Matanzas, la ciudad cubana de los puentes centenarios

Matanzas, la ciudad cubana de los puentes centenarios.

Por Wilfredo Alayón

Con el reciente arribo del puente Silverio Sánchez Figueras a los 100 años de vida, Matanzas alcanza la cifra de cinco de esas estructuras centenarias en activo.
Según el ingeniero Luis González Arestuche y el arquitecto Ramón Recondo, esta característica es irrepetible en el país y, hasta donde se conoce, tampoco en América, y solo se le acerca la urbe portuguesa de Oporto, que cuenta con tres.
A la tricentenaria Matanzas, distante 100 kilómetros al este de La Habana, la atraviesan tres corrientes fluviales: el San Juan y el Yumurí, a escasas seis cuadras de distancia uno del otro, y el Canímar, ubicado en la zona periférica de la localidad.
Cabecera de la provincia homónima, la municipalidad bordea una bahía asentada sobre suaves colinas ondulantes y se cuentan una treintena de esas pasarelas peatonales, ferrocarrileras y vehiculares, para conectar las diferentes barriadas.
“Cada uno tiene una función bien definida y forma parte del entorno arquitectónico de la urbe”, afirma Recondo, en tanto González Arestuche expresa la necesidad de poner más atención sobre esa parte integrante del urbanismo matancero.
Varios son los apodos otorgados a esta comarca, aunque el que más enorgullece a sus habitantes es el de Atenas de Cuba, por el desarrollo cultural alcanzado en el siglo XIX y mantenido actualmente.
La necesidad económica y la expansión territorial en las riberas y más allá de ellas, motivó la edificación de viaductos para comunicar los barrios separados por las aguas, de ahí entonces la también denominación de Ciudad de los Puentes.
“Uno de los símbolos de la matanceridad son los puentes; por eso Matanzas es la Ciudad de Ríos y Puentes porque ¿qué sería de Matanzas sin sus puentes?”, destaca el especialista José Macías, en tanto que González Arestuche gusta llamar a esas edificaciones guardianes de la ciudad.
Al desplazarse desde la capital del país por la autopista llamada Vía Blanca y a pocos kilómetros antes de Matanzas, comunicando dos colinas, se encuentra el Puente de Bacunayagua, catalogado como una de las maravillas de la arquitectura cubana.
Se le considera el más alto y uno de los más largos de la ínsula, con medidas respectivas de 109 y 314 metros y un ancho de 16 metros. Su construcción la comenzó en 1956 un equipo de ingenieros cubanos y se concluyó tres años después.
Ya en este municipio, el puente General Lacret Morlot o de La Concordia recibe al viajero, con la peculiaridad de ser el más longevo del quinteto centenario, y tiene como característica que fue el primero de hierro fundido que se construyó en la Isla.
Cuenta con cuatro columnas, en cada una de sus esquinas, y una de esas pilastras, en miniatura, es el símbolo de esta cabecera territorial, la que se entrega a personas y entidades destacadas en distintos sectores de la sociedad. A pocos metros, otro con 100 años, aunque de menos alcurnia que los demás, el conocido como Puente de Hierro, une los extremos de la desembocadura del Yumurí y sirve para que el ferrocarril traslade mercancías desde los cercanos muelles portuarios.
Mediante el pase por el centenario puente General Calixto García o de Tirry se comunica el visitante con la barriada de Pueblo Nuevo, si bien en la actualidad está regulado el peso de los vehículos para preservar su estructura.
Casi en paralelo y a poco más de medio kilómetro de distancia se encuentra la impresionante cimentación del Sánchez Figueras, de la Plaza o de San Luis, primero en la provincia y segundo en la nación en edificarse con hormigón armado.
Su longitud es de 50 metros y el ancho de 10, además de dos arcos que soportan un entramado de vigas secundarias y principales, que le dan un toque de distinción.
Cierra el quinteto, con más de un siglo de existencia, el denominado Giratorio, que fue abierto en 1904 en la desembocadura del San Juan y puede considerarse una prolongación del de Hierro, aunque hace unos cuantos años perdió la condición de girar. Para concluir este pequeño periplo, por la carretera que conduce a Varadero —principal balneario cubano— y tendido sobre el Canímar, destaca el más joven viaducto, nombrado Antonio Guiteras, con 297 metros de largo y más de 35 de altura.
Comenzó a prestar servicio en 1951 y una leyenda asegura que uno de los ingenieros proyectistas colocó en la mezcla, cuando se fundía una de las columnas, su reloj de mano, tal vez para preservarse en el futuro dentro de la bella y majestuosa obra

Matanzas, la ciudad cubana de los puentes centenarios.Matanzas alcanza la cifra de cinco puentes en activoCada puente tiene una función bien definida y forma parte del entorno arquitectónico de la cuidad.Por la carretera que conduce a Varadero, y sobre el río Canímar, se destaca el más joven viaducto.

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