¡Mamá, yo no soy un zocotroco…!

Por Orlando Carrió

Aunque muchos no lo crean, en los planteles educativos, donde se supone que los muchachos se empinen para hacerse hombres útiles, pueden, a veces, desarrollarse verdaderas batallas campales entre los jovenzuelos más dotados por la naturaleza y los que tienen algún tipo de “defecto de fábrica” o no fueron atendidos con esmero por las generosas musas.

Estos combates, que se desarrollan a viva voz en los pasillos, el patio, los baños, la cafetería y hasta en las mismas aulas y laboratorios, han dado pie a la aparición de una serie interminable de apodos y nombretes que se usan como filosas flechas para elogiar o hacer polvo al más sabroso.

Por ejemplo, el mocetón que deja mudo al docente por su sabiduría y saca siempre 100 puntos en los exámenes es un “filtro”,o lo que es igual, “un cerebro o cerebrito”,y si, para colmo, tiene poca competencia entre sus compinches estará “escapa´o” y será siempre el mejor, no solo en su salón, sino también en cualquier actividad que emprenda relacionada con el trabajo,la casa, los carros, las damas, el baile y hasta el canto.

Claro, en relación con los futuros Nobel hay de todo: estudiantes que usan sus habilidades para ayudar a sus amigos e impedir que reprueben los cuestionarios más antipáticos, y otros, por el contrario, se vuelven soberbios, o sea, empiezan a “creerse cosas” y, a la larga, figurarán en la lista de los más despreciados del plantel.

Para referirse a los tipos benéficos se pueden usar expresiones como estas: “Niño, estás a otro nivel; en Matemáticas no hay quien te ponga un pie delante” o “Loco, estás fuera de liga; ni Einstein te supera en Física”. Al contrario, cuando los altaneros y desdeñosos llegan a la biblioteca, se escuchan estas locuciones: “Por ahí viene el inteligentón; es un pesa´o” o “Ese se pasa la vida quemando neuronas; casi no tiene amigos”.

Los menos inteligentes, por su parte, tienen también en Cuba muchos apelativos, los cuales pueden ser soeces o cómicos, según las intenciones del interlocutor y el tipo de persona que recibe el calificativo. En realidad, si tienen un coeficiente intelectual bajo, se arriesgan a ser un “burro”, un “mente ´e pollo”, un “adoquín”o un “zocotroco”.

Sin embargo, a veces estos alumnos, zurdos de cerebro, sustituyan su falta de brillantez por unos deseos tremendos de comerse el mundo: repasan el doble, hacen las tareas triples, realizan más ejercicios que todo el grupo junto, están pendientes de la última insinuación del académico previo al examen parcial… En fin, ni duermen, no son muy lúcidos, pero sí perseverantes.

Yo conocí durante mis estudios de Pedagogía a un adolescente de Alquízar a quien nada le salía derecho. Era siempre el último en todo y no entendía lo que le hablábamos. Entonces los bromistas de siempre empezaron a gritarle: “Boniato; lo que tienes en la cabeza es un boniato”. Mientras que otros lo maltrataban de lo lindo y no le daban la más mínima posibilidad de redención: “Eres un arado, un mongo”.

Finalmente, la directora intervino y, tras algunos correctivos, el pipiolo, inadaptado al principio al mundo colegial, empezó a despertar para cazarles la pelea a los sabiondos.

Otra ofensa muy frecuente en nuestros centros de educación, no importa si es de nivel primario, secundario o preuniversitario, se resume con dos letras del alfabeto: RM, las siglas de retrasado mental, esgrimida por los propios profesores—sin el visto bueno de algún médico— cuando están hartos de la falta de progreso de ciertos discípulos, quienes son acusados, igualmente, de ser unos “cafres”, una voz que al principio emplearon los árabes para referirse a los habitantes delsur de África,poco cultos, según ellos.

Bueno, y ¿qué me dicen ustedes de las “cabezas de politécnicos”?. Esta expresión es lapidaria, es algo así como una sentencia de muerte para los mozuelos que desean entrar en la universidad sin tener, al parecer, habilidades y destrezas para ello. Al final, sus propios padres los obligan a realizar estudios de nivel medio superior en un tecnológico de no muy recomendable reputación.

Como se aprecia, la fiebre de los alias no respeta a nadie. Si eres un “lince” te mandan para el Olimpo; si eres torpe te clavan en la cruz. Por eso mis amigos y yo siempre simulamos ser del “montón”. De hecho, nunca nos clavaron en el mural, donde lo mismo figuraban Filomeno, la estrella, que Pancracio, el tarado…

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