Del barrio de Cayo Hueso, personas y personajesPor Lucía ArboláezEn el centro de la capital cubana hay un lugar especial que parece haber sido tocado más de una vez, por manos de ángeles.Es una de las barriadas urbanas más pobladas de la ciudad, y entre sus calles más populares se encuentran: Belascoaín, que es uno de sus límites, Infanta, Neptuno, Zanja, San Lázaro y San Rafael.Se conoce que en sus orígenes esta zona estaba en la parte extramuros de la ciudad. En l736, cuando se confeccionó el plano del lugar, además de la propiedad que poseía en esa zona don Martín de Oquendo, existía allí el nombrado Cementerio de Espada. Muchos de los nombres de sus calles, como la propia Espada, Oquendo, Aramburu… y otras como Belascoaín, fueron en honor a figuras destacadas de la colonia, como la del teniente general don Diego León, conde de Belascoaín y Lucena, por el general Leopoldo O Donell, conde de Lucena. El nombre de Cayo Hueso, lo lleva desde el 26 de julio de 1912 hasta nuestros días, debido a que muchos familiares de emigrados cubanos que regresaron a Cuba, procedentes de Key West, en Estados Unidos, se asentaron en este lugar, en su mayoría tabaqueros de profesión.Por ser muchos de sus habitantes de extracción humilde, se fueron creando solares o cuarterías (terrenos donde en pequeñas habitaciones vivían familias enteras, con un baño común y en muchos casos también el área para cocinar, aunque aún existen unos cuantos en esa zona capitalina, sus propios habitantes los han ido mejorando o han recibido ayuda estatal), donde floreciera la rumba de cajón, el ritmo conocido como guaguancó, el son y la conga.Lugar de residencia, además, de numerosos artistas populares de diversas épocas, en esa zona surgieron igualmente, dentro de las tradiciones culturales que posee, diversas y conocidas comparsas como Los Componedores de Batea, surgida en l936, y que aún sigue sonando en época de carnavales.Igualmente, es cuna del movimiento musical conocido por feeling, del destacado cuarteto Los Zafiros y de un lugar de gran popularidad dentro y fuera de Cuba: el Callejón de Hamel.Su creación se debió a los esfuerzos del conocido artista de la plástica Salvador González Escalona y a un grupo de seguidores, los que lograron llevar el Callejón a lo que es hoy, sitio de obligada reunión para cubanos y extranjeros, interesados en este proyecto sociocultural.Fundado en abril de 1990, su trabajo se inició con la colocación del primer mural con temáticas afrocubanas, realizado en áreas de la vía pública y según su autor, “hablar de Cayo Hueso es evocar al tamborero Chano Pozo y la tradición rumbera que él creó, de los fundadores del feeling, y de todas las tradiciones que a través de los años surgieron en esa área capitalina…”Cubre el entorno de la pequeña calle (cuenta apenas dos cuadras de extensión), dioses, orishas y múltiples imágenes alegóricas al culto de la santería afrocubana, que cada domingo se llena de bailadores y curiosos, tanto nacionales como extranjeros, para mover el cuerpo al ritmo de la rumba o el guaguancó. Lugar donde se mezclan los murales y las instalaciones artísticas construidas con diversos materiales, muchos de ellos reciclados como bañaderas, bicicletas, o partes de una máquina de coser, hoy obras de arte; y allí, cuando uno llega, lo primero que atrae a la vista es un gran letrero que reza: “Yo puedo esperar más que tú porque soy el tiempo”. No es difícil encontrar al Callejón de Hamel, situado entre las calles Aramburu y Hospital, en el mismo centro del barrio de Cayo Hueso, si le pregunta a cualquier persona le indicará rápidamente, pero, si es domingo, no hay que indagar, el sonido de los cajones, tocados por manos curtidas, pero expertas de los músicos y el bullicio de quienes allí disfrutan, los guiará.
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