Humor

Aquelarre-2014: reírse es algo serioPor Charly Morales ValidoEchando por tierra la vieja afirmación gardeliana, el Festival Aquelarre cumplió 20 años, que quizás se fueron volando, pero reafirmaron que en Cuba el humor es algo serio y, como tal, lo asumen quienes se entregan al difícil arte de hacer reír.De hecho, este certamen es mucho más que una vitrina donde se exhiben humoristas de todo el país, cuya obra casi nunca trasciende su patria chica: el programa del evento incluyó talleres teóricos, de creación e investigación histórica y propició espacios para el intercambio enriquecedor entre artistas nuevos y consagrados. Además, se les rindió tributo a dos artistas recién fallecidos que no fueron humoristas como tal, pero sazonaron sus respectivas obras musical y poética con la gracia criolla, con la picardía vernácula, con el cubanísimo choteo, que lo mismo incita a una sonrisa que a una carcajada: el músico Juan Formell y el declamador Luis Carbonell.¿Quién no rió cuando Carbonell amaneraba la voz remedando a la burguesota señora de la negra Fuló? ¿Quién no gozó más el vanvanero songo de Formell cuando su ritmo acompañaba aquella sorpresa de agua caliente, agua salada, de madrugada? Merecido homenaje del Aquelarre a quienes supieron colorear su obra con tanto humor.Desde los extremos oriental y occidental de la Isla llegaron agrupaciones y solistas a competir por el premio Aquelarre, que finalmente se llevó —diríase que en salomónico veredicto geográfico— la veterana Leña del Humor, un colectivo que honra la tradición humorística de la central ciudad de Santa Clara, cuna del inolvidable Chaflán.Más allá del ganador, del 6 al 13 de julio abundaron las filas para entrar a los teatros Mella y Karl Marx, amén de las salas Raquel Revuelta y Adolfo Llauradó, haciendo de la habanera avenida Línea la ruta del humor nacional durante toda una semana.El certamen, creado y organizado por el Centro Promotor del Humor, también indagó en su espacio teórico ¿Piensas ya en el humor? sobre aspectos como la antropología como nutriente del humor, lo cómico en la obra teatral de Virgilio Piñera, o la influencia del humor televisivo en la sociedad cubana actual.Al respecto, es notable la popularidad del espacio Vivir del Cuento, ejemplo de que se puede hacer un humor incisivo y crítico sin caer en didactismos o panfletos. Durante el Aquelarre fue entregado el Premio Nacional del Humor a Alejandro García, más conocido como Virulo, director hace unas tres décadas del recordado Conjunto Nacional de Espectáculos, responsable de shows inolvidables como El bateo de Amadeo, así como parodias de culebrones de turno, entre canciones y sketches.A propósito, Virulo ofreció un concierto único junto a Ernesto Archer, ex-integrante del mítico grupo argentino Les Luthiers, un clásico del humor iberoamericano, quizás uno de los regalos más agradecidos por los fieles al Aquelarre. Por cierto, el certamen también homenajeó a la peña La esquina de Mariconchi, espacio fundado hace 15 años por el actor Orlando Manrufo, caracterizado como una típica chismosa de barrio.Si bien el fuerte de estas citas son los recitales y presentaciones, los caricaturistas también tuvieron su espacio: en el tradicional Salón de Humor Gráfico se impusieron este año los caricaturistas Adán Iglesias, Lázaro Miranda y Alfredo Martirena, entre 43 aspirantes a los máximos premios de este certamen. Víctor Pagola, director del Grupo Pagola la Paga y miembro del jurado, destacó la potencia de las propuestas traídas desde la oriental provincia de Holguín, cuyos representantes se alzaron con varios premios, incluido el Mejor Espectáculo del Año por El circo al Sol”, del Grupo Etcétera. Lo cierto es que cada año la disputa es más reñida, por el rigor con que el Centro Promotor del Humor elige a los contendientes y porque en Cuba reírse es algo serio.

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