Roberto F. Campos
Entre los recuerdos de una capital muy cosmopolita, y luego de cumplir 495 años, La Habana Vieja, como parte de la capital cubana, constituye en la actualidad un hervidero de proyectos.
Muchos de los planes que le deparan sus ejecutores más activos, como el propio historiador de la Ciudad, Eusebio Leal, tienen que ver con recuperar escenarios que antaño brillaron, o, simplemente, completar paseos, trayectos y leyendas.
Ese es, por ejemplo, el Paseo Marítimo de la Alameda de Paula, que cobrará en lo adelante nueva vida y renovado brillo, de la mano de arquitectos e inversionistas con buena memoria y mucha imaginación.
Lo imaginario y perenne, las leyendas, tradiciones y espiritualidades, todo ello va de la mano en las obras que realizan especialistas de diversas materias en La Habana Vieja, de cara a los 500 años (16 de noviembre de 2019) de una urbe universal y dinámica.
La Habana está en ebullición constante. Los trabajadores de la Oficina del Historiador de la Ciudad sienten un sano orgullo del esfuerzo renovado que a diario realizan para lograr una capital mejor y alcanzar en particular la belleza suprema de la parte más añeja.
Muchas son las obras de importancia, como el Teatro Martí, o una nueva cervecería que aprovecha un viejo almacén del puerto, más una larga lista de 21 proyectos, unos terminados, otros en camino.
De todos, el más interesante bien puede ser el Paseo Marítimo de la Avenida de Paula, en estos momentos con un plan que a todos gusta (la Iglesia de Paula dedicada a conciertos).
Los especialistas y técnicos que laboran directamente en esas inversiones explicaron que se trata de todo un paseo marítimo que se conjuga con el nuevo emboque para la lanchita del puerto, o de Regla y Casablanca, y del otro lado con la cervecería o Almacén del Tabaco y la Madera.
Esa obra es continuidad de la Cámara de Rejas, o sistema de drenaje de desperdicios que data de 1912 y ahora se reacondicionó. Incluso ya puede ser visitada una de sus partes.
El mar siempre presente
El Paseo de Paula adquiere nuevos fulgores. La labor se enfoca hacia el rescate de la acera y del sendero marítimo, y da continuidad a una marcha desde el Castillo de la Fuerza hasta la cervecería. Para los inversionistas se trata de poner de relieve, al frente, lo que en su momento fue el fondo de la ciudad.
Las acciones se desarrollan en dos etapas: la primera quedó concluida con la demolición de tres espigones en mal estado, que serán sustituidos por uno flotante y que constituye propiamente un paseo.
Para ello se extrajeron más de 6 000 metros cúbicos de cieno y escombros de la bahía, y aún quedan partes por limpiar para llegar a la colocación del paseo flotante.
Varias compañías trabajan en ello, como Obras Marítimas, TECNIMPORT, CEPRONA y Puerto Carenas, mientras SERMAR se encarga de la construcción del espigón flotante.
Este tiene dos partes en forma de una T que sale al mar y puede comunicar el emboque con la cervecería, con 76 metros para avanzar, 10 metros de pasarelas y 156 metros extendidos hacia el otro costado.
Es un paseo paralelo a la bahía (156 por 71 metros) con iluminación y mobiliario urbano (bancos) que permitirán una caminata verdaderamente reconfortante y un espacio para el descanso.
El itinerario en tierra, para la protección de los vehículos, tendrá las llamadas bolardas o unas bolas de concreto como separadores.
Este sendero se complementa con el panorama aportado por la factoría de cerveza, en un almacén que se pudo rescatar y ya funciona. Una nave con la topología de las construcciones de inicios del siglo XX, como también ocurrió con los almacenes San José.
Quedarán enlazados varios puntos turísticos, y sobre esa obra, el jefe del grupo de inversiones del barrio de San Isidro, Eduardo Pérez, aclaró que muchos fueron los retos para completar la cervecería, sobre todo traer la electricidad desde 200 metros.
Con ese objetivo se preparó un trayecto soterrado y se realizó el diagnóstico del muelle, una estructura de más de 100 años, para su recuperación, cuando la sustitución de las cubiertas por un panel aligerado disminuyó en 30 por ciento la carga y favoreció una diferencia térmica (recordar los acentuados veranos cubanos).
La cervecería cuenta con seis tanques de despacho y 12 de fermentación y reposo, y un bello entorno complementado con un toque verde de gran distinción y una jardinería específica que escaseaba por esa zona.
Se trata, en síntesis, de un proyecto que al concluir totalmente nos regalará una Habana más bella, turística y en movimiento.
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