Por Daimarelys Pérez
La rumba, como auténtica expresión de las tradiciones en Cuba, vive hoy con orgullo su inserción, aún reciente, en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, mientras celebra una nueva edición del Festival Internacional Timbalaye, del 18 de agosto al primero de septiembre.
Mezcla de baile, música y todas las prácticas culturales inherentes a su ejecución, la rumba exalta por estos días la profunda raíz africana de la cual es hija indiscutible, en aras de realzar un estrato de la sociedad y su identidad, como símbolos de la transculturación referida por el etnólogo cubano don Fernando Ortiz.
La jornada se desarrolla en Pinar del Río, La Habana, Matanzas, Cienfuegos, Trinidad, Ciego de Ávila, Camagüey, Santiago y Guantánamo y, además de celebrar el carácter patrimonial de la rumba, está dedicada al líder histórico de la revolución cubana, Fidel Castro.
Tras conversar con varios miembros del Comité organizador de la novena edición del evento, Correo de Cuba recogió declaraciones exclusivas de Katherine Müller-Marin, directora regional de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) y representante de ese organismo internacional en América Latina y el Caribe.
Müller-Marin explicó que el Comité Intergubernamental de la Unesco, reunido en la capital de Etiopía, Addis Abeba, aprobó a finales de 2016 un total de 17 inscripciones en la lista; sin embargo, precisó, antes de decidir quiénes integran cada año la nómina es necesario cumplir con ciertos requerimientos.
Para inscribir un elemento a la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, se tienen en cuenta: una profunda investigación, una justificación y un análisis de los valores atesorados, precisó Müller-Marin.
También, acotó, debe ser único y, a la vez, constar de planes que aseguren su continuidad y, obviamente, al hablar de ese tipo de cultura nos referimos a un componente que prospera con el tiempo, el cual no es un objeto de museo ni algo rígido, sino una cuestión viva.
Debido a su diversidad y naturaleza integradora, añadió, la rumba se convierte en una expresión de amplio alcance social.
En este caso, la rumba es un elemento de orgullo, de historia; es expresión de evolución, de forma de contar las cosas, de unir el baile con la canción, con el ritmo; yo estoy muy contenta de que el género haya sido inscrito y de participar en este certamen porque es un acontecimiento masivo, remarcó la directora regional.
La rumba es hacedora de puentes entre los pueblos, une a estos y elimina fronteras y, al decir de la funcionaria de la Unesco, esa expresión artística no tiene edad ni locación geográfica.
Quien oye el ritmo de la rumba tiene que moverse, involucrarse, tiene que empezar a bailar; pero no solo es vibrar con la música y con la danza, sino saber sus orígenes, conocer el camino que llevó a que esa manifestación cultural se percibiera y tuviera participación; por tanto, lleva un peso histórico muy importante, concluyó Müller-Marin.
El ritmo en sí es un espectáculo: mixtura entre música, teatralidad, mimos; es espíritu de resistencia y autoestima; es instrumento de sociabilidad en las comunidades que lo practican y abarca un lenguaje corporal específico, entre palmadas, cánticos y formas verbales y gestuales de comunicación.
Hasta los instrumentos de percusión y utensilios domésticos adoptados por los rumberos integran holísticamente esta práctica, y su estado se presenta hoy óptimo, tal como lo dejaron saber los organizadores del evento.
La vicepresidenta de la Promotora Cultural Timbalaye, Irma Castillo, de igual modo ofreció declaraciones a esta publicación y expuso las emociones de todos aquellos que de una u otra forma sienten la rumba.
Podemos decir que es un patrimonio vivo, y nosotros los cubanos estamos conscientes de ello, pero su trascendencia internacional sale a la luz precisamente porque fuera de Cuba también este género se canta, se baila y se toca, expresó la especialista.
Contamos por más de 20 años con una escuela en Roma, Italia, pero existen, apuntó, rumberos en toda la península itálica, así como en Francia, Suecia, Alemania, y es por eso que afirmamos que el género goza de una vitalidad inmensa.
Como preámbulo del Festival Internacional de la Rumba Cubana, se escogió al municipio habanero de Regla para la inauguración del evento, que reúne a los mejores y más expertos exponentes en la materia.
Timbalaye siempre ha ido refrescando la memoria de la historia cultural. En 2011, por ejemplo, celebramos con la Unesco el año de los afrodescendientes, recordó Castillo.
Al hablar de rumba es imprescindible narrar ese proceso de transculturación formado a partir de todos los grupos étnicos que llegaron aquí debido a la trata de esclavos y a través de la bahía de La Habana, aquellos despojados de todo atuendo físico, pero cargados espiritualmente de mucha riqueza, agregó.
En Regla hay un sentido de pertenencia de toda esta cultura; la práctica rumbera en ese territorio es muy fuerte; quiere decir que allí nosotros podemos concentrar en un único evento historia, tradición, continuidad y vitalidad de la rumba cubana, finalizó Irma Castillo.
En busca de la huella ancestral
Surgida en las barriadas urbanas pobres de Cuba durante el siglo XIX, la rumba posee raíces africanas, aunque también coexisten en ella determinados elementos característicos de la idiosincrasia del área de las Antillas más el flamenco español.
En esa combinación de ritmos sobresalen la gracia, sensualidad de los bailes y los cantos, así como la alegría que transmite, la cual conecta a muchas personas, independientemente del género, credo o situación social o geográfica.
Considerada la madre de numerosos bailes latinos, como la salsa, esta manifestación artística se interpreta en pareja o a solas; sus bailadores danzan al compás de la clave y transmiten patrones rítmicos muy específicos, como el chancleteo o el movimiento de caderas y pelvis que reproduce uno de los tambores.
Los instrumentos musicales todos son de percusión, y el más utilizado es la tumbadora.
En Cuba se conoce como rumba tanto a una familia de ritmos musicales como a un estilo de danza, y existen de ella tres tipos: el yambú y la columbia ―de la provincia de Matanzas, según algunos estudiosos― y el guaguancó, de las ciudadelas de La Habana.
Todos bailamos al escuchar la cadencia de la rumba; o para decirlo en jerga callejera: todos somos proclives a sonar la chancleta ante este símbolo musical-danzario de la nación cubana.
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