Teatro

La Habana y el teatro, divino sortilegioPor Pedro Quiroga JiménezPor décimo quinta ocasión, La Habana volvió a juntar en las tablas una representativa muestra del teatro cubano y universal contemporáneos. Más de 40 agrupaciones de una veintena de países se dieron cita en la capital cubana —del 25 de octubre al cuatro de noviembre últimos— para poner a consideración del público la gran diversidad estética que prima en el mundo.El XV Festival Internacional de Teatro de La Habana quedará en la memoria de muchos como un divino sortilegio de sorpresas, marcado por el buen gusto y ese afán de búsqueda constante que caracteriza a quienes apuestan por las artes escénicas.La obra del célebre novelista ruso León Tolstoi llegó por partida doble. El grupo Teatro Estatal Académico Evgueni Vajtángov presentó credenciales con una audaz y fastuosa versión de Anna Karenina, espectáculo exento de palabras y centrado en acciones físicas, eficazmente combinadas con un diseño de luces, vestuario y elementos escenográficos que apuntalan la trama en aquella Rusia zarista y feudal de finales del siglo XIX.Por otra parte, el personaje emblemático de Tolstoi, contextualizado en el presente, dio vida a otra puesta no menos aplaudida: Ana en el Trópico, original del matancero (radicado en Estados Unidos) Nilo Cruz, escenificado por Teatro El Público y FUNdarte, este último colectivo de Miami. Con un poético texto que ganó el premio Pulitzer, en 2003, la pieza en cuestión se recrea también en un cubanísimo humor, exaltado en la frondosidad verbal del autor.No siempre valorado en su justa dimensión, el fenómeno del unipersonal signó en buena medida la cartelera del festival con espectáculos como El vuelo, a cargo de Iván Solarich (El Mura Arte & Arte, España); Calcetines, mentiras y vino, del muy conocido actor chileno Álvaro Solar (radicado en Alemania); Bag Lady, a la manera de la actriz Malgosia Skándera (Polonia); y los muy publicitados Bel, la bella (Bebé Pérez) y Trilogía de mujeres medievales (Antonia Bueno), ambas de España. La presencia cubana estuvo defendida por Yunier López (El Taller) con la puesta de La boca, sobre la figura del dramaturgo cubano Virgilio Piñera. Asimismo, Deysi Sánchez (del grupo Teatro D´Dos) mostró su potencial dramático en El baile, conocida y aplaudida pieza de Abelardo Estorino.Como todo evento que se respete, el festival también reservó un encuentro teórico en el que teatristas, especialistas y críticos debatieron en conferencias, talleres y paneles temas como Stanislavski en el Teatro Cubano; Nuevas dinámicas organizacionales en el ámbito de las artes escénicas; Unipersonal; plataforma de subsistencia teatral; y Taller de teatro visual Trafica. Por su parte, el destacado actor y director cubano Rubén Darío Salazar, en su función de secretario general de la Unión Internacional de la Marioneta (UNIMA), organizó un foro para dialogar sobre el centenario del actor y director cubano Modesto Centeno, los 50 años del Teatro Nacional de Guiñol, y el arte de los títeres en Konstantin Stanislavski.En un acto de reafirmación y compromiso, los participantes del festival habanero presentaron una Red de Teatros en Defensa de la Humanidad “como búsqueda incesante de unidad e integración de los pueblos para levantar creativamente una muralla de ideas, acciones y pensamiento crítico que pueda despertar conciencias, y entusiasmar con la meta de que otro mundo mejor es posible”.Con más de 220 funciones en una variada programación que salió de las instituciones para asentarse en parques y plazas habaneros —con excelentes propuestas de teatro callejero—, el XV Festival Internacional de Teatro de La Habana dedicó sus jornadas al aniversario 150 del actor, reformador y maestro de la escena, el ruso Kosntantín Stanislavski; devenido tributo, también, a la memoria del actor y su capacidad creativa.Para los organizadores del la cita habanera, el gran reto será superarla en su edición de 2015, dedicada al director británico Peter Brook.

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