Por Ernesto Montero Acuña
Bajo las bombas al anochecer del mismo día en que llegó a Valencia, Nicolás Guillén se incorporaba al II Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura, programado para julio de 1937 en esa ciudad española, y también en Barcelona y Madrid, un evento recordado ahora en La Habana.
A ochenta años, la Fundación que lleva en Cuba el nombre del poeta convocó a un encuentro con intelectuales, el 10 y el 11 de julio, para celebrar aquel acontecimiento, en el cual los cubanos Nicolás Guillén, Juan Marinello, Alejo Carpentier, Félix Pita Rodríguez y Leonardo Fernández Martínez tuvieron destacada participación.
Es remarcable que durante su primera intervención pública allí, el Poeta Nacional proclamara que llevaba la voz de uno de los grupos que “ha sufrido, acaso más que ningún otro, la injusticia de los hombres”, según publicó el 17 de agosto la revista cubana Mediodía.
Añadió Guillén que se refería a quienes han “visto durante siglos paralizados sus músculos por la esclavitud y que ha tenido durante siglos paralizada la inteligencia, lejos de toda cultura que pudiera liberarla y esclarecerla”.
Con énfasis agregaba: “vengo, os digo, como explotado, como perseguido, pero también como hombre que cuida de su libertad y sabe, como sus hermanos de raza, que sólo derribando las murallas que hay entre el presente y el futuro podrá obtenerla cabalmente”, refiriéndose al desarrollo intelectual.
“Vengo, como hombre negro -sintetizaba. Y no es que traiga, paradójicamente, un concepto racial, discriminador y exclusivo de lo negro, sino que estoy aquí para recordaros que esa condición de paria que el negro tiene es su más enérgico motor de humanidad”.
A propósito de esos antecedentes, ahora la fundación Nicolás Guillén se propone también conmemorar los ochenta años de dos obras cumbres del poeta, publicadas en el contexto del Congreso de Escritores y Artistas convocado por la Liga de los Escritores y Artistas Revolucionarios de México, a inicios de 1937.
Aquellos libros cimeros son Cantos para soldados y sones para turistas, con excelente prólogo del intelectual marxista cubano Juan Marinello; y España, poema en cuatro angustias y una esperanza, contra la guerra fascista que acometía Francisco Franco contra ese país.
El poeta había arribado el 23 de enero a la capital azteca acompañado por Carlos Rafael Rodríguez, donde se les unió Marinello. Allí fue invitado con este al Congreso de España, hacia donde se trasladó vía Quebec (Canadá) a Europa y finalmente a Barcelona, adonde arribó el 3 de julio. Lo acompañaban en el viaje los delegados mexicanos y trascendentes intelectuales Octavio Paz, poeta; y José Mancisidor, novelista. En Valencia, se incorporaron a la comitiva cubana Félix Pita, Alejo Carpentier y Leonardo Fernández.
Los delegados partieron el 15 de julio hacia la capital francesa para celebrar las sesiones de los días 16 y 17, en el Teatro de la Porte Saint-Martin, desde donde Guillén regresó el 25 de julio a España, y obtuvo luego la militancia del Partido Comunista.
En el discurso que pronunció en París había expresado: “España es la experiencia más rica de nuestro tiempo, y asomarse a esa experiencia, participar en ella de algún modo, es tocar de cerca la carne de la revolución en marcha”.
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