Festival del Nuevo Cine Latinoamericano cuenta angustias del continente

Por Martha Sánchez

   El Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano expuso en La Habana en 2016 problemas latentes en el continente y la urgencia de aferrarnos a las memorias de los pueblos e identidades.

   De una selección de más de mil 500 materiales, finalmente el jurado del certamen admitió para concurso 18 largometrajes de ficción, 22 cortos y mediometrajes, 18 óperas primas, 26 documentales, 27 animados, 25 guiones inéditos y 24 carteles.

   Por sexta ocasión consecutiva, la inauguración del evento se inclinó por una propuesta argentina de ficción, El ciudadano ilustre, una comedia irónica, sustanciosa, de los realizadores Gastón Duprat y Mariano Cohn, quienes asentaron la obra sobre dos sólidos pilares: guion y actuaciones, en especial, la de Oscar Martínez como Daniel Mantovani, el único escritor argentino que posee el premio Nobel de Literatura, y aunque los lauros parecen ya importarle poco, decide aceptar la condición de Ciudadano Ilustre ofrecida en su pueblo natal con el fin de viajar allí, a contemplar el escenario de sus libros después de décadas.

   Humor negro y mucha tela por donde cortar para interpretaciones diversas, pura provocación para el público en general, pero en particular para críticos, escritores e intelectuales.

   Con Neruda, el realizador chileno Pablo Larraín ofreció un relato subjetivo y humano de parte de la vida del escritor para intentar llenar posibles emociones de un alma y conectar sentimientos que dieron cuerpo a personajes y obras de arte de existencia ilimitada.

   La película aplaude la trascendencia de un gigante que no luce disminuido en medio de supuestas predilecciones, sino que es hombre de carne y hueso cuya grandeza radicó en saber escribir de forma inigualable sobre el dolor, el encierro, el engaño, la violencia, la pobreza.

   Como fueron padecimientos de muchos en el Chile de mediados del siglo XX, miles de personas habrían podido escribir al respecto de estos mismos temas, pero nadie lo logró con palabras tan lacerantes como Neruda.

   Larraín aborda entonces la trascendencia y el actor Luis Gnecco se encarga de reflejar los rasgos del poeta apasionado e idealista dentro de un juego cinematográfico entre realidad y ficción.

   Por su parte, la actriz brasileña Sonia Braga presentó en este 38 Festival Aquarius, una cinta que según ella subraya la importancia de la memoria y en la cual su personaje deviene símbolo de resistencia.

   El filme cuenta la historia de Clara, última residente del edificio Aquarius, donde todos los departamentos han sido comprados por una compañía que tiene otros planes para el inmueble; sin embargo, la mujer se niega a desprenderse de sus recuerdos.

   Clara le ganó la batalla a un cáncer de mama en la juventud, así que afrontará con dignidad y sin miedos un intento de desalojo psicológico orquestado por la compañía, defensora de un estilo de vida más moderno.

   Al decir de Braga, esa propuesta de cambio de modo de vida y desprendimiento de sus memorias deviene el nuevo cáncer para Clara y luchará a toda costa contra el flagelo.

   Por Cuba, el director de cine Fernando Pérez regaló un canto a la amistad y la sinceridad con el estreno de su más reciente película, Últimos días en La Habana, un drama contundente en sus planteamientos, aterrizado, y al mismo tiempo defensor de los mejores valores humanos.

   De acuerdo con el realizador, se trata de un largometraje sobre la relatividad de la moral en situaciones específicas y los prejuicios que en el orden ético provocan ciertas conductas no consideradas “normales”, según códigos relacionados más con la preceptiva que con la vida misma.

   Merecen destaque las interpretaciones de Jorge Martínez, Patricio Wood y la novel Gabriela Ramos, de 15 años de edad en el momento de rodaje.

   La edición 38 del Festival colmó los principales cines de la capital cubana durante 10 días con diversas y excelentes ofertas, no solo latinas, sino también de países como Alemania, España, Estados Unidos, Canadá, Gran Bretaña, Italia, Japón, Filipinas y Francia; cada uno brindó muestras de gran eficacia estética y estructural.

   Varios filmes expusieron la corrupción, la violencia, el azote de los prejuicios sociales arrastrados desde décadas o siglos pasados hasta el XXI, las secuelas de la emigración, los traumas de las guerras y otras formas de represión, así como la diversidad y las bellezas del continente.

   Películas sin tremendos recursos técnicos, pero llenas de calidad humana y poderosa sensibilidad artística; trabajos que representan una esperanza para los países o realizadores de escasos recursos, naciones y segmentos del continente que si no cuentan ellos sus historias… ¿quién lo hará?

 

El ciudadano ilustre, una comedia irónica argentina, de los realizadores Gastón Duprat y Mariano Cohn, fue la cinta escogida para la inauguración del Festival 38.Pablo Larraín, realizador chileno, ofreció con Neruda un relato subjetivo y humano de parte de la vida del escritor para intentar llenar posibles emociones de un alma. La reconocida actriz brasileña Sonia Braga presentó Aquarius, cinta que según ella subraya la importancia de la memoria y en la cual su personaje deviene símbolo de resistencia.Fernando Pérez —el laureado director cubano— regaló con Últimos días en La Habana  un canto a la amistad y la sinceridad. En la foto (izquierda) con el actor Jorge Martínez.Merecen destaque en Últimos días en La Habana las interpretaciones del consagrado Jorge Martínez y la novel Gabriela Ramos, de 15 años de edad.Otra de las actuaciones a elogiar en Últimos días en La Habana es la del reconocido Patricio Wood.

Categoria: