La periodista cubana residente en Argentina, Margarita Pécora, comenta sobre el periodismo cubano: «El rol del periodismo cubano es de contraofensiva ante el acoso de EE.UU.»

En artículo publicado por la Revista Comunas, de Argentina, este 21 de mayo, Gabriel Russo nos cuenta las opiniones sobre el periodismo y los medios de comunicación en Cuba, ofrecidas por la periodista cubana residente en Argentina, Margarita Pécora, quien integra la Unión de Cubanos Residentes en este país.
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Según criterio de la periodista cubana Margarita Pécora “Desde que Fidel Castro osara negarse a permitir que Cuba fuese una colonia más de los Estados Unidos, la Isla caribeña es blanco de millonarios proyectos subversivos de varias administraciones norteamericanas en medio de su impotencia. Su obra cumbre ha sido el bloqueo más criminal e injusto contra el pueblo cubano y es lo que define el particular rol de contraofensiva perenne de los profesionales de la prensa en Cuba” -explicó la colega-.
“En los últimos días se desató una desagradable polémica en algunos medios argentinos, ante la sola idea de traer médicos cubanos para ayudar a enfrentar la pandemia del Covid-19 en la provincia de Buenos Aires. Fue en esta ocasión que escuché a connotados periodistas de medios dominantes e importante audiencia, proferir frases cargadas de enorme hostilidad y odio contra Cuba, apuntándole con el índice como el eje del mal junto con Venezuela y atribuyendo a la Isla el modelo comunista, que agitaron como fantasma que no quieren ver llegar a la Argentina”.
“Lo primero que experimenta un periodista cubano cuando escucha tales falacias y frases tan estigmatizantes, es vergüenza ajena, porque es lamentable que quienes se presentan como profesionales de la prensa, caigan en un error ético y de concepto tan elemental, como es encasillar en el modelo comunista -que ni siquiera Fidel Castro reconoció haber alcanzado-, al sistema sociopolítico cubano que en realidad transita y con disimiles dificultades por el camino del Socialismo, a contrapelo de las apetencias de un enemigo que lo acecha día y noche a solo 90 millas de distancia”.
“Una realidad que el mundo entero conoce y estos propaladores de mentiras, también. Entonces, ante tales errores filosóficos, uno empieza a dudar si quienes así se expresan pasaron realmente por la universidad, o solo tienen la de la calle”.
“Esto que trasmiten, sigue a pie juntillas el manual de los gobiernos de ultraderecha que cumplen en este hemisferio, los mandatos de Estados Unidos creando un entorno de furibunda agresividad contra Cuba. Y eso no es nuevo, eso viene desde que un barbudo llamado Fidel, osó negarse al sometimiento a Estados Unidos. Desde entonces, Cuba es otra historia, nada comparable con la de Argentina, con la de Venezuela, ni con la de Rusia”.
“La generación de periodistas a la que pertenezco se dio cuenta desde las propias aulas donde recibíamos los preceptos filosóficos de Marx, Engels, Lenin, mezclados con los teóricos de la comunicación y la semiótica, como Kant, Marshall, Sanders o Saussure, o las recomendaciones de lectura de las obras de Vargas Llosa, Humberto Eco, Carpentier y el “Gabo” García Márquez, que el ejercicio periodístico que soñábamos era una utopía”.
“Lo que nos esperó fuera de las aulas fue una guerra ideológica solo apta para soldados de la palabra, en los que nos vimos convertidos, para librar una batalla contra el enemigo poderoso e irreconciliable, que nos fue dando a probar el sabor dulce de la victoria y también el amargo de las derrotas”.
“Y nos hicimos periodistas narrando las campañas de alfabetización por inhóspitos parajes de la Sierra Maestra, y capturas de mercenarios entrenados por el gobierno de Estados Unidos para armar guerrillas contrarrevolucionarias en las lomas del Escambray; luego, reportando los éxitos de las zafras azucareras, o la implementación del Plan del médico de la familia en las zonas rurales”.
“De nuestras filas partieron varios colegas como corresponsales de guerra hacia Angola, Etiopia y Vietnam, y periodistas cubanos hay repartidos por medio mundo representando a Prensa Latina, primer medio de prensa fundado por la revolución cubana, y mire usted que coincidencia, por dos argentinos: el periodista Jorge Ricardo Masetti apoyado por nada menos que Ernesto Che Guevara”.
“Y esa Cuba como espina en la garganta, que le echó a perder a los norteamericanos los planes de la invasión por Playa Girón, es el “mal ejemplo” que las administraciones estadounidenses han agitado y por lo que han dedicado millonarios proyectos subversivos para aniquilarla”.
“Los bombardeos mediáticos desde La Florida, con tele emisoras, radios subversivas y toda suerte de campañas incentivando la emigración ilegal, han ocupado en las últimas décadas al periodismo cubano, en la contraofensiva ideológica contra las falsas noticias y medias verdades” -de comunicación e información-.
“Quien ha visitado a Cuba habrá notado que al prender el televisor aparece una producción diferente, ausente de banalidades y consumismo, una programación para algunos demasiado informativa, oficialista, con noticieros en cadena al mediodía y la noche para difundir los hechos y orientaciones más relevantes dirigidos a 11 millones y medio de cubanos; y una Mesa Redonda para otros tal vez aburrida, pero necesaria para los cubanos, que es conducida por periodistas quienes hacen desfilar desde el Presidente de la nación, hasta los ministros y dirigentes de organizaciones y organismos del Estado para que “rindan cuenta” de su gestión al pueblo”.
“Usted no va a ver en la tele cubana sorteos de quinielas ni de electrodomésticos, y sí mucha instrucción mezclada con música y baile, y un canal educativo donde enseñan desde idiomas hasta las obras de los más selectos autores de la cultura universal”.
“El rol del periodismo y los periodistas en el Socialismo cubano es auténtico, incomparable, porque responde a mi modo de ver, a un modelo de sociedad y a una historia de país acosado desde hace más de 60 años por el vecino del Norte que no ceja en su empeño por someterlo por hambre, y eso traza la singularidad del periodismo cubano, de constante guerra y combate en el terreno ideológico, contra el terrorismo informativo, para poder sostener su modelo de igualdad y justicia social, sin tener que caer a los pies del imperio”.
“Un periodismo que no es perfecto, que tiene sus propios fantasmas, engendrados en el temor a los farsantes, que suelen ocultarse tras el derecho a la libertad de expresión, para sacar los trapos sucios y mostrar las falencias al enemigo que vive como fiera acechando a su presa”.
“Permítanme cerrar este comentario aludiendo a una estrofa del famoso cantautor cubano Pablo Milanés que viene como anillo al dedo a mi perspectiva sobre este tema, y es esa que dice»:
“No vivo en una sociedad perfecta. Yo pido que no se le dé ese nombre”

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