Rosita Fornés y "La Corte Suprema del Arte".

Por Orlando Carrió    

Todos los estudiosos coinciden en que la popular y controvertida transmisión de La Corte Suprema del Arte, dueña del gusto del público durante las décadas de los treinta, cuarenta y cincuenta, les inyecta nuevos bríos a la música y las artes escénicas en Cuba.

El circuito CMQ se arriesga en la búsqueda de talentos en el que será el concurso más famoso en la radio de habla hispana de la época y, de un plumazo, desplaza a los artistas ya establecidos, muy careros, y deja una indudable huella en la farándula, que se extiende hasta los setenta del siglo pasado.

La Corte Suprema del Arte sale al aire el 1 de diciembre de 1937 por las frecuencias de la CMQ —propiedad de Ángel Cambó y Miguel Gabriel—, desde los estudios que la emisora tiene en Monte, casi esquina a Cárdenas, a un pie del Prado, y desde el principio se gana el aplauso del ciudadano común, ávido de novedades y entretenimientos.

La masividad es otro elemento a su favor: pueden participar cantantes de diferentes géneros, actores, declamadores… de los dos sexos y todas las edades, que residan en cualquier parte del país.

Al comienzo, los solicitantes son sometidos a una selección previa, y luego, al hacerse masivo, los organizadores presentan a los aficionados sin previo aval. Las eliminatorias diarias, de dos horas, se efectúan de lunes a jueves; el viernes es para los niños, y el sábado toman el micrófono los triunfadores en cada día de la semana. Más adelante habrá duelos mensuales y trimestrales. El público premia con sus aplausos a los mejores.

La emisión posee una “campana” oculta (es, en realidad, un timbre) que toca Miguel Gabriel, administrador gerente de la compañía, apodado El Sacristán, cuando es necesario interrumpir la actuación, porque el concursante es definitivamente malo y solo toma parte para llevarse los regalos de las firmas patrocinadoras.

La audición, bautizada y conducida como maestro de ceremonias por José Antonio Alonso (“¡Música, maestro!”), permite el nacimiento de las llamadas Estrellas Nacientes, las cuales toman parte en espectáculos promocionales que tienen lugar en la capital, en varios municipios cercanos, y en ciudades al centro y oriente de la isla, con la dirección del locutor Germán Pinelli, dedicado hasta ese momento solo a los comerciales.

La Corte Suprema del Arte, patrocinada por la Competidora Gaditana, “el cigarro inigualable”, logra su consagración definitiva gracias a las transmisiones por onda corta hasta 1943, en que se va del aire para regresar luego con más penas que glorias. En el espacio surgen estrellas como Rosa Fornés, Olga Guillot, Celia Cruz, Elena Burke, Tito Gómez y Ramón Veloz, junto a Raquel Revuelta, Armando Bianchi y Xiomara Fernández, excelente declamadora, actriz y cantante, además de locutora.

Sin embargo, en su escenario no todo es limpio y claro; incluso se dice que allí le tocan la campana a Benny Moré. Oscar Luis López reconoce en su libro La radio en Cuba que La Corte Suprema del Arte, antecedente de Todo el mundo canta y Sonando en Cuba, impulsa al principio una potente renovación, pero, con el tiempo, cae en excesos, malos manejos e intrigas que ponen sobre el tapete algunas intimidades de los participantes. 

Un caso notorio es de Rosita Fornés, quien se presenta en el concurso el 12 de septiembre de 1938, cuando tiene 15 años y estudia comercio, inglés y mecanografía. No sabe un pelo de música, pero es valiente, y por recomendación de su padre defiende la complicada milonga La hija de Juan Simón, acompañada por el maestro Manolo Tirado, un guitarrista andaluz. Gana la competencia ese día, y luego de firmar un contrato en la CMQ por cinco pesos a la semana, llega a una gran final, donde las corruptelas le pasan factura. En su crónica “En busca de la estrella naciente”, que publica La Jiribilla, Ciro Bianchi cuenta:

“Ella cantó; hubo aplausos a rabiar y volvió al camerino convencida de que se llevaría uno de los premios. Siguió su curso la contienda y. cuando, ya al final, se disponía a salir a escena para oír el veredicto del jurado, el padre le cortó el paso. ‘No salgas —le dijo—, hay claque. Los premios están repartidos de antemano’. Al final, fue descalificada, lo que no le impidió continuar una carrera extraordinaria que jamás se ha detenido”.

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