Omar Linares, superestrella del béisbol en firmamento olímpico

Omar Linares, superestrella del béisbol en firmamento olímpico

Por Diony Sanabia

La historia del béisbol olímpico tiene entre sus figuras descollantes al cubano Omar Linares, quien fue considerado por muchos, en su tiempo de jugador, como el mejor pelotero del mundo sin tener en cuenta a los profesionales.
Con 24 años de edad y disímiles logros en terrenos de su país y foráneos, Linares llegó en 1992 a la cita bajo los cinco aros de la urbe española de Barcelona para escribir su nombre entre los deportistas inolvidables.
Ese mismo año, por primera vez en la historia, el deporte de las bolas, los strikes y los jonrones apareció en el programa de unos Juegos Olímpicos, y se mantuvo así hasta la versión de Beijing-2008.
Apodado primero el Niño, por ser un imberbe que jugaba al máximo nivel entre hombres, y después Omar, el grande. Linares fue el tercer bate y custodio de la antesala del equipo Cuba en la llamada Ciudad Condal.
Tales responsabilidades en un conjunto denominado entre los tres equipos ensueños del torneo (léase además el voleibol femenino cubano y el baloncesto masculino de Estados Unidos) resultaron habituales desde mediados de la década anterior.
El debut olímpico de Linares significó llevar a las hojas de anotaciones personales 20 indiscutibles, incluidos cuatro jonrones, y nueve carreras impulsadas en 40 veces al bate para un promedio ofensivo de 500.
Las cifras de imparables y cuadrangulares junto a sus 15 carreras anotadas resultaron imposibles de superar por cualquier otro jugador en ese torneo, que tuvo al también cubano Víctor Mesa como líder de los bateadores (516, 16 en 31).
A los resultados individuales, el nacido en el municipio de San Juan y Martínez, de la occidental provincia de Pinar del Río, sumó el oro alcanzado por Cuba, el primero de los tres en sus cinco participaciones estivales.
Cuatro años después de la gloria en Barcelona, Linares, quien llegó al mundo el 23 de octubre de 1967, y la pelota de la mayor de las Antillas volvieron a escalar hasta la parte más alta del podio de premiaciones en Atlanta, Estados Unidos.
Para los seguidores del béisbol y los amantes de las estadísticas, aún tienen total nitidez los tres vuelacercas que disparó Linares en la final ante Japón.
Concluido el certamen, nadie pudo superar a Omar, el grande, en hits (20) y carreras anotadas (21), y solo su compatriota Orestes Kindelán, el cuarto bate en la tanda, lo aventajó en un jonrón tras lograr nueve.
En su última participación olímpica en la ciudad australiana de Sídney, los resultados de Linares se alejaron de los guarismos precedentes. Sin embargo, logró a la ofensiva 333 de average (11 en 33) y un jonrón gracias a su inigualable maestría competitiva.
De su bate salieron dos de los tres inatrapables de los cubanos en la final ante Estados Unidos, que se proclamó campeón, como mismo lo hizo Corea del Sur ocho años después frente al idéntico rival.
Tras la presea de plata conseguida en la llamada isla continente, Linares confesó que quería seguir su carrera para convertirse en tricampeón olímpico en Atenas, pero en 2002 se despidió como jugador de los diamantes en Cuba.
La selección caribeña volvió a conquistar el oro en la capital de Grecia, aunque aquella fue una selección renovada, sin cinco de sus principales miembros, nombres imprescindibles de la historia del béisbol cubano.
Durante 20 temporadas en su país, Linares participó en mil 700 juegos, tuvo cinco mil 962 veces al bate, conectó dos mil 195 hits, 327 dobles, 54 triples y 404 jonrones, empujó mil 221 carreras, y su promedio ofensivo cerró en 368, líder histórico en ese acápite.
A la defensiva, este jugador de brazo potente y reflejos felinos que inmortalizó el número 10 en el uniforme, cometió 285 errores en cinco mil 499 lances, y fue parte de 476 dobles jugadas y en dos se hicieron tres outs.
Luego de su retiro de los terrenos cubanos, Linares jugó en el béisbol profesional de Japón en las temporadas de 2002, 2003 y 2004, y con los Dragones de Chunichi compiló 86 incogibles, de ellos 11 cuadrangulares, en 349 turnos para 246.
En esos años en un país donde fue querido y reconocido por los aficionados, disputó 16, 56 y 60 partidos, como defensor del primero y tercer cojines y bateador designado, respectivamente.
Hijo y hermano de peloteros, aunque el gen familiar del béisbol se desarrolló en él inigualablemente, Linares sigue ligado como entrenador, sea en Cuba o el exterior, al deporte de su preferencia.
Y quizás, una u otra vez, entre películas de acción y música salsa, viajes a la playa de Varadero o paseos por las ciudades de Pinar del Río o La Habana, su preferida, según declaraciones propias, evoca las hazañas olímpicas.
 

Omar Linares, superestrella del béisbol en firmamento olímpicoAl bate Omar Linares, en el Juego de las Estrellas Veteranas del béisbol cubanoAntonio Becali, presidente del Inder, entrega a Linares, un reconocimiento por sus exaltaciones al Salón de la Fama del Béisbol Mundial. Omar Linares (entrenador de Bateo) en conferencia de prensa en el estadio Latinoamericano.

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