El Órgano Oriental, su historia
Por Lucía Arboláez
La Bienal de La Habana de este año sirvió, entre otras, para conocer o mejor dicho refrescar en muchos nacionales el valor del instrumento musical que llegó a nuestras costas siglos atrás y que aun hoy sigue escuchándose, sobre todo en la parte oriental del país.
Según un joven artista panameño, Antonio José Guzmán, radicado en Holanda, el proyecto El Órgano Oriental (ELOO), es un ejemplo de apropiación, de integración de elementos culturales y tendencias, mediante la historia.
En Cuba —señaló— es un instrumento musical de mucho significado, que pese a ser similar a los tradicionales que se utilizan en otros países, fundamentalmente donde él radica, es una representación de la riqueza cultural de la Isla y de su capacidad de adaptación a diferentes culturas.
Así comienza la historia
Según varios investigadores, su llegada a Cuba se remonta a finales del siglo XIX. El primero de estos instrumentos aerófonos que entra al país lo fue de forma casual y era un pequeño órgano de cilindro. Su entrada se produjo por la ciudad de Cienfuegos. Mientras que don Santiago Fornaris Jerez, de origen bayamés y de oficio carpintero, fue el primero en traerlo al oriente del país, a la ciudad de Manzanillo, este conoció de la existencia de los órganos de cilindro en un viaje que hiciera a Cienfuegos. Pagó por el mismo $300 a Cayetano Panza y Rafael Hidalgo, quienes se dedicaban a arreglar y comercializar organillos de iglesias, asegurando que con ellos se podía hacer música popular.
Revela esa investigación que cada órgano que llegara a la Isla era bautizado, el primero fue llamado La Matilde. El bautizo se realizaba derramando un poco de ron sobre la caja secreta y se le otorgaba el nombre con que se conocería a partir de su primera presentación. El de Fornaris La Independencia, en honor a la Guerra de Independencia de Cuba de l895 ya que su dueño había luchado en ella.
Poco tiempo después, don Francisco Borbolla García, embullado por Fornaris, y por ser amigo de bailes y fiestas se agenció uno de aquellos instrumentos para su disfrute personal, ese fue bautizado con el nombre de Las dos Banderas. Debido al éxito que tuvo entre sus amigos y viendo la posibilidad de grandes dividendos, se hizo de varios de dichos aparatos. Posteriormente adquiere en Francia un órgano que utilizaba una técnica más moderna, la del cartón perforado y vende los organillos de cilindro en lugares remotos de la serranía oriental.
Este instrumento fácil de transportar y de gran aceptación entre los pobladores de toda esa zona del país, era muy utilizado para amenizar los carnavales, fiestas de noche buena, romerías y bailes de sociedades.
Los dueños de los órganos eran a la vez sus reparadores y hasta constructores de los mismos, sentando las bases para la creación y funcionamiento de una fábrica en la propia provincia, donde este instrumento era y es el más utilizado en las fiestas campesinas.
La ciudad de París, El indio Hatuey, La joya del Sol, El Arcoíris, La sonrisa del Trópico, y él Órgano Oriental (este último construido por los hermanos Ajo), son los nombres que han recibido hasta la actualidad estos aparatos.
Su utilización ha permitido que en las más intrincadas zonas de esa región de Cuba, se haya podido oír no solo música cubana, sino también de otros países y bailar además de danzones: polcas, mazurcas, valses, lo cual contribuyó a la ampliación del mundo sonoro y bailable que sobre todo en la áreas rurales tienen matices danzarios que difieren del de otras zonas del país.
El modelo de órgano oriental actual es de madera, con dos maniguetas: una mueve los rollos de cartón que tienen caladas las notas musicales y la otra acciona el fuelle que proporciona el aire necesario para hacerlo funcionar.
En 1914, José Ajo Góngora o Pepe como se le conocía, natural del actual municipio de Gibara, compró el llamado La ciudad de París, destacándose posteriormente por su ingenio en la reparación y construcción de órganos. Años más tarde, Pepe estrena el primer órgano construido por él, posteriormente fabrica otro que bautizó con el nombre de Gran cacique Hatuey, que fuese considerado en su momento uno de los mejores de Cuba.
De los trece hijos que tuvo Pepe Ajo, tres de ellos siguieron la profesión de su padre, uno era el afinador, el segundo ayudó en la construcción de estos y el tercero dirigía el grupo musical que llevaría su apellido: Los hermanos Ajo y su Órgano Oriental, fue responsable además de introducir el órgano en las provincias occidentales, presentándose con su grupo en festivales bailables, en programas radiales, grabaron discos de larga duración para la firma RCA Víctor, con números tan populares como: El platanal de Bartolo, Pare cochero, Fefita, El golpe de Bibijagua, Tres lindas cubanas, El manisero, llegando a grabar tres discos de larga duración.
Ya para la década de los 90 se escucha menos, no es seguido por la juventud, que prefiere otras ofertas más actuales. No obstante se han tomado medidas por las autoridades culturales de esa zona del país y llevado a cabo diversas estrategias para que no se pierda esta tradición, forma de expresión musical tan autóctona, sobre todo del campo cubano y fundamentalmente de la región oriental.
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