Habana

Reabrió sus puertas el Sloppy Joe’s
Por Ciro Bianchi Ross
Se ubica en una céntrica esquina de La Habana, a cien metros escasos del mítico Paseo del Prado y a otros doscientos del Parque Central, muy cerca del Memorial Granma y el Museo de la Revolución y en las inmediaciones de importantes hoteles.
Fue de los bares más famosos en los tiempos en que celebridades como Ava Gardner y Frank Sinatra, Nat King Cole y Rod Hudson, Babe Ruth y Ted Williams, entre otros notables, se acodaban en su barra para disfrutar del coctel que lleva el nombre de la casa y que se elabora a base de brandy, Cointreau, oporto y zumo de piña o para degustar el emparedado de carne molida y salsa de tomate, guarnecido de aceitunas, que fue emblemático del establecimiento e hizo época en sus días.
Tras permanecer cerrado durante casi medio siglo volvió a abrir sus puertas el Sloppy Joe’s, un sitio que se inscribió para siempre en el imaginario habanero por su barra de caoba negra de dieciocho metros de largo (59 pies) que se consideró en su tiempo la mayor de la América Latina, y que desapareció misteriosamente en 1965.
“No sólo se rescató una esquina habanera; la abundante documentación que se conserva permitió salvar del olvido la coctelería del lugar y sus ofertas de comidas ligeras y entrepanes”, dijo a este cronista Luis Sotolongo, presidente de la compañía turística Habaguanex, que tuvo a su cargo la restauración del Sloppy Joe’s y asume ahora su administración.
Por su parte, Ernesto Iznaga Coldwell, gerente del establecimiento, expresó que para la ciudad representa un verdadero lujo la reanimación de un sitio con tanta historia y tan reconocido mundialmente cuya reconstrucción fue fruto de la ardua labor coordinada por la Oficina del Historiador de La Habana. En su opinión, no hay misterio alguno en la desaparición de la barra. “Encontramos este local en ruinas. Los pisos de madera se pudrieron a causa de la humedad y el abandono y colapsaron en el sótano. Eso provocó que la barra se partiera en tres pedazos”, puntualizó el gerente. Uno de esos pedazos, se dice, está en el Museo del Ron, en La Habana Vieja. “El Sloppy permanecerá abierto desde las doce del día hasta las tres de la mañana”, precisó Iznaga Coldwell, algo insólito en una urbe cada vez menos trasnochadora.
“La Habana necesitaba algo así. Ojalá proliferen lugares como éste, cargados de historia y tradición. No tememos a la competencia”, dijo Andrés E. Arencibia Mohar, director del afamado bar-restaurante Floridita, mientras que en el Sloppy Joe’s de Cayo Hueso, en el sur de Florida, EE UU, Donna Edwards, gerente de la marca Joe’s, calificó de “emocionante” la reapertura del Sloppy habanero. Afirmó: “Es emocionante porque obviamente nuestra historia está atada a su historia. Ernest Hemingway y Joe Russell (el fundador y primer propietario del bar en el Cayo) frecuentaban el Sloppy Joe’s cuando estaban en La Habana. Es una pieza de la historia y nuestra historia ahora vuelve a vivir.”
El Sloppy de Cayo Hueso comenzó a prestar servicios en 1934. El habanero abrió sus puertas en 1918. Su fundador lo fue el gallego José Abeal Otero, que luego de aprender el inglés y trabajar como cantinero en Nueva Orleans y Miami, regresó a Cuba con dinero suficiente para adquirir el viejo bodegón de la calle Zulueta esquina a Ánimas.
Las cosas no le fueron bien en un comienzo, pero empezaron a ser distintas cuando decidió pasar de bodeguero a bartender. Convirtió el José en Joe y como su establecimiento lucía sucio y destartalado le añadió la palabra apropiada: sloppy. No tardó en convertirse en el sitio preferido de visitantes procedentes de Norte América.
Hasta 1959, pocos cubanos frecuentaban el Sloppy y tampoco era de la predilección de norteamericanos asentados en Cuba, que preferían el ahora inexistente bar Mes Amis, en la calle Séptima esquina a 42, en Miramar.
Una gama amplia de cocteles conforma la carta de la casa. Su oferta de whiskys bordea las 40 marcas; hay 17 marcas de rones para decidirse, los licores y las cremas suman unos 50 y son casi 20 los de brandys y coñacs. Muy sugerente es la lista de las tapas que ofrece, y en cuanto a los entrepanes, en un establecimiento que se hizo popular por ellos, resulta encomiable su rescate del auténtico sándwich cubano.                                    El aire acondicionado es toda una novedad en un salón que fue siempre de puertas abiertas. No se recuperó la barra original. La actual la reproduce a las mil maravillas, y  en torno a ella la historia se entreteje ya con el presente, mientras que otros famosos y visitantes en general disfrutan de su trago en este bar limpio, tranquilo y bien iluminado.
 

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