Recuerdos

La cantina, la fonda y la vitrolaPor Lucía ArboláezRichard Egües, quien fuera destacado flautista de la Orquesta Aragón, compuso un sinnúmero de temas relacionados con la cotidianidad en la vida del cubano. Tal es el caso de los chachadías El Bodeguero, El trago y La cantina, entre otros, los cuales  alcanzaron un alto nivel de difusión nacional e internacional. En La cantina, dedicada a un recipiente muy de moda allá por los años 50, y a la comida que ella contenía, señala en una de sus estrofas: …ya llegó la cantina/, ya llegó la cantina/ a que tú no me adivinas lo que viene arriba/ a que tú no me adivinas lo que viene abajo/ a que tú no me adivinas dónde está el tasajo…El utensilio como tal, estuvo indisolublemente ligado a la fonda o, al menos, eran muchos estos sitios, que entre sus servicios estaban el llevar a domicilio, a pedidos del comensal, alimentos que se transportaban en tres o más recipientes de aluminio, en dependencia de los diversos tipos de comida que se pidieran, puestos uno encima del otro, con un asidero para trasladarlos, que permitía cerrarlos herméticamente y portarlos sin derramar su contenido.Una crónica de mediados de la década de los años 50, señala que la comida contenida en las cantinas era siempre o casi siempre típica cubana. Podía ser bistec, arroz, yuca, plátanos maduros fritos, frijoles negros…Aunque estos establecimientos proveían las cantinas a particulares que lo solicitaran, también hubo los conocidos “tren de cantina”, que únicamente despachaban alimentos a domicilios.Uno de esos artículos sobre las fondas señala que eran …“modestos restaurantes  donde aplacaba el hambre lo mismo el motorista que manejaba los tranvías, el guagüero o el empleado público —con trabajo hoy, cesante mañana—; eran parte característica del perfil que hacía tan distinta a La Habana…”, y otras regiones del país agregaría yo.A diferencia de las vitrolas, las fondas abundaban en los barrios más modestos; no era frecuente que en El Vedado hubiera alguna instalada. Recuerdo que donde se encuentra la concurrida tienda de Carlos III, en la conocida avenida habanera del mismo nombre, existían varias de estas instalaciones en sus tres o cuatro pisos —sus propietarios, en su gran mayoría, eran emigrantes españoles o chinos, aunque no faltaba alguno que otro cubano— y se caracterizaban por la numerosa concurrencia y las diversas ofertas con precios según el grueso o no de la billetera.Muy recordadas —señala en una crónica al respecto un conocido periodista cubano— son las célebres “completas” que se ofrecían, como aquella que en un solo plato incluía arroz blanco, frijoles negros y picadillo, con el añadido de dos platanitos de fruta, u otra, más cara, que sustituía el picadillo de la propuesta anterior por una generosa rueda de boliche de res asado”.Pero, sin duda, lo más recordado de aquella época, y que llegó hasta principios de 1959, fueron las vitrolas; las había en cafés, bares, fondas y bodegas, por solo citar algunos lugares. Desde la mañana, hasta altas horas de la noche —señala quien vivió aquella época—, sobre todo en las bodegas de barrio, que siempre, no sé el motivo, ocupaban una de las esquinas de las calle, se escuchaban un sentimental bolero, una graciosa guaracha y hasta un tango.Recuerdo que en una de las esquinas del populoso barrio de Luyanó, en la bodega de un español, en cuya fachada mandó a erigir una virgen de las nieves, su santa protectora, cada día al llegar las cuatro de la tarde, un joven obrero echaba unas monedas a la vitrola y lo único que se escuchaba era un bolero con tema de un amor no correspondido o algo así, dirigido a la hija mayor de unos españoles que vivían en las cercanías.Según cifras publicadas en l958, en ese año llegaron a existir en La Habana unas 20 mil vitrolas, y señalaban que “jugaron un papel catalizador en las listas de éxitos”. El Hit Parade del propio año incluyó en los lugares de lujo y de modo descendente a Vicentico Valdés, Pedrito Junco y La Aragón, entre otros.Asimismo, en un análisis acerca de las preferencias musicales de los cubanos por esos tiempos, arrojó que también triunfaron de manera arrolladora, a través del referido medio sonoro, Frank Domínguez, Ela Calvo, Benny Moré y Adolfo Guzmán. La Vitrola, que se conoce con distintos nombres en otros países de América Latina, entre ellos rocola, gramola, sinfonola o tragamonedas, fue inventada en l925 y la señalan como el sistema reproductor de sonido que se ha mantenido por más tiempo en la preferencia de la divulgación musical.

Categoria: