Medicina natural

La colmena: un tesoro de vida
Por Agnerys Sotolongo
La vida no es propiedad del hombre, sino préstamo que le hizo la naturaleza.
Sabia advertencia de José Martí, en la que el prócer cubano valora con vehemencia a la Madre Natura y nos convoca a preservar el gran tesoro de sus reinos originarios. Y entre ellos sobresale uno muy especial: el de las abejas.
Son diversas y muy apreciadas para la salud las numerosas sustancias y productos elaborados por estas laboriosas criaturas en sus colmenas, y en esa amplia gama sobresale la jalea real, con extraordinarias propiedades terapéuticas, en las que predominan las antibióticas, bactericidas, germicidas y revitalizantes.
Otros surtidos de alta calidad también fabricados por ellas son la miel, la cera, el veneno propio del insecto y el propóleos, considerado este último por no pocos investigadores apícolas como el más valioso de todos los del panal.
Poderoso guardián
Propóleos es un término de origen griego que alude a la función especial de este producto en la colmena, como su protector y guardián. En esa cultura pro significa delante… en defensa de…, mientras polis quiere decir ciudad.  Si en el ámbito de las abejas ¨la ciudad¨ es su colonia, se puede traducir entonces la palabra propóleos como defensor de la colmena.
Esta sustancia posee notables efectos antinflamatorios, antitóxicos, anestésicos, estimulantes, antioxidantes, bactericidas, antisépticos, cicatrizantes… y su pluralidad de cualidades la hace muy apreciada en la medicina tradicional y en la veterinaria, la agricultura, la industria de conservación de alimentos y la ebanistería, por mencionar sólo algunas de las ramas que la utilizan.
En el panal, las abejas le dan múltiples usos, como el sellado de grietas interiores para evitar corrientes de aire y crear obstáculos que impidan la entrada de enemigos. La aplican además como barniz desinfectante en las galerías y conductos, y para embalsamar los cadáveres que es imposible extraer de los recintos interiores por su volumen. Es utilizada asimismo como cemento para dar más resistencia a las celdas, cuadros y tabiques divisorios.
Cuando el colmenar se encuentra en copas de árboles o sitios inseguros para su sobrevivencia, el enjambre coloca visibles parches de propóleos que evitan las vibraciones y los efectos del viento y de otros agentes físicos del ambiente.
En la composición química de este producto existen elementos como aluminio, calcio, estroncio, hierro, manganeso, silicio, vanadio, y en su estructura biológica activa han sido descritos otros 33 compuestos químicos, entre ellos ácido benzoico, pinistrovina, ácido cinámico, sacuranetina, crisina, galagnina, tectocrisina, aceite cafeico…
En cualquier tipo de propóleos hay 55% de resinas y bálsamos aromáticos, 30% de cera, 10% de aceites esenciales y 5% de granos de polen. En suma, un verdadero tesoro natural.
Un detalle curioso del mundo apícola: la abeja es el único insecto que permitió ser domesticado por el hombre.
 

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