Los Cinco

Golpean a la puerta *
Por Deisy Francis Mexidor
Aquel 12 de septiembre de 1998, sobre las cinco y treinta de la madrugada, en casa, allí los detuvieron y los llevaron al Headquarter del  FBI en Miami «para una entrevista de “convencimiento” a que colaboráramos y traicionáramos, con ciertas promesas a cambio». Ramón Labañino Salazar le narra lo sucedido de esa manera a su esposa Elizabeth Palmeiro diecisiete meses después del arresto, cuando pudo escribir la primera carta el 20 de enero del 2001.
Entonces le confirmó a ella que como era obvio, nada tenía que decir, y que después de varios intentos fallidos «sin más que lograr, nos llevaron en auto al FDC (Federal Detention Center) en Miami, en el corazón mismo del Downtown Miami, donde hemos estado todo este tiempo».
«Desde que entramos —dijo—, fuimos llevados directamente al piso 13, donde estuvimos dieciocho días. Es una celda solitaria, con cama litera de hierro toda, con colchón, meseta de concreto, inodoro de barro, una silla metálica y solo una colcha para dormir. Los tres primeros días, desde el sábado 12 de septiembre de 1998 hasta el lunes 14, que fuimos por primera vez a lavarnos la boca, no aseo, ni baño, ni peine..., nada de nada. Así es que bajamos por primera vez al show federal».
Esa primera cita en el tribunal fue para declarar que no tenían dinero, «y que por tanto se nos asignaría un abogado de la corte.
Un diluvio de propaganda mal intencionada y fraudulenta que creó el ambiente propicio para condenarlos posteriormente rodeó los hechos. Fueron presentados como una red tenebrosa y llena de complejos aparatos tecnológicos. La prensa de Miami resultó ser la encargada de desa¬tar esa campaña. El martes 15 de septiembre esta se hizo eco del suceso en términos acusatorios al decir que todos estarían implicados por «trabajar como agentes del gobierno de Cuba y de tener como objetivo la obtención de informes sobre instalaciones militares y grupos exiliados del sur de la Florida».
Y se expresó más adelante con total cinismo, que este «podría ser un indicio de la decisión norteamericana de ser más severos con los agentes de La Habana que se pueden infiltrar con facilidad en los grupos de exiliados de Miami, con el fin de provocar incidentes». Un argumento insólito.
Cuba jamás ha ocasionado daños a Estados Unidos. Es desde territorio estadounidense que los grupos terroristas, que con total impunidad proliferan en el sur de la Florida, han enlutado a miles de familias de la isla por sus acciones criminales.
No resulta extraño tampoco que entre los titulares de los periódicos estuviese el siguiente: «Arrestos no fueron sorpresa para los exiliados». Es cierto, porque, en Washing¬ton, el congresista cubano-americano Lincoln Díaz-Balart enseguida declaró que no le causaba asombro la noticia ya que Héctor Pesquera, entonces director de la Oficina del FBI en Miami, lo había llamado de inmediato. Y dijo más: aseguró estar debidamente informado, incluso antes de que los hechos fuesen publicados, lo que evidencia los nexos de la ultraderecha cubano-americana y la participación del FBI en esa ciudad en el proceso que seguiría después.
La causa se radica el 2 de octubre. Al otro día aparece en las páginas de los diarios que «un jurado federal de instrucción de Miami encausó el viernes a diez personas arrestadas el mes pasado, acusadas de espionaje contra Estados Unidos y de haber servido de agentes ilegales del gobierno comunista de Cuba. [...] los investigadores todavía no conocen las verdaderas identidades de tres de los acusados descritos en un nombre muy propio de ellos (que utilizan para clasificar a los individuos sin identificación), John Doe no. 1, identificados inicialmente como Viramontes, John Doe no. 2, identificado inicialmente como Medina, y Rubén Campa como John Doe no. 3. Se ha ordenado que se mantengan los (…) detenidos sin derecho a fianza y pendientes de juicio».
Luego se publica como pan caliente un informe completo –parcializado además– del agente del FBI Raúl Fernández, a quien señalan como jefe del operativo, en el cual concluye que «existe una causa probable de que estos [...] hayan violado el título 18 USC, sección 794, que es conspiración para reunir y entregar información de defensa para ayudar a un gobierno extranjero».
La agencia EFE refirió en un despacho que «tres de ellos, si son encontrados culpables, podrían enfrentar cadena perpetua». ¡Tempranas especulaciones!
El 13 de noviembre también EFE puso sobre el ruedo un despacho tendencioso en el que alegaban que «las autoridades estadounidenses están investigando la presunta relación de la red cubana de espías con el derribo de dos avionetas de la organización del exilio Hermanos al Rescate, ocurrida en 1996».  
Mientras, The Miami Herald anunciaba que «el ataque de dos cazas cubanos contra las avionetas de la agrupación anticastrista provocó la muerte de cuatro hombres y ha sido el foco de la investigación en el caso de los espías».
Como era de esperar, fabricaron un vínculo entre los detenidos y la acción realizada por el gobierno de Cuba, en legítima defensa, de su soberanía nacional. Con este ingrediente toma sabor político la causa, más por aquellos días en que se intentaba consumar un proceso a favor de Hermanos al Rescate en un tribunal de Florida que permitiría cobrar luego, en el 2000, a los familiares de los pilotos derribados un multimillonario resarcimiento con el dinero que el Departamento del Tesoro tiene congelado en bancos norteamericanos desde el triunfo de la revolución, en virtud del bloqueo.
El juez superior de distrito, Lawrence King, alineado con la mafia terrorista miamense, desempeñó un papel importante en esta trama al dictaminar que La Habana debía compensar a esas familias con 187,6 millones de dólares, «en concepto de indemnización compensatoria y daños punitivos».
En una entrevista que ofreciera el Comandante en Jefe Fidel Castro a la cadena televisiva CNN, el 20 de octubre de 1998, aseveró: «Sí, a veces hemos enviado ciudadanos cubanos que se han infiltrado en organizaciones contrarre¬volucionarias para informar de actividades destructivas contra nuestra patria, y creo que tenemos derecho a hacerlo mientras Estados Unidos tolere que desde allí se organicen sabotajes, incursiones armadas, ametrallamiento de instalaciones turísticas, introducción de armas, explosivos, y sobre todo brutales atentados terroristas».
El 20 de junio del 2001 se develó la historia. Entonces la opinión pública nacional e internacional conoció quiénes eran Antonio Guerrero Rodríguez, Gerardo Her¬nández Nordelo (Manuel Viramontes), Fernando González Llort (Rubén Campa), Ramón Labañino Salazar (Luis Medina) y René González Sehwerert, y el porqué de su anónima lucha.
Antes, el 17 de junio, después de imputárseles el veredicto de culpabilidad y en un mensaje al pueblo estadounidense, confirman que «en nuestros días de prisión hemos reflexionado sobre nuestra conducta en este país y reafirmamos la más profunda convicción de que con nuestra actitud y acciones no transgredimos ni pusimos en peligro la seguridad del pueblo norteamericano y sí contribuimos en alguna medida a descubrir planes y acciones terroristas contra nuestro pueblo, evitando la muerte de ciudadanos inocentes cubanos y norteamericanos».
Paradójicamente, el 16 y 17 de junio de 1998 autoridades de la seguridad del estado cubano, en un intercambio con el FBI, le entregan 230 páginas sobre las actividades terroristas contra Cuba, cinco videocasetes con conversaciones e informaciones transmitidas por las cadenas de televisión referidas a actividades criminales contra la isla y ocho casetes de audio, ascendentes a dos horas y cuarenta minutos, sobre llamadas telefónicas de terroristas centroamericanos que estaban detenidos con sus mentores en el exterior. El FBI admite estar «impresionado» por la abundancia de pruebas y responde que contestará en dos semanas. El 12 de septiembre de 1998 lo que intentaron fue «matar» a los posibles mensajeros.
A 15 años del arresto de Los Cinco, solo René González recuperó su libertad tras cumplir su sentencia en octubre de 2011, pasar luego a régimen de libertad supervisada y finalmente después de un proceso que incluyó la pérdida de su ciudadanía estadounidense (nació el 13 de agosto de 1956 en Chicago) se le permitió permanecer en Cuba.
El desaparecido abogado del equipo legal Leonard Weinglass afirmó en su momento que el juicio fue mantenido en secreto por los medios de prensa norteamericanos y que era inconcebible que el proceso más largo en Estados Unidos hasta ese instante fue cubierto solamente por la prensa local de Miami, particularmente cuando fueron llamados a testificar generales y un almirante, así como un asesor de la Casa Blanca.   
¿Dónde estaban los medios de prensa norteamericanos durante seis meses? No solo fue este el juicio más largo, sino también fue un caso que involucraba importantes asuntos de política exterior y terrorismo internacional, advirtió Weinglass.
La pregunta se les debe hacer a los medios norteamericanos, que continúan negándose a cubrir un caso con tales violaciones de los derechos fundamentales, e incluso violaciones de los derechos humanos de los prisioneros, sentenció entonces.
*Este artículo toma fragmentos de un libro en preparación por la autora.

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