Monsieur Chocolat, el esclavo cubano que se hizo payaso en París

Por Orlando Carrió   

Rafael Padilla, o mejor, Monsieur Chocolat, lo tiene todo para perder: es un niño esclavo, negro, pobre y analfabeto; sin embargo, con los años se transforma en el primer payaso cubano de color que triunfa en París durante la belle époque y, ante el asombro de muchos, se transforma en un hombre rico, famoso y lleno de excesos, ícono de la cultura popular francesa y amigo, entre muchos miembros de la alta sociedad, del célebre pintor Henri de Toulouse-Lautrec, quien lo inmortaliza con una litografía en la que se le ve bailando en el Irish Bar.  

Rafael nace, presumiblemente, en 1868 y, tras perder a sus padres, esclavos en una finca próxima a la capital, es entregado por su nuevo amo a una negra habanera, gorda y humilde, que se convierte en su madre de leche. Más tarde, cuando el niño tiene 10 o 12 años, llama la atención del patricio Castaño Capetillo, campesino originario de Sopuerta, una localidad cercana a la ciudad vasca de Bilbao, quien había emigrado a Cuba para amasar una escandalosa fortuna.

Castaño, un caballero de sombrero gris de plantador, bastón de caña y vistoso reloj de bolsillo, esposo de Caridad Padilla, y con dos hijos bien crecidos, quiere regalarle el negrito a su anciana mamá Rosaura, una aldeana que sigue viviendo en Sopuerta, y no duda en pagar por él la friolera de 18 onzas de oro, mucho más de lo que ganaba al mes un funcionario colonial en ese entonces.

Pero las cosas pronto se le van de las manos al ricachón. Como las hermanas de Castaño jamás habían visto a un hombre negro, meten a Rafael en una tina llena de agua y jabón y lo despellejan tratando de blanquear su piel. Por fortuna, el adolescente logra salir vivo de dicho “infierno” y, tras huir corriendo más rápido que un galgo, se radica en Bilbao, donde al principio hace de todo: auxiliar de minas, cargador en los muelles y bailador novato en los cafés de la ciudad, hasta que un buen día, cuando ya está cerca de los 17, es descubierto por elclown inglés Tony Grice, enrolado en la Compañía Ecuestre del Circo Alegría.

Según dice el periodista José Antonio Díaz en una crónica de El Mundo, de España, Grice le pregunta al mozo: “¿Quieres recibir bofetadas falsas y abrazos sinceros?”.Y, tras recibir una respuesta aprobatoria, lo toma de criado y aprendiz a cambio de comida, techo y algunas moneditas.

En 1886, Grice, el portugués Tonyto y Rafael, ahora con el apodo de Monsieur Chocolat, viajan a París para actuar en el Nouveau Cirque, donde el trío triunfa con la pieza El maestro de doma, la cual le abre las puertas al criollo para protagonizar al año siguiente una pantomima que tiene gran éxito: La boda de Chocolat.

El resto entra en el camino de la leyenda: en 1890 el director del Nouveau Cirque, Raoul Donval, aconseja al payaso británico Georges Footit, una estrella emergente, además de buen jinete y acróbata, que forme una pareja con Chocolat, segundón de otros cirqueros como Gerónimo Medrano,y el talentoso dúo, tras parodiar a la Cleopatra de la polémica actriz Sarah Bernhardt, se mantendrá en escena durante veinte años para derrochar un gran amor por los niños, sin olvidar a los adultos que también caen rendidos ante tan singular armoniosa de la sinrazón.

Pablo Esparza, en un especial para BBC Mundo, España, define con certeza las claves del éxito de la mancuerna: “Footit representó el papel de Cara Blanca, el clown con maquillaje muy pálido, parco en gestos, que transmite una imagen de orden, prudencia y represión. Chocolat fue Augusto, el pícaro torpe, burlón, amistoso, extravagante e impulsivo. Una polifonía perfecta en las que Footit daba los sopapos ‘artísticos’, patea y corretea a su pareja con gags de pocos valores artísticos y, hasta cierto punto, racistas. Chocolat, igualmente, mostró ante la audiencia francesa los gestos propios de los negros caribeños”. 

Con los años el éxito es arrollador: temporadas a teatro lleno, grandes contratos publicitarios y un estrellato firme en los cómics y los juguetes infantiles. Incluso, los hermanos Lumière filman seis de sus actuaciones en el Nouveau Cirque y les dan una difusión internacional. Chocolat, en particular, será también el primer clown en recibir una medalla al mérito republicano por actuar en hospitales para aliviar a los niños enfermos mediante una terapia histriónica.

Footit y Chocolatrompen su pacto en 1910, pues el primero es contratado para hacer un personaje burlesco en Romeo y Julieta. A partir de ahí, actuarán con frecuencia junto a sus hijos en circos ambulantes. No obstante nunca vuelven a saborear los éxitos de antaño y son víctimas de la pobreza y el alcoholismo. El cubano sufre, asimismo, un acoso social permanente por haberse unido en matrimonio con Marie Hecquet,una mujer blanca que le da una hija, Suzanne, víctima prematura de la tuberculosis. Sus biógrafos aseguran que intenta labrarse una carrera en el teatro, pero fracasa, debido a su pobre dominio del francés. Ya antes su buena estrella se había roto como cristales baratos por la llegada a París de unos excelentes bailarines negros norteamericanos que le roban la exclusividad como único artista negro en la Ciudad Luz.

Monsieur Chocolat, quien nunca es legalmente un hombre libre, fallece el 4 de noviembre de 1917de un ataque al corazón en un hotel en Burdeos, en momentos en que participa en una gira del Circo Rancy. Tiene 49 años y es enterrado en la fosa común reservada a los indigentes. En su acta de defunción, y por sugerencia de los testigos, es inscrito de manera misteriosa como Rafael Padilla, o sea, se le endilga el apellido de la esposa cubana de su antiguo amo. En vida nunca aparece en los registros ciudadanos y vive en una suerte limbo.

La figura de Chocolat, con olor a viejo y a comején, resurge en 2012 gracias a la publicación de una biografía escrita por el historiador francés Gérard Noiriel (Chocolat, clown nègre) y al estreno en 2016 de un biopic de RoschdyZem titulado Monsieur Chocolat, protagonizado por Omar Sy —con James Thiérréeen el papel de Footit—y proyectada en la televisión nacional.

Es bueno apuntar que este no es el primer contacto de Chocolat con el séptimo arte: en 1952 John Huston le dedicó algunas escenas en su filme Moulin Rouge y un año antes Gene Kelly había bailado una coreografía en Un americano en París, inspirada en el dibujo de Toulouse-Lautrec.

¿Bufón de las élites o maestro de la comedia de payasos? Tal vez las dos cosas. Solo falta que los cubanos nos ocupemos un poco más de él, pues hasta ahora hemos escrito poco o nada sobre este personaje.

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