Por Ibis Frade
Con alrededor de 400 obras este año, el Premio Literario Casa de las Américas volvió a abrir puertas y ventanas a las letras de todo el continente y del Caribe, en un espacio donde lo comercial quedó desterrado como criterio de selección.
Cuba despuntó en esta edición 58 al llevarse el máximo galardón en dos de los apartados: poesía y estudios sobre la presencia negra en la América y el Caribe contemporáneos.
Sobre el poemario Esto es un disco de vinilo donde hay canciones rusas para escuchar en inglés y viceversa, del cubano García Blanco, el jurado destacó la expresiva claridad de exposición y su escritura depurada “no desprovistos de un delineado humor y una serena ironía”.
Respecto a la obra Una suave, tierna línea de montañas azules, del cubano Emilio Jorge Rodríguez, ganador del Premio de estudios sobre la presencia negra en la América y el Caribe contemporáneos, los jueces resaltaron su rigurosa investigación, la riqueza bibliográfica y el uso minucioso de recursos de archivo.
El lauro en el apartado de novela recayó en Incendiamos las yeguas en la madrugada, del ecuatoriano Ernesto Carrión, quien logró un crudo retrato social cuya intención no es solo sondear un paisaje urbano estratificado y violento, apunta el acta del jurado.
Mientras, el galardón de Ensayo de tema histórico social fue para América pintoresca y otros relatos ecfrásticos de América Latina, del colombiano Pedro Agudelo Rondón, quien navega por diversas expresiones culturales del continente sugiriendo pistas de construcción de la identidad nuestroamericana para el siglo XXI.
Lloverá siempre, de la argentina Liliana Villanueva, fue el texto seleccionado por el jurado de Literatura testimonial. Esa larga entrevista con la periodista y escritora uruguaya María Esther Giglio “está manejada con originalidad, sin preguntas, posee un atrapante lenguaje coloquial, abierto, sincero”, señala el jurado.
La novela Outros cantos, de Maria Valéria Rezende, fue la ganadora en la sección dedicada a la literatura brasileña. En este relato, construido a partir de memorias de viajes, la narradora rememora sus elecciones y sacrificios personales cuando trabajó en la alfabetización de adultos en el nordeste del gigante suramericano.
Premio Casa, un feliz pretexto para escritores
Además del prestigio que otorga obtener el Premio Casa, uno de los más longevos de Latinoamérica, el lauro ofrece una plataforma editorial a obras que por su corte crítico son ignoradas por los grandes sellos.
De tal forma, se abren nuevas posibilidades a los escritores de la región, según coinciden autores de diferentes países que conformaron el jurado del certamen organizado por esa institución cultural cubana.
A juicio del narrador dominicano Rey Andújar, Casa de las Américas pone el ojo en elementos que no son tradicionales para otros centros de su tipo.
En medio de la difícil situación editorial en todo el mundo, este galardón garantiza no solo la publicación, sino también el prestigio de los autores y abre muchísimas puertas, destacó.
Por su parte, el cronista colombiano Alberto Salcedo considera el evento como una plataforma de lanzamiento para quienes no se ajustan al establishment editorial.
El Premio Casa de las Américas ha creado a lo largo de los años una importante bibliografía y resulta un feliz pretexto para escritores que no encajan en el circuito comercial literario, aseguró.
Cada año, este concurso ha promocionado el talento, lo ha arropado, le ha dado alas y, al mismo tiempo, nos ha permitido reconocernos, entendernos y valorarnos, insistió Salcedo.
Para el poeta venezolano Freddy Ñañez, Casa de las Américas es “la primera ventana en que nosotros empezamos a mirarnos por dentro como latinoamericanos y caribeños, donde comenzamos a mirarnos hacia nosotros mismos. Nos brinda toda la carga histórica de sus casi 60 años y nos invita a añadirle más”.
Categoria:






