Jóvenes en la música de concierto

Alina Blanco, interprete del fagot

Los jóvenes toman la batuta

Por Charly Morales Valido

La Habana es una ciudad surrealista y sus habitantes lo saben. Pero incluso los más curados de espanto guardan un espacio para sorprenderse, porque aquí cualquier cosa es posible, como guarecerse de un repentino diluvio en un portalón colonial, y toparse a una orquesta sinfónica interpretando un popurrit de una vieja película de animados.
Hace poco, huyéndole a un aguacero llegué al Palacio de los Capitanes Generales, donde la joven Verónica del Puerto dirigía a músicos de todas edades en un concierto sui géneris, atrayendo con su virtuosismo a gente que, de no ser por la lluvia, jamás habrían sospechado que les gustaba la música clásica.
“Pero… ¿Qué es la música clásica? ¿Qué es la música popular?”, se pregunta Osmany Hernández, joven intérprete de fagot. “Hace tiempo se borró la frontera: clásica es toda la música que trasciende. Y con la cultura y el eclecticismo actual, lo popular se abre a muchas lecturas.”
La pianista Karla Martínez va más allá. Para la joven concertista, la única división posible es entre la buena y la mala música. “Los jóvenes evolucionamos, y tratamos cada vez más de hacer música universal, y llegar a más público.”
Como Verónica, Osmany y Karla, una hornada de jóvenes músicos cubanos ya dan que hablar en un país célebre por sus ritmos tradicionales, pero que también es cuna de grandes concertistas como Lecuona, Roldán, Caturla, Gramatges, López-Gavilán, Frank Fernández, Brower, Vitier y muchos más. Los tiempos son diferentes, pero los desafíos son iguales: hacer buena música, sacarla de las elites y llevarla a las masas.
Ayamey Castañeda llegó al oboe de casualidad, y quedó seducida por la riqueza de su repertorio. Ahora dirige el quinteto de viento Santa Cecilia, y todavía sueña con la oportunidad de grabar su primer disco, y tal vez luego hacer un videoclip. Niega que exista un divorcio con la música popular, pero se resiste a la tentación de géneros más masivos y mejore remunerados, por “los sacrificios de una adolescencia dedicada al estudio y al desarrollo como intérprete, a exigirme y superarme”. Igual, participó hace poco en la grabación del disco Popularmente sinfónico, y confía en su éxito.
Tanto ella como otros músicos jóvenes saben que nadie vive solo de la música de cámara, y se involucra en varios proyectos profesionales, incluso docentes, un guiño a los tiempos que corren en Cuba. Sin demeritar a otros géneros, su música requiere más ensayo, pero de cierta manera disfrutan vivir con un alto nivel de adrenalina.
Para Wilmia Verrier, directora coral del Ensemble vocal Luna, ni siquiera un video es garantía de difusión, porque el reguetón opaca propuestas extraordinarias, como un material del guitarrista Joaquín Clerch. “Falta crítica especializada, que es vital para trazarnos directrices. Pero hay mucha gente joven que compone no para dejarlo en una gaveta, sino defender su obra y poner a prueba a los intérpretes”, afirma.
Entre ellos sobresale el cellista Alejandro Martínez, compositor y arreglista, para quien los intérpretes son la gran motivación de los autores. “Ahora hay compositores jóvenes de todos los estilos, influenciados por el jazz, la electrónica y otros géneros populares, que al final engrandecen el formato de cámara”, puntualiza.
A Alina Blanco le gusta romper esquemas. Su quinteto Ventus Habana se apropia y recrea piezas ya hechas, y las enriquece con ideas renovadoras para establecer un dialogo entre el público y el concertante. En esa cuerda, esta intérprete del fagot rescata clásicos de la contradanza, sazonadas con percusión, paila, güiro, cencerro: lo afro en la cámara. “Las innovaciones de los jóvenes han propiciado el auge en la música de cámara, que se ha reinventado para llegar al público”, señala.
Prueba de estos avances es la dedicatoria del Cubadisco-2013 a los jóvenes concertistas, quienes lejos de regodearse en lamentaciones, apuestan por una voz propia con la cual hacerse sentir no solo en esta capital de lo real maravilloso que es La Habana, sino en toda Cuba. Y más allá…
 

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