Sentida ausencia

De su abnegada asistencia mucho ha transcurrido
Y en este eterno invierno de gélido matiz
en cada villa y pueblo pobre su ausencia se ha sentido
como un crónico cimbrón y un fiero frenesí.
En la atmósfera, rural y citadina, que consume
la letal y luctuosa condición de la insidiosa cepa
se dibujan la blancura de sus batas y el etílico perfume
que alivian la infantil alma gris que se amusepo.

Hoy cuando no están, por decisión mezquina
de los mismos que ahora reconocen su prestigio,
de los victimarios que la bondad asesinan,
perviven en la esencia popular los indelebles vestigios
de la noble labor que los exalta,
la que hoy echamos tanto en falta.

Escrito por Mario Vicente Ricolo

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