuando Israel, director de Buena Fe, conoció del trabajo de Carlos Lazo enseguida lo contactó. La idea era poner en el concierto aquel video que colgó el profe en su página de Facebook, de la canción Música vital, pero el maestro fue más allá, le propuso llevar los muchachos a Cuba para que la cantaran en vivo. Y fue posible.

“Ha sido increíble. Cuando el público cubano ve a estos niños cantando esas canciones le llega mucho, son canciones que hablan de la identidad, y cuando ves una persona que tiene otra cultura, y está básicamente regocijándose en celebrar esa identidad, es algo lindo”, refiere el profe.

Carlos es un hombre feliz. Ha atravesado por caminos difíciles, su historia suma más de un obstáculo. Aun así, comenta: “Si yo hubiera vivido mi vida entera para este momento, nada más hubiera valido la pena. Me siento realizado, solamente por este momento en los que puedo conectar a mi patria de nacimiento y a mi país adoptivo que es los Estados Unidos, que bonito eso de conectar a los padres, aunque estén divorciados. He vivido la mitad de mi vida en uno y la otra en otro, a nivel personal me da esa posibilidad”.

Inquieta conocer cuáles son las estrategias que usa Carlos en sus clases: “A los platos ricos no tienes que hacerle mucho para que le guste. Soy una persona que respiro Cuba, por mis raíces, mi cultura, mi música. Uno habla de lo que sabe o lo que ama. Mi clase cuando empieza es con música cubana, y los muchachos se ponen a bailar, a cantar”.

¿Y la sensación de volver a casa?: “Uno siempre lleva el terruño en el corazón, aunque sea en cualquier rincón del mundo. Comparto esto con hermanos míos, que viven alrededor del mundo, lo mismo en Estados Unidos que en otros lugares”.

“La verdad, no creo que haya algo difícil, porque todo se ha hecho con amor, y se hace con una facilidad del carajo. Quizá para mi familia, desde que estamos en esto, la vida de uno se vuelve un poco más pública, tienes que dedicarle tiempo, explicarle a la gente que no entiende y ven el proyecto de otra forma”, agrega.

Su premisa radica en “tratar de enfocarnos en las cosas que perduran, algunas cosas pasan, pero el amor no pasa nunca. Siempre he creído que la mejor forma en que se tienen que entender los países, es a través del diálogo, deben conversar como mismo conversan las familias".

Por tanto, el profe Lazo le teme a la falta de amor: “Le ruego a las cosas en las que creo, que no falte el amor. Cuando vea que el prójimo no me ama, no me viro de espalda y lo dejo de amar, sino que entienda y piense que el prójimo que no ama hoy,  fui yo ayer que también odiaba y que yo pude cambiar ese odio en mí y que los otros lo pueden cambiar también;  pero no por eso debo dejar de quererlo y de entenderlo; también porque a veces tenemos muchos razones para odiar o detestar algo, y esas razones son entendibles, se nos escapan de las manos”.

¿Y el futuro?: “Estas cosas salen espontáneas. El proyecto es la cultura, la música, cantar y disfrutar de la vida y agradecerla. Los muchachos a veces en medio de la clase llaman a sus abuelitas y le dicen ´te amo´, porque eso es importante. Si hay amor, lo demás llega por añadidura.

“El sueño más grande es que mi papá y mi mamá se lleven bien, es decir Estados Unidos y Cuba tengan una relación armoniosa, no solamente que se respeten, sino que tengan una relación de vecinos, de familia”.

Pero no podemos irnos sin antes acercarnos a Jackson Cook, líder por su carisma. Siempre con la risa puesta en su rostro nos dice: “Buena Fe son unos monstruos, personas fantásticas. Israel tiene un gran amor. Él sabe mucho y usa su mente para compartir canciones con poesía. Me encanta cuando entro al escenario y estoy muy nervioso, pero solo tengo que ver a Israel y me relaja.

“Nunca hemos hecho nada parecido en los Estados Unidos, no sé cómo describirlo ni en inglés. La Fábrica me da un sentido de la vida, una razón para trabajar, no solo para los cubanos ni los estadounidenses, sino para el mundo. Es un grupo en los que todos podemos hacer. Estamos aquí para compartir amor, estamos demostrando al mundo que es posible”.

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