La ruta cubana de José Martí

Museo Casa Natal de José Martí, Monumento Nacional de Cuba, atesora parte de las pertenencias del Héroe Nacional.

Por Jorge Petinaud Martínez

A 164 años del natalicio del héroe cubano José Martí, el 28 de enero de 1853, la vigencia de su pensamiento independentista y latinoamericanista y las huellas de su andar en varias localidades de esta Isla lo ratifican como uno de los hombres más ilustres del continente.

Breve fue su existencia: Cuarenta y dos años, tres meses y 19 días. De ellos, en el destierro más de la mitad.

Sin embargo, fue tal su consagración a la forja de una patria, que el lapso relativamente breve en que se desplazó por limitados espacios de este archipiélago trazó una ruta digna de recorrer. Ese periplo contribuye a comprender cómo se conformó la personalidad del más universal de los cubanos.

El museo Casa Natal de José Martí, de la Oficina del Historiador de La Habana, es un excepcional punto de partida. La institución posee la mayor colección de objetos que se atesoran en Cuba, relacionada con la vida y la obra del Héroe Nacional.

Construida a inicios del siglo XIX, esta sencilla casa de típico estilo colonial perteneció inicialmente a una congregación religiosa, y en 1852 su nuevo propietario la alquiló a dos familias emparentadas, una de las cuales era el joven matrimonio que formaban el valenciano Mariano Martí y la canaria Leonor Pérez.

De ellos nació en 1853 el primogénito, José Julián, quien vivió en el lugar hasta los tres años de edad.

El museo posee siete salas permanentes y un área de exposición transitoria, a las cuales se anexan los restos de la Real Cárcel de La Habana. En ellas el visitante conocerá desde el nacimiento del Apóstol hasta su quehacer en Estados Unidos como delegado del Partido Revolucionario Cubano en los preparativos de la guerra independentista de 1895.  

 

En el entorno habanero

 

Apenas a unas cuadras de la Casa Natal, en la calle Cárcel entre Zulueta y Prado, están los restos de la antigua Real Cárcel de La Habana en la que estuvo recluido a los l6 años de edad, condenado a seis años de trabajos forzados por el delito de infidencia.

Por varios meses, el preso 113 —Martí— caminó a duras penas por la calle de San Lázaro al amanecer y regresó bien avanzada la tarde, junto a los demás reclusos, arrastrando las cadenas atadas en un extremo a una pesada carga y en el otro al grillete que le oprimía el tobillo, en un itinerario que iba del infierno de la cárcel al dolor infinito de la sección La Criolla, en las canteras.

La Fragua Martiana, antigua zona de esas canteras, es otro punto esencial de la ruta cubana de José Martí. Por eso en ocasión de su sesquicentenario fue develada aquí la escultura de bronce —a tamaño natural— El Preso 113, creada por el artista José Villa Soberón.

Un indiscutible símbolo de La Habana es la estatua de mármol blanco ubicada en el Parque Central, inaugurada el 24 de febrero de 1905, la cual sustituyó a la de Isabel II, de España.

No muy lejos —y este sitio es menos conocido—, en Prado y Ánimas, próximo al actual restaurante Prado 264, se conserva en buen estado la edificación en la cual radicó el Colegio San Pablo, de Rafael María de Mendive, donde Martí expresó sus primeras inquietudes independentistas a través de los versos del poema Abdala, antes de cumplir 16 años.

Bien cerca, en Amistad entre Neptuno y Concordia, en la humilde casa que estuvo marcada con el número 42 y que hoy no tiene numeración, residió José Martí junto a su esposa Carmen Zayas Bazán y su pequeño hijo José Francisco, en l879, etapa que describe en los versos de su poema Ismaelillo.

Por aquellos días se desempeñaba como pasante de abogacía en el bufete de Miguel F. Viondi y de Nicolás Azcárate, sito en Empedrado número 2, y conspiraba junto a Juan Gualberto Gómez contra el colonialismo español.

Al ser descubierto fue detenido en su casa y conducido a la antigua jefatura de la Policía, en Empedrado y Monserrate, hoy una de las instalaciones de la Contraloría General de la República, de cuyas celdas partió hacia su segundo y último destierro.

Se dice que la vigilancia de los agentes secretos del régimen español se había estrechado contra José Martí desde aquel día de l879 en que pronunció un encendido discurso patriótico en el Liceo Artístico y Literario de Guanabacoa ante el mismísimo Capitán General de la isla de Cuba, quien lo calificó de “loco, pero loco peligroso”.

Y como colofón de este itinerario martiano en el entorno habanero, sobresale el Memorial José Martí, ubicado en la Plaza de la Revolución.

Una visión integral y más completa del Héroe Nacional de Cuba logrará el visitante si en su ruta martiana se asoma a Playitas de Cajobabo, en la actual provincia de Guantánamo, punto de desembarco de Martí y el Generalísimo Máximo Gómez en abril de 1895.

Más aun, recibirá una visión asombrosa de la flora y la fauna endémicas, si guiado por las páginas del Diario de Campaña de José Martí continúa su itinerario senderista hasta llegar a Boca de Dos Ríos, donde como lo deseó, de cara al sol y en combate, dedicó a Cuba su último aliento.

Entonces, el amigo que ha llegado hasta aquí en la ruta cubana de Martí, sentirá la necesidad de dirigirse a Santiago de Cuba, al cementerio Monumento Nacional de Santa Ifigenia.

Una vez en el panteón del bardo de los Versos Sencillos colocará un ramo de flores y rendirá homenaje a la bandera de la estrella solitaria.

Solo a unos pasos, una piedra traída de la Sierra Maestra que conserva, en su interior, las cenizas del autor de La Historia Me Absolverá y está identificada solamente con el nombre de Fidel, confirma el concepto martiano de que “toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz”.   

El visitante sentirá a esas alturas la necesidad de realizar otra ofrenda floral, y entonces podrá sentirse honrado, recordando a quien sentenció que “honrar, honra”.

Distintas fotos de José Martí en el Museo Casa NatalEscultura de bronce —a tamaño natural— El Preso 113, en la Fragua MartianaEstatua de mármol blanco ubicada en el Parque Central, inaugurada el 24 de febrero de 1905Memorial José Martí, ubicado en la Plaza de la RevoluciónPiedra traída de la Sierra Maestra que conserva, en su interior, las cenizas del autor de La Historia Me Absolverá, en al cementerio Santa Ifigenia

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