Historia

5 de septiembre de 1957: un intento, mil razones
Por Yurién Portelles
Un estadio, un periódico y otros tantos sitios más recuerdan en la provincia de Cienfuegos el alzamiento popular armado ocurrido allí el 5 de septiembre de 1957, al llevar como nombre el de esta fecha histórica para Cuba.
Aseguran testimonios recogidos en periódicos y libros de historia, que el alzamiento atizó la situación de descontento existente en el país y que condujo a la liberación definitiva de la nación cubana en menos de dos años.
Los jóvenes participantes en la acción, liderados por Julio Camacho Aguilera, del Movimiento 26 de Julio (M-26-7), y por el ex alférez de fragata Dionisio San Román, como jefe militar, lograron que la ciudad fuera liberada por 24 horas de la dictadura de Fulgencio Batista.
La acción de envergadura debía tener alcance nacional y sus principales objetivos eran el Palacio Presidencial y el Estado Mayor de la Marina de Guerra en La Habana, apoyada con acciones en Cienfuegos y en Santiago de Cuba.
Sin embargo, una vez pospuesto el horario definido en un inicio, la noticia no llegó en tiempo a territorio cienfueguero y los revolucionarios se lanzaron a cumplir su palabra.
El 5 de septiembre alrededor de las 5:20 de la madrugada comenzaría el levantamiento, organizado desde el interior de la Marina de Guerra en Cienfuegos para tomar Cayo Loco, importante base naval de esta zona.
Pero la descoordinación dio ventaja a Batista y sus tropas ametrallaron y bombardearon indiscriminadamente los barrios y causaron decenas de muertos, heridos y mutilados entre la población.
Se dice que, quizás, el tirano no perdonó nunca a los pobladores de esta ciudad el hecho de que allí ocurriera un tiempo atrás una de las mayores protestas en contra de su gobierno durante la intentona golpista de 1952.
Pero los primeros planes para un levantamiento en Cienfuegos con el apoyo del grupo de marineros revolucionarios se concibieron inicialmente para abril de 1957, aunque no fue posible concretarlo.
Luego se programó una acción similar para el 28 de mayo de ese mismo año, pero fracasó por una delación y los presuntos participantes fueron arrestados.
A fines de junio, un grupo de jóvenes ex-oficiales de la Marina de Guerra, con el apoyo de numerosos miembros de ese cuerpo, se vincularon al M-26-7 debido a los contactos realizados con Frank País, uno de sus líderes.
En septiembre de 1957, se rompe la unidad en el aparato militar de la tiranía y en distintos sectores militares se aprecian muestras de disgusto con el accionar del gobierno.
El día 3 de septiembre se realizó una reunión en la que participan oficiales de mayor graduación, sumados a última hora, y de manera unilateral arreglaron un cambio de horario en espera del arribo de otros compañeros.
Es por eso que se hizo necesario buscar un lugar de alojamiento para 35 combatientes, lo cual observaron de manera accidental las fuerzas represivas del régimen que acudieron al sitio a reprimir.
En el alzamiento, se tomaron las estaciones de la Policía Marítima y la Nacional y poco después del mediodía llegan los refuerzos del Ejército, procedentes de la ciudad de Santa Clara, tras lo cual la lucha se hizo cruenta en el Colegio San Lorenzo, los portales del teatro Tomás Terry, la Estación de Policía, el Ayuntamiento, los altos de la droguería Cosmopolita y otros puntos.
Los bombardeos y ametrallamientos provocaron cuatro muertos y más de 20 heridos entre la población civil de varios barrios, aunque se afirma que la suma total de víctimas mortales alcanzó 27 marinos y 11 civiles.
Durante todo el día resistieron los combatientes cienfuegueros las embestidas por aire y tierra de fuerzas muy superiores y  protegidas por los tanques.
Pero en horas de la tarde las fuerzas batistianas recuperan la base de la Marina y  concentran su fuego en el centro de la ciudad y en las áreas del parque José Martí.
Hombres y mujeres de Cienfuegos, en medio de la confusión y del terror, se arriesgaron a proteger a los valientes y demostraron que en las ciudades también se apoyaba la lucha en la Sierra Maestra, considerado este el principal resultado de la acción.
La combatiente Georgina Leyva, en su libro Historia de una gesta libertadora, publicado en el 2009, asegura que esta fue una de las páginas más gloriosas de la guerra de liberación dirigida por el M-26-7.
 

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