Presencia y sentir de Eduardo Saborit

Ciro Bianchi Ross

Era un hombre cariñoso, comunicativo y amable y un compositor prolífico que con altos vuelos llevó la música campesina al pentagrama. En dos ocasiones pusieron en manos de Eduardo Saborit un cheque en blanco para que escribiese él mismo la cantidad que quería recibir: cuando escribió Conozca a Cuba primero y la petrolera Esso quiso utilizarla en sus campañas publicitarias y cuando, en los años iniciales de la Revolución, la agencia de publicidad para la que laboraba en La Habana insistió en que se fuese a vivir y a trabajar a Puerto Rico. Ninguna de las dos veces se dejó comprar. En la primera, alegó que no vendía a una empresa extranjera lo que componía para su país. La respuesta, en la segunda ocasión, fue más contundente: escribió Cuba, qué linda es Cuba, una canción que le ha dado la vuelta al mundo.

Oye, tú que dices que tu patria/ no es tan linda;/ oye, tú que dices que lo tuyo/ no es tan bueno,/ yo te invito a que busques/ por el mundo/ otro cielo tan azul/ como tu cielo…

Es su canción más emblemática y conocida. Se estrenó formalmente durante el I Congreso de los Escritores y Artistas Cubanos, en 1961, fecha en que también se acometía en Cuba la Campaña Nacional de Alfabetización, una proeza que hizo que más de 700 000 personas aprendieran a leer y a escribir en el plazo de un año. Saborit se entregaría en cuerpo y alma a esa tarea. Sin importarle parajes intrincados, ríos crecidos, noches a la intemperie, comidas al paso y escenarios improvisados, recorre la Isla como parte de un colectivo de importantes artistas que llevan un poco de esparcimiento a los brigadistas alfabetizadores. Y tras la invasión mercenaria de Playa Girón, perpetrada en ese mismo año, la dirección del país le encomienda que se traslade a la zona agredida y converse con los jóvenes que allí alfabetizan para que después dé cuenta de ello a sus familiares.

Fue el autor del Himno de la Alfabetización y de la marcha Cumplimos, que se cantó en la Plaza de la Revolución cuando finalizó la gesta. Pero valiéndose del mismo tema, sabría el compositor elevarse sobre la consigna y la contingencia del momento para escribir Despertar, popularizada por Esther Borja, melodía memorable y conmovedora en su lirismo.

Cuántas cosas ya puedo decirte/ porque al fin he aprendido a escribir,/ ahora puedo decirlo en mis cartas,/ ahora empieza mi amor a vivir./ Ya la Patria me ha dado un tesoro,/ he aprendido a leer y a escribir.

Eduardo Saborit nació en Campechuela, región oriental de la Isla, en 1911. A los 14 años formaba parte ya de la banda de música de su pueblo natal, y con ella estuvo hasta que un médico le recomendó que dejase de tocar instrumentos de viento. Se decidió entonces por la guitarra, instrumento que lo acompañaría hasta la muerte. Formó parte de los tríos Clave Azul y Ensueño y, ya en La Habana, se dedicó a la creación de jingles publicitarios sin dejar de componer. Los géneros musicales no parecieron tener límites para él. Escribió boleros, guarachas, canciones... Cantó al amor. A la mujer. A la vida. Al paisaje. A los símbolos y atributos patrios. Una obra cubanísima la suya; de una cubanía auténtica que le viene de raíz. Dice en una de sus piezas: Quiero un sombrero/ de guano, una bandera,/ quiero una guayabera/ y un son para bailar.

Todo pasó demasiado de prisa para Eduardo Saborit. Tenía 51 años. La salud empezó a fallarle; perdió peso y el médico le indicó un reposo que el compositor se negó a cumplir; tenía demasiadas cosas que hacer. Llegó así una noche que parecía sería como las otras. Conversó con su médico por teléfono y, antes de retirarse a dormir, pasó por la cuna de su sobrino y le cantó hasta dejarlo dormido. Luego se acostó. Veinte minutos después, estaba muerto. Había dejado bien afinada la guitarra.

 

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