La Habana 500 Aniversario.

Por: Lorenzo Gonzalo

En el mes de noviembre actual, La Habana cumple 500 años. Con anterioridad, los españoles fundaron otras poblaciones, pero no fue hasta 1519 que, por razones de ubicación geográfica, su extraordinaria Bahía de bolsa y favorables condiciones para la agricultura, la Villa es proclamada como Cabildo de San Cristóbal de La Habana. Por este motivo, noviembre viste de galas a la ciudad y Cuba entera celebra el evento.

Como ciudad capital de los países hemisféricos, es la segunda ciudad más antigua, habiendo sido precedida por Santo Domingo, fundada en 1498. Podemos añadir además que, de todas las ciudades y capitales de la región, es la más hispánica de todas. El color blanco y negro de sus hijos, nativos y adoptados, asimilaron el hubris hispano y sin contradicciones, a pesar de los injustos maltratos recibidos de su vecino norteño, es al propio tiempo la más estadounidense de toda Latinoamérica y el Caribe.

Estos hechos ni le añaden ni restan importancia regional, pero sirven para destacar los rasgos auténticos de su cultura, la cual se funde en ese collage maravilloso de hábitos, costumbres y creencias del área latinoamericana y caribeña de habla hispana.

El español no conquistó Cuba, como sucedió con el resto del Centro y Suramérica, simplemente la ocupó. Y por esos fenómenos casuales y mágicos de los desplazamientos humanos, se convirtió en la joya de la Corona española. Allí confluyó durante cuatro siglos, el crisol de la españolidad.

Cuando los españoles desembarcaron en Cuba, no hallaron una población primitiva numerosa como en la Hispaniola y mucho menos una civilización adelantada y numerosísima, salpicada de fastuosas ciudades como Tenochtitlán o el Cuzco. Sólo había unos 300,000 habitantes dispersos en más de 111,000 kilómetros cuadrados.

Los más avanzados no pasaban del neolítico y en medio siglo prácticamente desaparecieron, más por el impacto de una civilización que la sobrepasaba tecnológicamente por decenas de siglos, que por su rebeldía contra los invasores. En los primeros años, la viruela y los suicidios redujo a aquellos indígenas a un insignificante número. Los que quedaron se perdieron en las montañas orientales, región donde existía la mayor concentración. En el resto de la Isla de Cuba, sólo había pequeños poblados, junto a los ríos y tierras donde crecían por obra y gracia de la naturaleza, la mandioca y otras plantas. La agricultura aún no había sido descubierta por aquellos pobladores.

Los españoles estaban solos en tierra de nadie. No había cultura opuesta ni resistencia que enfrentar. El asentamiento resultó fácil. Pero lo más importante, no había oro, ni piedras preciosas que extraer. Esto último hizo que los más humildes, menos audaces y más cansados quizás, permanecieran en la lsla, mientras los más osados y aventureros se fueran a Mérida primero y al resto de México y el sur del continente después. Allí encontraron oro, plata, piedras preciosas y otras riquezas que arrebataron de los pueblos originarios y los motivó a la aventura y el peligro. Pero también hallaron civilizaciones que enfrentar y culturas que los desafiaran.

Los que quedaron en Cuba para cultivar la tierra, la mayoría de muy bajo nivel cultural, personas humildes, eventualmente importaron negros esclavos para las tareas que ellos no querían hacer. Recordemos que el más insignificante mulero español tenía pretensiones de hidalgo y orgullo de caballero.

Su primitivismo, lleno de componentes mágicos, se fundió con el de los esclavos, a quien sólo superaban por sus conocimientos militares, prácticas comerciales y conocimientos agrícolas. El carácter tribal de ambos hizo posible la fusión del negro con aquel español. La ritualidad pagana del africano encontró su homólogo en la simplicidad religiosa de aquellos españoles humildes que quedaron para cultivar la tierra y abastecer a los aventureros dispuestos a matar indígenas por una onza de oro. Sociopolíticamente el negro esclavo no aportó nada. Simplemente asimiló la desmesura, el orgullo, la prepotencia y el narcisismo, del único español que, en el hemisferio americano, prefirió la práctica colonial a la conquista cruel. Por todas esas razones, la nacionalidad cubana es el más hispánica del llamado Nuevo Mundo.

Hoy vemos una Habana festiva, preparándose para celebrar sus 500 años de edad y para honrar esa cultura de humildad y orgullo de caballero que la caracteriza.

Gracias a ese orgullo, Cuba ha mantenido su reclamo de ser libre de los designios del Norte, el vecino que ha maltratado inmoralmente un pueblo durante 60 años. Por eso y a pesar de todos los bloqueos e inmoralidades políticas y militares concertadas en su contra, se viste de fiesta en estos días, para celebrar su honroso cumpleaños. Como buen hidalgo, con todo el orgullo de caballero y con la vocación de trabajo que mostraron quienes decidieron quedarse a producir la tierra, junto a los pares esclavos que nunca debieron tener, el cubano continúa convirtiendo los reveses en victorias.

¡Felicidades La Habana!

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