Gestión de riesgos: asunto de importancia estratégica en Cuba

Por José Gabriel Martínez

Los desastres naturales son de los principales factores que obstaculizan el desarrollo de Cuba, razón por la que la gestión de riesgos acerca de estos se considera un asunto de importancia estratégica.

Así lo refieren los lineamientos de la Política Económica y Social del Partido Comunista de Cuba y su reciente actualización en el séptimo congreso de la organización política.

En las dos últimas décadas, Cuba ha tenido pérdidas, a causa de desastres, ascendentes a 30 mil 624 millones de dólares, motivo pragmático e ineludible que impulsa a elevar la resiliencia ante las catástrofes.

En este sentido, la coordinadora residente del sistema de Naciones Unidas en Cuba, Myrta Kaulard, elogió recientemente la importancia que el país le concede a la gestión de riesgo.

Al dirigirse a los participantes en el primer taller científico nacional sobre la temática, que se desarrolló del 1 al 4 de junio en la universidad José Martí de la central provincia de Sancti Spíritus, Kaulard apuntó cuán necesario es ello para la Isla.

Le resultan prioritarios, dijo, la aplicación de políticas y el fortalecimiento de capacidades para prevenir los riesgos, al igual que los preparativos para enfrentar los peligros, con el objetivo de reducir su impacto.

Una muestra de ello es precisamente, tal como subrayó, la celebración del citado evento académico, el cual permitió repasar proyectos existentes en Cuba y las buenas prácticas encaminadas a reducir los riesgos de desastres.

Dos de esos proyectos en específico, por su grado de articulación, utilidad y resultados, ameritan una mirada en detalle.

Se trata del “Fortalecimiento del Sistema de Alerta Temprana Hidrometeorológico en Villa Clara y Sancti Spíritus” (Forsat) y de la “Mejora del monitoreo de las cuencas subterráneas y el control del suministro de agua a la población en la ciudad de Santiago de Cuba ante el impacto de la sequía”.

Ambos proyectos constituyen iniciativas de cooperación entre las entidades cubanas, asociadas al control y manejo de recursos naturales, el Programa de Preparación ante Desastres del Departamento de Ayuda Humanitaria y Protección Civil de la Comisión Europea y el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).

Correo de Cuba accedió a documentación explicativa sobre objetivos, metodología y resultados de las iniciativas, contribuyentes a la reducción del riesgo de desastres comunes en la Isla, a partir del trabajo preventivo referente a la definición de las necesidades y creación de resiliencia frente a futuros impactos.

Con el objetivo de fortalecer la efectividad del Sistema de Alerta Temprana para eventos lluviosos extremos y huracanes en las cuencas de los ríos Zaza y Agabama —en las provincias centrales de Sancti Spíritus y Villa Clara—, Forsat beneficia a cerca de 40 mil personas que viven en sus cercanías.

En la zona, 16 comunidades vulnerables ante el peligro de inundaciones serán más resilientes gracias a esta iniciativa, apoyada por otras agencias de Naciones Unidas y los institutos cubanos de Meteorología y de Recursos Hidráulicos, cuyo quehacer se ve a la vez perfeccionado.

El proyecto eleva la efectividad de la Alerta Temprana a partir de la mejora de sus componentes priorizados como el sistema de vigilancia hidrometeorológica, la apreciación del riesgo para la toma de decisiones, el aviso público, y la preparación para la protección durante la respuesta a posibles inundaciones.

Estos componentes son a la vez los principales resultados previstos en Forsat, cuyo cumplimiento permitiría proteger más efectiva y eficazmente la población y los recursos económicos localizados en áreas vulnerables.

Fórmulas para una mejor gestión de la sequía

La sequía que persiste en Cuba es calificada como la más intensa de los últimos 115 años y aclara la justificación de otro proyecto proresiliencia ante los desastres naturales, auspiciado por el PNUD en nuestro país.

Sus consecuencias son evidentes y constituyen una de las causas que afectan seriamente el desarrollo económico del país, agrega, al tiempo que señala la pertinencia de mantener una vigilancia permanente y efectiva sobre las cuencas subterráneas y el control del suministro de agua a la población.

La región oriental es la más impactada por la sequía, que ha provocado la depresión de las fuentes subterráneas y el secado de ríos y embalses, de los cuales depende el suministro a la población.

En abril del presente año, los embalses que abastecen a los santiagueros sólo llegaban al 17 por ciento de su capacidad útil, motivo por el que este segundo proyecto de gestión de riesgos deviene importante.

Conocer los niveles de las cuencas subterráneas para determinar su estado y los volúmenes de que disponen, a fin de evitar la sobreexplotación y la salinización —dado que son cuencas abiertas al mar—, resulta cuando menos útil para enfrentar más certeramente el impacto del fenómeno.

A ello va dirigido con exactitud el proyecto que, de implementarse con éxito, beneficiaría no solo a las más de 69 mil 300 personas que se abastecen directamente de estos acuíferos subterráneos, sino también a cerca del 95 por ciento de la población del municipio de Santiago de Cuba —conectado a la red de distribución de agua de la ciudad—, quienes reciben el servicio por esta vía.

A tono con desafíos regionales e internacionales

Trabajar en pos de la gestión de riesgos por desastres naturales es una actitud coherente con grandes desafíos regionales e internacionales.

En la recién concluida VII Cumbre de la Asociación de Estados del Caribe, las naciones miembros coincidieron en la necesidad de trazar políticas regionales para, mediante la necesaria cooperación, asesoría y consulta, minimizar y enfrentar más efectivamente el cambio climático y los desastres por él potenciados.

En este sentido, la resiliencia de Cuba y la calificación de sus recursos humanos son reconocidos en el área caribeña, condiciones influidas por la importancia estratégica que se le da al tema en el país.

Proyectos como Forsat o el de monitoreo de los acuíferos santiagueros, frutos de la colaboración con el PNUD, contribuyen a que las entidades de Gobierno y los sectores clave mejoren su capacidad de gestión para la reducción de riesgo de desastres a nivel territorial.

Ello es coherente con los Objetivos de Desarrollo Sostenible contemplados en la Agenda de desarrollo global hasta 2030, acordada en la ONU y de la que Cuba es signataria responsable.
 

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